Poco después de contraer matrimonio, Amelia y Benedict debieron acudir a la oficina del abogado del difunto abuelo del inglés, quien todavía conservaba bajo su custodia todo el papeleo correspondiente a la herencia. George Harrison, un hombre ya entrado en años que parecía conocer a la familia Cumberbatch desde antes de que Ben aprendiera siquiera a caminar, los recibió aquella mañana con una montaña de documentos preparados sobre el escritorio.
El proceso resultó bastante menos emocionante de lo que Amelia había imaginado. Tuvieron que leer cláusulas, comprobar datos y estampar sus firmas tantas veces que, después de un rato, Benedict comenzó a firmar casi mecánicamente. Finalmente, Harrison reunió los papeles, comprobó que todo estuviera en orden y dejó frente a ellos las escrituras de la antigua casa familiar.
—Supongo que eso es todo —dijo Ben.
—No exactamente.
George abrió uno de los cajones de su escritorio y extrajo un sobre que dejó frente a él.
—Tu abuelo dejó algo más. Ábrelo.
Ben obedeció. Amelia se inclinó ligeramente hacia él para observar mientras sacaba un documento del interior. El matemático lo leyó una vez, parpadeó y volvió a leerlo.
—¿Cien mil libras? —preguntó finalmente, alzando la mirada.
—Así es. Tu abuelo quería darte un empujón económico para comenzar tu vida de casado —explicó George—. El dinero quedó dispuesto junto con el resto de la herencia, pero debía entregarse únicamente una vez que contrajeras matrimonio.
—Es increíble... —murmuró el matemático, todavía contemplando el documento—. Creo que sí le agradaba...
George sonrió.
—Eras el pequeño. Se encariñó contigo más de lo que crees.
La expresión de Benedict cambió apenas. Amelia lo observó de reojo, pero él continuó mirando el papel.
—Me pidió mantener esto en secreto —continuó el abogado—. Quería que fuera una sorpresa.
—De veras que lo es...
Amelia sabía lo suficiente sobre la familia de Ben como para comprender que aquellas palabras probablemente significaban más para él que las cien mil libras. Benedict rara vez hablaba de su infancia sin acompañarla de algún comentario mordaz y siempre parecía convencido de haber sido el miembro prescindible de su familia. Saber que su abuelo había pensado en él tantos años atrás parecía haber conseguido dejarlo sin uno de sus habituales comentarios sarcásticos.
—Gracias por todo, señor Harrison —dijo finalmente, poniéndose de pie para estrechar la mano del hombre mayor.
—No tienes nada que agradecerme. Yo solo cumplí las instrucciones de un viejo bastante testarudo —respondió George antes de mirar a Amelia—. Y felicidades a ambos, nuevamente. Espero que sean muy felices.
Amelia intercambió una breve mirada con Benedict.
—Gracias... fue un gusto conocerlo.
Abandonaron la oficina con las escrituras, el sobre y una cantidad de dinero que ninguno de los dos había esperado tener aquella mañana. Durante los primeros minutos caminaron en completo silencio, todavía demasiado sorprendidos como para decidir cuál de todas las cosas que acababan de ocurrir debían comentar primero.
Fue Benedict quien finalmente se detuvo.
—¿Puedes creerlo?
Amelia negó lentamente con la cabeza.
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Panacea Universal (EN EDICIÓN)
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
