Era bastante tarde, y Amelia acababa de llegar a casa. La mujer había estado todo el día recorriendo distintos lugares en busca de trabajo, pero el panorama no era muy bueno siendo extranjera. Aunque había conseguido posponer el cese de sus estudios durante un mes y su visa de estudiante seguía vigente, permitiéndole trabajar a tiempo completo durante las vacaciones, aquello no era precisamente lo que la mayoría buscaba al contratar a un nuevo empleado.
—Hola, Nelly... —saludó a la gata, que dormitando amamantaba a sus crías.
Entró a la cocina y sacó una jarra con jugo desde el refrigerador. Estaba sirviéndose un vaso cuando la llamaron por teléfono.
—Charles, ¿cómo va todo? —preguntó al contestar.
—Hola, Amelia. —saludó el abogado—. Quería contarte que, después de mucho, por fin dieron una sentencia.
La mujer sintió cómo el mundo quedaba en silencio, estático y sin fuerzas, debilitando su voz hasta un punto infrahumano.
—¿Qué dijeron? —murmuró ella.
El hombre de leyes guardó silencio por unos momentos. Era complejo para él dar esa clase de noticias.
—Veinticinco años de cárcel. Luego de eso puede optar a libertad condicional. —terminó por responder.
—¿Qué? —habló enfadada—. ¿Cómo puede ser eso posible?... Él asesinó a mi madre... no pueden darle solo eso, es una burla...
—Lo sé... de verdad lo sé —trató de explicar—. La fiscalía buscó una condena mayor, pero finalmente esa fue la sentencia. En Colorado la pena de muerte sigue siendo legal, pero no se ejecuta a nadie desde mil novecientos noventa y siete... No puedo decirte que sea justo, Amelia.
—Pero Charles... —lloró ella—. ¿De qué clase de justicia me estás hablando?
—No puedo hacer nada más... Sé que no es la resolución que esperabas, pero la sentencia ya fue dictada. El caso está oficialmente cerrado...
Ella lloró en silencio por algunos segundos, sintiendo cómo la profunda ira que crecía en su interior se apoderaba de todo su cuerpo.
—¿Estás ahí? —interrogó el abogado.
—Sí, sí... —musitó—. De todos modos, te agradezco, Charles.
—Siento mucho esta resolución. —trató de consolarla—. Con todo lo que hizo Adrik, no es lo que merecía.
—No... claro que no...
—Adiós, Amelia... —murmuró—. Espero que estés bien...
—Adiós...
La mujer tomó la cajetilla de cigarros que Ben acostumbraba a tener sobre el refrigerador y, con encendedor en mano, salió al balcón. Llorando, encendió un blanco cigarrillo, mientras intentaba controlarse. Largos fueron los minutos que estuvo allí sentada, mirando la ciudad sin observarla realmente, utilizando aquella imagen como fondo de sus pensamientos.
—Él debería morirse... y pudrirse en el infierno. —masculló limpiándose las lágrimas con brusquedad.
—Amelia... —escuchó murmurar a sus espaldas—. Vi las noticias en el trabajo... justo antes de volver a casa...
Ella no se giró en su dirección, no quería mirarlo.
—Lo siento mucho... —dijo mientras caminaba hacia ella.
La mujer no dijo palabra alguna.
—De seguro intentas pensar que la vida se encargará de él... pero no puedes evitar sentirte enojada... —Ben trató de entender sus pensamientos.
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Panacea Universal (EN EDICIÓN)
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
