Bakugou y Todoroki.
Todoroki y Bakugou.
Katsuki y Shouto.
Shouto y Katsuki.
Hielo, fuego y explosiones.
Explosiones y fuego, hielo.
Gris, azul y rojo.
Rojo y azul, gris.
No importa qué.
Ellos siempre han mostrado interés en el otro, ya fuera...
No habían pistas, testigos, nada que indicará a donde había ido aquel ruidoso muchacho o si algo le había ocurrido. No fue secuestrado como en ocasiones pasadas, tampoco atacado por villanos otra vez, nada fuera de lo normal había ocurrido durante los últimos días que involucrará al chico. Sus padres lo habían visto salir temprano en la mañana del viernes hacia la academia y no había vuelto durante todo el fin de semana, aún sabiendo que tan dedicado era a los estudios, pues eran un paso para lograr su sueño.
No llegó a clases el viernes ni el lunes, no se comunicó con nadie y ni siquiera había llevado su teléfono celular con él, al parecer había salido incomunicado y solo.
—Sean cuidadosos, alumnos. Si llegan a saber algo de su compañero, favor de informar de inmediato a la policía, sus padres o a la academia.
Se escuchó una afirmación por parte de todos y luego abandonaron el salón velozmente, por supuesto que estaban preocupados por su compañero desaparecido pero había un pensamiento que permanecía en lo más profundo de sus mentes, Bakugou tenía una personalidad "especial" y por tanto podría haber escapado de casa o algo similar. Ninguno lo conocía lo suficiente como para negar ese hecho, ni siquiera su amigo de la infancia podría decir algo para defenderlo, pues había sido una víctima de bullying a causa del chico.
Caminaba por el parque cercano a su casa, suspiró con desgana, no quería llegar a su casa. Su padre muy seguramente estaría ahí y no quería encontrarse con él. Se sentó en la banca frente a la fuente y observó el cielo, era un día caluroso, hizo una mueca. Odiaba el calor, aquel sofocante clima le recordaba a su padre. Sus ojos llamativos pero sin vida se movieron alrededor al escuchar un peculiar sonido cercano, era un lamento pero no uno humano, era el lamento de un animal y estaba cerca.
Se levantó, dejando su mochila sobre la banca mientras buscaba el origen y lo encontraba justamente debajo de donde había estado sentado durante largos minutos, había algo peludo bajo la banca. Se arrodilló y estiró sus manos, tomando aquella bola de pelo revuelto y sucio, incluso olía mal. Lo sacó con cuidado, pues se quejaba en voz baja y realmente lastimera, logró tocar su frío y duro corazón. Era un perrito. Era del mismo tamaño que un gato promedio, tenía el pelo tan sucio que no podía ver bien el color, los ojos fuertemente cerrados y estaba herido.
Parecía haber sido atacado por otros perros, probablemente más grandes y fieros, pues el animalito en sus manos lucia tan tierno que dudaba de que pudiera atacar a alguien o defenderse de forma correcta.
—Tendré que curarte y lavarte, tienes el pelaje lleno de sangre y mugre.
Nadie podría saber si se quejaba, sentía pena o mostraba compasión, pues su rostro permanecía inexpresivo y su tono de voz monótono. Lo acomodó mejor en un solo brazo y tomó su mochila, un nuevo suspiro abandonó sus labios mientras comenzaba a caminar, no quería llegar a casa aún pero el perrito necesitaba de su ayuda urgentemente.
Aunque ¿por qué estaba haciendo eso?
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