Bakugou y Todoroki.
Todoroki y Bakugou.
Katsuki y Shouto.
Shouto y Katsuki.
Hielo, fuego y explosiones.
Explosiones y fuego, hielo.
Gris, azul y rojo.
Rojo y azul, gris.
No importa qué.
Ellos siempre han mostrado interés en el otro, ya fuera...
A veces es bueno dejarse llevar por los instintos...
Un día soleado, una brisa fresca, un cielo azul con nubes blancas y esponjosas, el trinar de los pajaritos era... Era...
—¡Es hora de levantarse! ¡Hora de levantarse!
—¡Ya cállate!
—¡Ya amaneció! ¡Hora de levantarse!
¿Por qué el trinar de las aves no era tan bello como cada mañana?
Bueno, así era en realidad cada mañana.
Un ave pequeña de color rosa, conocida comúnmente como ruiseñor, intentaba hacer de despertador mientras un ave de un tamaño similar pero de color púrpura, conocida irónicamente como petirrojo, discutía a todo pulmón intentando dormir un poco más y era secretamente apoyada por otros cuantos animales más. Un ligero golpe (silenciado en su mayoría por la discusión de las aves) se escuchó bajo tierra, allí a la sombra de un enorme árbol había un agujero del cual asomaba poco a poco pelo suave y de color rubio cenizo, pronto la cabeza de un conejo belier salió por completo del agujero en la tierra y buscó con sus adormilados ojos el origen de quienes no le permitían seguir durmiendo.
—¡Oh, es nuestro nuevo vecino!
Exclamó desde el tronco del árbol una araña color verde, una araña saltadora específicamente, quien lo veía con admiración y se acercaba lentamente con precaución. Era la primera vez para muchos de los presentes en ver a una criatura tan pequeña y tierna, su suave pelaje invitaba a tocarlo y abrazarlo, aunque la forma en que movía su nariz y los veía con mala expresión no se los permitía. La araña saltó delante de él y el conejito lo miró por unos segundos inmóvil, luego golpeó fuertemente el suelo con sus patas traseras y de un movimiento rápido volvió al agujero en la tierra, tal vez no muchos lo sabrían pero había huido al asustarse por todo lo nuevo que lo rodeaba.
—Tal vez fueron demasiado ruidosos.
Una voz suave se escuchó desde algún lugar alrededor de ellos, los ojos de los animales reunidos miraron alrededor buscando a la dueña de dicha voz, quien poco a poco dejó su camuflaje y se dejó ver desde la rama de un árbol cercano. Una camaleón gigante de Madagascar movió sus ojos y los miró a todos con decepción, luego suspiró y volvió a camuflarse con las hojas que la rodeaban, desconcertandolos al no saber si se había ido o seguía allí. La ruiseñor rosa suspiró con pesar y voló hacia el agujero, donde la araña saltadora verde permanecía a la espera de que apareciera de nuevo el conejito, la hembra elevó un poco su voz sin saber si era bien escuchada.
—¡Disculpe! ¡No queríamos molestarlo, aunque ya amaneció, así que es normal que todos nos levantemos a esta hora y seamos algo ruidosos!
Su extraña disculpa hizo que la mayoría de animales se quejarán, pues no todos eran madrugadores, aunque llevaban ya mucho tiempo con ella y se habían acostumbrado lo suficiente como para no querer matarla cuando llegaba al amanecer para despertarlos. Dentro del agujero se escucharon algunos ruidos, eran golpeteos fuertes y continuos, el conejito belier golpeaba el suelo con toda su fuerza para demostrar que se sentía molesto y de hecho no quería compañía alguna.
Solo quería dormir, después de todo era nocturno.
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