Debían contar con dos testigos para poder casarse, pequeño detalle del que Benedict se había enterado apenas el día anterior. Como ninguno de los dos tenía demasiadas personas a quienes recurrir, Ben terminó tocando la puerta de los vecinos del primer piso para pedirles el favor. Una pareja de mediana edad que apenas conocía aceptó después de escuchar una historia considerablemente simplificada sobre el matrimonio y, principalmente, después de que unas cuantas libras terminaran por convencerlos.
Amelia había pasado buena parte de la mañana inquieta. Finalmente decidió utilizar un vestido blanco que ya tenía, sencillo y bastante alejado de cualquier cosa que pudiera considerarse un vestido de novia. Benedict, en cambio, se presentó con uno de sus trajes habituales y se burló de ella cuando la encontró por tercera vez arreglándose el cabello frente al espejo.
No había flores, familiares emocionados ni música esperando por ellos. Tampoco anillos propiamente tales, salvo aquella argolla de llavero que Amelia todavía conservaba y que Ben insistía en considerar perfectamente válida. Habían llegado hasta ahí por una razón práctica y ambos lo sabían.
Aun así, cuando estuvieron frente a la ventanilla, Amelia sintió las manos extrañamente frías.
El funcionario revisó los documentos una vez más antes de levantar la mirada hacia ellos. Los dos vecinos permanecían algunos pasos atrás, cumpliendo obedientemente con el trabajo por el que habían sido reclutados.
—Amelia Kuznetsóva, en presencia de los testigos y contando ambos con los requerimientos para contraer matrimonio civil, debo consultarle de forma verbal... ¿acepta usted casarse con Benedict Timothy Carlton Cumberbatch?
Amelia miró fugazmente al hombre que permanecía a su lado.
Habían hablado de aquello suficientes veces. Era un trámite. Una solución. Un matrimonio que podía terminar en cuanto dejara de ser necesario.
Ben le sonrió.
—Sí —respondió ella.
El funcionario bajó la mirada hacia los documentos.
—Benedict Timothy Carlton Cumberbatch, aludiendo a lo antes dicho, ¿acepta usted casarse con Amelia Kuznetsóva?
Esta vez fue Benedict quien la miró.
—Sí —respondió sin vacilar.
Amelia no supo por qué aquella respuesta le produjo una sensación extraña en el estómago. Probablemente eran los nervios. Había tenido demasiados durante las últimas semanas como para ponerse a analizar uno nuevo.
—Firmen aquí, por favor —indicó el funcionario extendiéndoles una planilla—. Justo sobre sus nombres.
Benedict tomó a Amelia por la cintura y la acercó con suavidad hacia la ventanilla para que fuera la primera en firmar. La mujer sostuvo la pluma durante un segundo antes de escribir su nombre. Se quedó observándolo brevemente sobre el papel, consciente de que acababa de estampar una firma que cambiaría de manera bastante importante su vida.
Luego le entregó la pluma a Benedict. Él firmó con mucha menos vacilación y devolvió la planilla al funcionario, quien comprobó ambos nombres antes de continuar.
—Ustedes ya son marido y mujer. Felicidades.
Durante un par de segundos ninguno reaccionó.
Amelia volvió el rostro hacia Benedict y lo encontró mirándola con una sonrisa que poco tenía de la solemnidad que había intentado mantener hasta entonces. Él tomó su mano y la acercó un poco hacia su cuerpo.
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Panacea Universal (EN EDICIÓN)
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
