Bakugou y Todoroki.
Todoroki y Bakugou.
Katsuki y Shouto.
Shouto y Katsuki.
Hielo, fuego y explosiones.
Explosiones y fuego, hielo.
Gris, azul y rojo.
Rojo y azul, gris.
No importa qué.
Ellos siempre han mostrado interés en el otro, ya fuera...
Salir en familia podría resultar tan divertido como salir en pareja...
Se miró al espejo durante tan solo unos segundos y suspiró, tener una cita a su edad era... ¿Qué era? ¿Vergonzoso? No, no lo consideraba así. Además de que si había aceptado ir era porque realmente quería hacerlo, no importaba cuanto quisiera al rubio, si no quería hacer algo, no lo hacía y ya. Asintió apagando sus llamas totalmente y salió de su habitación, se despidió de su hija y salió de la casa, no sin olvidar su billetera, llaves y teléfono móvil. Su licencia de héroe profesional siempre estaba en su billetera, aunque dudaba de necesitarla, era el héroe número 1. Todos lo reconocian, ¿no?
—¡Endeavor-san!
Ya está aquí...
Bueno, no era sorpresa. Keigo tenía alas, podía volar y muy rápido, por lo que aún haciéndosele tarde llegaría a tiempo a donde fuera. El rubio le sonrió con alegría, era común en él pero ese día en particular estaba considerablemente más feliz y emocionado porque su amor platónico le había concedido una cita, una cita romántica y no por negocios o investigaciones. Cero trabajo. Enji mantuvo su rostro serio pero las comisuras de sus labios temblaron, logró no sonreír pero su acompañante notó de inmediato su cambio de actitud, por lo que lleno de confianza se pegó a él y enrollo uno de sus brazos con el izquierdo.
Parecían toda una pareja.
—Bien, ¿a dónde quieres ir, Keigo?
—¡Al cine!
No era mala idea.
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—Kats~
—¿En serio?
—Por favor, vamos. Realmente quiero tener una cita común contigo.
No somos comunes, imbécil...
Katsuki renegó mientras se dejaba caer en su cama y se colocaba sus audífonos, cerró los ojos y se dispuso a dormir, no quería salir justamente ese día pero su novio no estaba de acuerdo. Shouto se dirigió a la cama y se subió sobre él, lo tomó de las mejillas y repartió besos castos por su rostro hasta hartarlo, lo que obviamente fue fingido, pues al rubio le encantaba ser minado de esa forma. Los ojos rubí se abrieron y vieron el rostro del bicolor a escasos centímetros del suyo, frunció el ceño al ver sus pucheros y finalmente asintió con un gruñido, rodando los ojos al ver que le sonreía feliz y un tanto victorioso por lograr convencerlo.
—¡Genial! Tendremos una cita hoy.
—No es como si fuera nuestra primera cita, mitad-mitad.
—Lo sé, pero es la primera vez que vamos al cine solo los dos.
Katsuki suspiró, recibió un beso casto en los labios y luego vio como su novio se levantaba de encima suyo, permitiéndole que también se levantara y arreglara.