24.- Inseguridades del Soberano

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Brais

Unir a las primeras familias no fue fácil, pero lo que nos vino después fue lo difícil. Muchas familias iniciaron a mandar a sus patriarcas y matriarcas para ofrecer su sumisión ante nosotros.

La lista era larga, en siete ciclos de Hari más de medio centenar de familias se nos unieron. Y muchas otras declararon estar dispuestas a reconocer nuestro dominio si podíamos demostrar que nuestro Dacu'i no caería como muchos otros.

Gina tuvo que dedicar mucho de su tiempo a organizar los nombres de las familias y crear mapas de todos los territorios que cada familia dominaba.

Pero yo tenía una labor de aún mayor importancia. Casi un ciclo de Hari entero me tomó reponerme de la batalla y en cuánto pude volar recorrí todo el Dacu'i.

Con cada familia nueva, mantener la paz era más difícil, las diversas familias no siempre estaban en paz entre ellas, y mientras Amaia se dedicó a nuestro plan de reorganización de territorios, para que más pudieran habitarla. Yo me dediqué a ser mediador entre las diversas familias.

Yo era un Imusjari reconocido, pero de nada servía con la enorme terquedad de los líderes de cada familia. Había familias que habían estado años y décadas en enfrentamientos regulares, al ser incapaces de llegar a un acuerdo sobre la frontera entre sus tierras.

Resolver esas disputas era sumamente difícil. Muchas veces me tomaba semanas o meses lograr que las familias llegaran a un acuerdo que pudieran aceptar en paz.

Yo tenía el poder de los Creadores, pero no podía intentar imponerles mi voluntad solo porque si. La vez que me enfrente a mi padre no lo entendí, pero la batalla contra los Cuishan, la batalla en la que casi morí, me lo enseñó.

Mi poder me permitía imponer mi voluntad sobre unos pocos, eso habíamos hecho Amaia y yo con nuestras familias. Pero si intentábamos hacerlo con todas las familias, solo lograríamos que se unieran para destruirnos o se odiaran tanto entre ellas que directamente nos ignorarían y nuestra fuerza no sería suficiente para unir el Dacu'i.

Las historias decían que cuándo los creadores destruyeron el gran Dacu'i, al menos dos daqui datis (cuatrocientos noventa y siete mil seiscientos sesenta y cuatro) de Imusjaris adultos, que dominaban sus dones a la perfección se alzaron contra los Creadores para defender a los últimos Dajic'chi (Ancestros) y los primeros Ajic'chi (Descendientes).

Los Imusjari prias'iori (elegidos) eran muchos y no pudieron contra los Creadores, se nos recordaba esas historias para recordar que nada podía contra los Creadores, ni siquiera los que llevábamos su sangre. Pero tras ver mis alas y piel quemadas comprendí porque eran tantos, solo juntos podían tener suficiente poder para mantener el control, solo juntos podían garantizar la paz entre todos nuestros Dajic'chis.

Amaia y yo estabamos solos, solos y sabía que no todos los hijos de los Cuishan estarían dispuestos a aceptar la derrota de sus padres... Ya no estaba tan seguro de que pudiéramos terminar de construir el Dacu'i que deseábamos.

Cada familia acostumbraba a compartir un dominio absoluto entre ellos, solo limitándose a la voluntad del resto de miembros de su familia. Si había problemas con otras familias las situaciones siempre eran tensas, guerras que duraban muchos ciclos de Hari, con batallas donde aunque pocos morían, las heridas podían tardar meses en sanar.

Nuestra labor era difícil. Para lograr la paz que deseábamos, parte de esa libertad tensa a la que nuestro pueblo se acostumbró por tanto tiempo se tendría que sacrificar. Las preguntas eran ¿Qué tanta de esa libertad era necesaria? ¿Era posible que aceptaran cederla? y ¿Éramos capaces de cubrir las necesidades que quedaban en nuestras alas, al quitarles esas libertades? Preguntas que no sabía responder. Aunque de la última temía que su respuesta fuera no.

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⏰ Última actualización: Jun 20, 2020 ⏰

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