XXVI

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La pasión lo era todo para ellos, era su impulsador...

Competidores, rivales, enemigos pero una vez, hace mucho tiempo, amigos.

Esta pequeña historia inicia con dos niños tan diferentes como el día y la noche pero así mismo complementarios entre sí.

Se conocieron de la forma más casual de su época, en un restaurante familiar con temática de disco, bastante popular (debido a su reciente inauguración). Sus familias adoraban ir y aunque sus padres no eran los mejores ejemplos, ciertamente se desarrollaban muy bien bailando en medio de aquel lugar, riendo y disfrutando del ambiente animado. La familia de uno era mucho más amplia que la del otro pero eso no les impidió compartir su gusto por las historietas de súper héroes, tal vez influenció un poco que sus madres se hicieran algo cercanas en las ocasiones que se encontraron en el lugar.









—¡Katsuki!








—¡Shouto!










Ese fin de mes habían coincidido nuevamente, sus padres realmente gustaban de ir y a ellos les encantaba esos encuentros, encuentros que obviamente no eran programados y terminaban en absolutas casualidades. Ninguno de los niños tomó en cuanta a los adultos o hermanos de uno, simplemente se tomaron de la mano y corrieron hacia la piscina de pelotas, una adquisición un tanto nueva. Mientras ellos se divertían infantilmente, siendo vigilados de lejos, la música disco sonaba de fondo y sus padres volvían a adueñarse de la pista.

Ah, era perfecto tal como era.

Lo era hasta que una familia dejo de asistir.

Suspiró mientras un puchero se formaba en su infantil rostro, la piscina de pelotas estaba justo en frente suyo pero no tenía ánimos para jugar ahí, no ese día

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Suspiró mientras un puchero se formaba en su infantil rostro, la piscina de pelotas estaba justo en frente suyo pero no tenía ánimos para jugar ahí, no ese día. Sus padres estaban en la pista bailando y riendo, hizo una mueca bajando la mirada a la mesa, donde el último tomo de su historieta favorita lo esperaba para ser leída. Durante ese mes habían ido solo un par de veces y él no había vuelto, no solían encontrarse (a veces) por más de dos o tres meses pero ya habían sido seis meses.

¿Dónde está Shouto?










—¿Sigues deprimido, mocoso?








—Shouto todavía no viene.







Se quejó de mal humor mientras su madre se sentaba al otro lado de la mesa y lo veía con pesar, su padre había ido por bebidas, pues tanto bailar les había dado sed. La mujer no supo que decir, pues no sabía nada al respecto y tampoco podía contactar con la otra familia, nunca intercambiaron información de contacto (después de todo eran personas que se encontraban por casualidad en ese restaurante) y por ende no podía hacer nada al respecto. Katsuki gruñó como un cachorrito molesto, aceptando de mala gana la malteada que le ofrecía su padre, quien acababa de llegar.















Mundos Diferentes [Todobaku]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora