Bakugou y Todoroki.
Todoroki y Bakugou.
Katsuki y Shouto.
Shouto y Katsuki.
Hielo, fuego y explosiones.
Explosiones y fuego, hielo.
Gris, azul y rojo.
Rojo y azul, gris.
No importa qué.
Ellos siempre han mostrado interés en el otro, ya fuera...
El peli-azul cenizo rodó los ojos mientras veía los ojos azules recorrer las calles atestadas de gente, ambos estaban sobre la terraza de uno de los edificios más altos de la zona, vio como una sonrisa macabra decoraba el rostro del pelinegro y se preparaba a disparar el rifle. Sus ojos buscaron el objetivo elegido con aburrimiento, soltó una risa baja y ronca al reconocer unos cabellos bicolores entre la multitud, sí que odiaba a los Todoroki.
Una especie de dardo fue disparado, llegando directamente al chico que esperaba al cambio de semáforo para cruzar la calle, el dardo era tan pequeño que al darle solo pareció como una picadura de mosquito y luego cayó al suelo. Posteriormente fue pateado a las alcantarillas por el transeúnte tras su objetivo cuando el semáforo cambió y pudieron avanzar.
—Hecho.
El peli-azul no le dijo nada, solo se giró y comenzó a caminar, sabiendo que no debían esperar demasiado de ello, aunque tal vez podían divertirse un poco.
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—¿Todoroki?
—¿Qué sucede?
—¿Te encuentras bien? Luces un poco enfermo.
El bicolor frunció un poco su ceño mientras miraba a su amigo peli-verde e inclinaba la cabeza hacia un lado, Izuku se mostraba muy preocupado al verlo en ese estado, pues su piel lucia más pálida de lo normal casi amarillenta y tenía unas ojeras bastantes sobresalientes. Hasta el día anterior, antes de la visita a su madre en el hospital psiquiátrico, él lucia normal y saludable. Shouto se tocó las mejillas y luego negó, suspiró sonriéndole a su amigo y comenzó a caminar hacia el elevador, despidiéndose en el trayecto.
—Debe ser cansancio, dormiré un poco. Así que descansa, Midorilla.
—Ok. Cualquier cosa puedes llamarme.
Asintió mientras se metía en el contenedor de metal movible y apretaba el piso al que se dirigía, Izuku no lo notó pero ese no era su piso, aunque tampoco lo hubiera sorprendido de haberlo notado.
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