Hoy es el día en el que me convierto en un carnívoro real, a eso mueve el viento ligeramente las hojas de los árboles. La luz del sol atraviesa por los huecos vacíos y crea un efecto de sombras acogedor. Los invitados están bien vestidos, relucen con sus atuendos blancos y sombreros de copa. El clima es cálido con una ligera briza húmeda que satisface el evento. Las sillas plegables se encuentran ocupadas de comensales, con los meseros ya repartiendo aperitivos y bebidas. La emoción me come vivo apenas empieza el desfile: de los costados de la iglesia (en medio del bosque) salen los músicos a tocar una melodía. Las notas de sus violines acarician mis orejas, se trata de una canción maravillosa. Camino por el adorno floral de bienvenida, con mi traje negro hecho a la medida y mi corte reluciente. Debajo de mis pies está una alfombra larga, hecha a mano y de piel de herbívoro pintada a color rojo. Los aplausos salen al finalizar de mi caminata. En un relieve decorado a enfrente de la entrada a la iglesia un obispo anuncia el único de la ceremonia:
-¡Diente por colmillo!
Los invitados repiten las frases del obispo.
-¡Carnívoro nace y carnívoro muere! -señala a los invitados a arrodillarse.
El público guarda silencio y se inclina a la llegada de la reliquia con los músicos en pausa. Del adorno floral camina un joven con una almohada roja adornada en cadenas de oro que carga con el arma de mi abuelo, ahora sería mía. Lentamente da paso tras paso y se inclina cuando llega a mis pies, levanta sus brazos y me acerca la almohada para decir:
-Hoy se cumple tú camino, disfrútalo en legado a tu abuelo y hazlo tanto como el disfrutó el suyo.
Acerque mi mano cuidadoso de no cometer errores, tomé la pistola de la almohada y sentí el aura de terror caer a mis hombros. Esta aura es única de mis ancestros y aquella que me acompañará el resto de mis días; mi maldición.
Luego de una media vuelta entré a la capilla, temeroso de lo que tendría que cometer. El miedo cubre mi rostro y me veo claramente nervioso, esperaba que esto fuera más que una iniciación y aún así no podía ver qué estaba a punto de cometer un asesinato.
Cegado por mi idiotez camine firme, luego de unos pasos ví al fondo de la iglesia a un hombre atado de la cruz, era un crucifijo. Colgando de sus manos llenas de sangre por estar atravesadas de un clavo, el venado habla para saludar.
-Ya llegaste ¡Que alivio, ya estás aqui! -dijo a medio aliento, con la mirada cansada y a la lejanía.
-¿Eres tú? ¿Tú eres a quien tengo que... ?
Me acerque lento con un paso seguro y constante.
-Di las cosas como lo son... Sí, soy yo a quien matarás, ahora solo estoy aliviado porque por fin llegaste -respondió con la cabeza colgando, sin fuerza y mirando al suelo.
-Estás mejor, me alegra saber eso pero yo...
Antes de que pudiera terminar de hablar, el hombre me interrumpió.
-¡Ah! -gritó retorciéndose, doblando sus brazos y embarrando su cuerpo contra la madera de la cruz en la que colgaba- ¡Por favor! Ayúdame a bajar, de carnívoro a herbívoro ¿Si?
Su rápida respiración indicaba que había recuperado la conciencia; también sus sentidos que incluían el dolor, la sed y la incomodidad de tener dos heridas abiertas en las manos. No podía perder el tiempo así que tomé de la orilla el altar y empujé con todas mis fuerzas, se separó del suelo y se rompieron sus patas de madera. Arrastre la mesa hasta la cruz, me subí a ella y con las uñas de mis dedos agarre el clavo para entonces jalar sacándolo satisfactoriamente, su brazo entonces colgó de su hombro. Moví la mesa al otro lado de la cruz y repetí mis acciones con su otra mano, agarrando su cuerpo con mi brazo izquierdo y sacando el clavo con mi otra mano.
-Te queda bien el traje -dijo él, riéndose con el poco aire que le quedaba.
Le baje al suelo y recargue su nuca contra la base de la cruz. Me senté a su lado con las piernas cruzadas, con uno de mis brazos detrás suya en forma de abrazo y con la otra mano sobre su pecho para detenerlo de caer.
-Que bueno que eres un tipo fuerte, al menos con eso me diste unos segundos más de vida -dijo.
-Tal vez tendré el cuerpo de alguien fuerte pero no la mente.
-No te preocupes, si no lo ves en ti mismo yo sí lo hago -suspiró- no muchos tendrían la audacia para rescatar a su presa.
-¿Cuál es tú nombre? Déjame conocerte ya es lo menos que puedo hacer por ti.
Cuando pregunté recibí una extraña mirada, seguida de una sonrisa.
-Ahora quieres conocerme -ríe y luego habla bajo- justo antes de morir... Es mejor que no cargues con mi nombre en tu mente pues ya sabes, por tu mente débil que tienes y a todo esto ¿Que te lleva a tener que matarme?
-Ya todo es muy confuso para mí, las memorias de lo que solía ser están borrosas, las que recuerdo son malos momentos o gente que al parecer ¿Me hacía daño? Las que ya no están son cosas de mi vida pasada o eso quiero creer, lo que me hacía mí ¿Me entiendes? No queda mucho de lo que solía ser y por eso tengo que hacer esto, para obtener un propósito de mí existencia.
-Me alegro chico, que mal que no puedas verlo en ti mismo esta decisión toma mucho coraje para alguien con la mente débil -subió su brazo y con la fuerza que le quedaba frotó su mano a mi mejilla y gentilmente la acarició dejando todo mi cuello escurriendo con su sangre- ya, ya... ¿Te puedo pedir una cosa? Dispara en mi pecho, sé que he sufrido lo suficiente pero quiero quedarme durante todo el camino.
-¿Por qué me haces sentir tan cómodo? No lo puedo entender, hay algo que me hace tan feliz de estar contigo y me mantiene calmado ¿Sabes que es?
-No me hagas reír ¡Ya lo deberías de haber visto con lo listo que eres! Acércate, este es el efecto de la presa y el cazador... -se inclinó hacía mí y con su mirada me guío a sus labios.
Nos besamos con pasión, detenidos por el rápido latido de su corazón y su tremendo olor a miedo que impregnó mi conciencia. Los colores y los sabores de su piel me llenaron la imaginación, me excitó tanto su presencia que mordí fuerte sus labios y tragué su piel con avaricia.
-¿Ya lo viste chico? Te enamoraste de tú presa, tal cual debería ser nuestra relación -perdiendo su fuerza y quedando inconciente, su cuerpo se abalanzó hacía el mio a eso le detuve su cabeza en mi hombro y abracé su torso; en mi oreja susurra- voy a extrañarte mucho, mi querido amor.
Naturalmente moví la mano a mi bolsillo para alcanzar por mi arma, la sostuve firme y la pegué a su estómago. Jalé del gatillo.
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Quiero Ser Un Beastar
FanfictionDe pura suerte nuestros caminos se cruzaron, ahora soy alguien diferente y no puedes estar conmigo. No sé que es lo que te depara el destino pero te deseo suerte Jack. Ahora mismo debo concentrarme en descubrir quién soy, eso es, si logro salir de m...
