2051:
Esa mañana cuando Betty despertó se dio cuenta que no le dolían las articulaciones, se sentía tan bien que encendió la cafetera y se tomó un expresso muy cargado. Si Cristian se enterara no sería feliz.
Pero hoy no tenía nauseas y estaba feliz. Miró por la ventana de la cocina mientras se llevaba la taza a los labios y el niño jugando en el jardín se dio la vuelta y la saludo.
Ella sonrió y le devolvió el saludo. Que niño más hermoso era.
El pequeño se dio la vuelta y siguió moviendo los pequeños soldaditos de plástico de aquí para allá.
Betty lo contemplo un rato más y luego se fue a preparar.
En la alacena detrás de ella la alarma sonó y una especie de altavoz se encendió.
- Buenos días Beatriz, recuerda tomar tus pastillas marcadas.
Betty puso los ojos en blanco y siguió de largo. La inteligencia artificial mandaría un mensaje al teléfono de Cristian para acusarle de que ella no había abierto el pastillero.
No le importaba.
Hoy no tomaría sus pastillas. No le harían falta.
Busco los documentos en su carpeta perfectamente ordenada con los papeles que iban de la A a la Z y sacó los que eran importantes, los acomodo en una pila y encima dejó una tarjeta.
“ Mariano Nieves Rott, abogado”
No hacia falta aclarar más. Sacó una hoja en blanco y se masajeo la vieja mano con sus nudillos hinchados y los tendones agarrotados. Tomó el bolígrafo y se dispuso a escribir.
Mi amado Cristian :
No puedo decir que mi vida siempre fuera fácil, sin duda tu la mejoraste-
Una risa estridente en el jardín le llamo la atención, miro por la ventana y el pequeño ahora correteaba con una palo en la mano persiguiendo mariposas.
Betty sonrió ante la alegre vista. Pero se quedó un poco preocupada de que se cayera y se hiciera daño.
Volvió a mirar la carta y pensó en cómo seguir.
En el segundo aniversario de la muerte de Armando, Betty se tomó una excedencia, agarró su auto y lo cargo con un saco de dormir, una carpa y todo lo necesario para poder parar en cualquier campo o playa y pasar la noche mirando las estrellas.
Se paso unos meses viajando y hasta se atrevió a cruzar la frontera e ir a Venezuela.
No supo cómo ni porque pero acabó en Cartagena.
Era verano y decidió acampar en la playa y así pasó una semana.
Un día un grupo de chicos se acerco y la invito a una fiesta en la playa. Ella se acerco y vio una gran hoguera, un grupo de gente con guitarras y maracas tocando música y mucho alcohol y diversión.
Se quedó con ellos y se sentó a contemplar la alegría que la rodeaba como una brisa agradable.
Un tipo un poco mayor que ella se sentó a su lado y le ofreció agua ardiente. Betty acepto y bebieron en silencio, pasándose la botella a cada trago.
Después de un rato Betty volvió la mirada y el tipo quedó en su campo de visión, ella no lo había mirado bien antes. Era guapo, con su pelo rizado y desenfadado. Tenía unos ojos marrones muy dulces y una cara de esas imperfectas que son atractivas.
El le devolvió la mirada y le sonrió.
- Bueno, me llamo Pablo… parece correcto presentarse, después de todo llevamos media hora intimando – señaló la botella y le guiño el ojo.
Betty le devolvió una media sonrisa, estiró su mano y le saludo.
- Yo soy Isabel.
Betty mintió muy bien, se invento otro nombre, otra vida, otra profesión y otros recuerdos. Le dijo que era secretaria que se había quedado sin trabajo y andaba de aquí para allá viviendo en su auto.
A Pablo le pareció increíble y la interrogó al respecto. Hablaron durante horas de la vida de Betty, la vida que nunca existió.
Betty no se estaba burlando de él, ni siquiera quiso mentir. Ella sólo quería ser otra persona por un tiempo. Una que fuera feliz aunque sea un momento.
Un par de horas después ella y Pablo descansaban desnudos en la carpa de Betty después de haber tenido sexo.
Y así pasaron una semana hasta que una noche Betty se canso y le dijo que mañana por la mañana se iría.
Pablo se sintió triste por eso pero no pensó en detenerla, cada cual sabía que nada entre ellos no era más que pasajero.
Esa noche Pablo le acaricio la espalda perezosamente y sorprendió a Betty contándole secretos.
- Yo era programador, tenía una casa, un buen auto, un buen sueldo y una mujer hermosa que era mi esposa.
- Y que paso?
- La muerte… ella se quedó embarazada y nueve meses después dio a luz un bebé que sólo vivió 3 horas. No pudimos superarlo, ella se fue y rehízo su vida y yo me quedé estancado hasta que abandone todo y a todos y me vine a vivir aquí.
Betty se alejo de su toque y se incorporó para empezar a vestirse.
Pablo miró su suave espalda, a la luz de la luna su piel parecía terciopelo.
- Creo que nunca lo supere – dijo Pablo repentinamente melancólico – mi madre me dijo que tenía que seguir adelante, después de todo el niño solo vivió 3 horas, como si eso le quitara importancia al asunto.
Betty miró por la abertura de la carpa y vio el impresionante cielo estrellado, repentinamente se vio transportada a otra noche a otra vida donde otro hombre le confesaba la perdida de un hijo.
Quiso tener un instante de sinceridad con Pablo y contarle algo que fuera de Betty y no de Isabel.
- Yo también perdí a mi hijo.
Pablo se quedó callado y luego de sentó a su lado, le tomó la mano y vio sus ojos acuosos. Betty parecía muy lejos en el tiempo.
- Le falle de todas las formas posible, no lo cuide como debía y por eso él esta muerto. Si yo hubiera hecho bien mi trabajo mi niño ahora seguiría iluminando mi vida con su sonrisa.
- Como se llamaba?
- Armando… se llamaba Armando… hace más de dos años que no digo su nombre, ni me permito pensar en él. Lo olvide, yo decidí olvidarme de él… en eso también le fallé…
- No, te entiendo… yo muchas veces deseo poder olvidarme de mi bebé.
Pablo miró a Betty y se dio cuenta que ella estaba muy lejos en el tiempo, quizás en otro año u en otro sitio. Pero no estaba a su lado.
- Como murió? – le susurro, esperando que ella no le contestara.
Pero a pesar de que Betty estaba perdida en su interior luchando con un dolor sordo que empezaba a llevársela lejos de todo contestó.
- Su corazón… fue su corazón…
Betty se acostó dándole la espalda y no volvió a hablar. Pablo la abrazo y se quedó esperando darle consuelo.
A la mañana siguiente cuando despertó Betty ya no estaba. La carpa seguía montada, pero no había nada más.
Betty volvía a Bogotá y ya no necesitaba nada de eso.
3 meses después el doctor le daba la noticia. Estaba embarazada.
Ella no había querido al niño y se maldijo una y otra vez por ser tan estúpida, pronto cumpliría 40 años. Se suponía que su vida ya estaba hecha.
Cuando el bebé nació no quiso tenerlo en brazos ni darle de mamar. Tardo una semana en ponerle un nombre y ni siquiera quiso prestar atención cuando la enfermera le enseñaba lo básico para sus primeros cuidados.
El niño era un inconveniente en su vida y la molestaba. Contrato a una niñera y se la llevó a vivir a su casa. Betty siguió trabajando jornadas infernales y apenas llegando a su casa. Y a pesar de que a su hijo no le faltaba de nada, carecía de lo más básico, el amor de su madre.
Cristian, su hijo, cumplió 4 años y Betty ni siquiera lo recordó. La niñera, Belén, le preguntó si podía celebrarlo y Betty le dio dinero y no dijo nada.
Una semana después volvió temprano a su casa, estaba agotada y solo quería ducharse y acostarse.
Mientras revisaba el correo encima del mueble de la entrada, escucho unas pisadas detrás suyo, se dio la vuelta y el aire se le atoro en la garganta.
Cristian caminaba hacia ella preparado para irse a dormir. En su mano llevaba un peluche y estaba descalzo.
Betty retrocedió con la mano en la boca asustada hasta la médula.
- Hola Mami – dijo Cristian con una sonrisa sin dientes.
Betty gimió y de repente cayó al suelo llorando. Cristian se asusto y se acerco a ella.
- Mami te duele algo? Te duele la panza?
“ No, el corazón, me duele el corazón”
Betty se incorporó miró a su hijo y sintió un nuevo fracaso, aquí estaba ante ella otro niño que la necesitaba y ella era tan egoísta que no podía ver más allá de sus necesidades.
“Que diría Armando?”
Y un nuevo ataque de llanto la tomó. Abrazo a Cristian y lo sostuvo contra su pecho, hundió la nariz en su cabeza y el llanto se multiplicó al sentir un aroma familiar que le trajo mil recuerdos encerrados durante años en su pecho.
Todo estalló.
- Armando… Armando…
La niñera apareció preocupada y Betty le pidió que esta noche la dejara sola con su hijo. Si, su hijo, Cristian era su niño, como antes lo fue Armando.
Armando estaría decepcionado de ella. Podía imaginar su rostro triste mirándola acusador, sus intensos ojos reprochándole que pagara con su hijo algo por lo que el niño no era culpable.
Armando no querría volver a saber de ella nunca más si supiera lo que había hecho. Como pudo haber decepcionado tanto a sus dos niños?
Era una persona horrible, una madre nefasta, que dos veces tuvo un regalo y dos veces lo perdió.
Cristian se movió en sus brazos y la miró.
No, aún no, todavía estaba a tiempo. Esta vez podría hacerlo bien. A partir de ese momento sería la madre que su hijo necesitaba, haría que Armando estuviese orgulloso de ella.
Esa noche cuando se acostó se quedó mirando la pared y cuando a la mañana siguiente se levantó un leve sentimiento la hizo sonreír, poco a poco podía sentirlo, de repente volvía a ser ella. Betty se encontró.
Un tiempo después de esto se puso en contacto con Ramiro y reclamo el último regalo de Armando.
Le pidió entonces que hiciera algo por ella. Quería Ecomoda. La empresa de nuevo en manos de Roberto Mendoza estaba casi quebrada. Armando había tenido un sueño y Betty se lo cumpliría.
Se acordó de Nicolás Mora y Mario Calderón, se puso en contacto con ellos y les contó lo que quería.
Y así con la ayuda de ellos, Betty se hizo con la empresa y la dejó en las manos de esos dos.
Unos cuantos años después Ecomoda se convertía poco a poco en una de las empresas de moda más importante del país.
Eso haría feliz a su niño.
Cuando Cristian cumplió 6 años Betty tuvo cargo de conciencia y aprovechándose de su posición en la policía localizo a Pablo, el padre del niño.
Este se quedó de piedra por toda la noticia, no sólo esa mujer con la que pasó una semana hace tantos años le había mentido en todo, si no que además tenía un hijo.
Pero el cargo de conciencia de Betty no llegó tan lejos como para pedirle perdón por una época de su vida donde ella era solo una sombra de su ser.
Se arrepentía de haber tardado tanto en informarle por el hijo que tuvo y le pidió perdón una y mil veces.
Con el tiempo Pablo pudo perdonarla y se convirtieron en amigos y sobre todo en los padres que Cristian necesitaba.
Los años habían trascurrido y ella ahora rozando los 80 podía mirar atrás y estar conforme. Aunque el dolor en sus huesos y el cáncer en su pecho la dejara la mayoría de los días tumbada en la cama, todavía estaba contenta.
Miró por la ventana y el niño estaba agazapado detrás de las flores, esperando que ella se asomara, cuando Betty se paro junto a la ventana él salto y grito para asustarla. Betty fingió sorpresa y él se rio como un loco.
- Oye, no me pises las flores!
Le grito Betty, pero salió corriendo a buscar otro sitio en el que esconderse.
- No te vayas lejos!
Betty le grito desde la ventana pero estaba segura que el pequeño haría lo que quería. Siempre había sido un cabezota.
Negó con la cabeza y su teléfono empezó a sonar.
- Si?
- Mama, Alexa me ha informado que no te has tomado las pastillas.
- Maldito chisme! Ahora soy prisionera de esa maldita máquina?
- Mama me preocupo por ti, voy a tu casa ahora mismo y tendremos una charla muy seria.
- No te tengo miedo – se burló Betty, sintiéndose repentinamente cansada.
- Mamá el médico dijo claramente que no podías olvidar tomar tu medicación ni un solo día.
- No he olvidado tomarla, lo hice a propósito.
- Pero por qué mamá?!!!
- Cristian, he dejado todos los papeles listos en el escritorio de mi cuarto, revisa que no falte nada, el resto lo tendrá el abogado que te he dicho.
- Mamá de que estas hablando?
- Cristian me gustaría verte antes de que… bueno, te esperaré, pero no tardes mucho. Te esperaré en la cama, estoy muy cansada…
- Mamá, mierda, por que no te has tomado las pastillas? Aguarda, llego en unos minutos.
Cristian colgó y Betty de asomo a la ventana de nuevo.
“maldita sea! Donde se ha metido este niño?”
De repente la pequeña cara apareció de repente pegada al cristal haciendo una mueca y Betty salto asustada. El niño se río y Betty le dijo enfadada.
- Tú espera, ya verás cuando te agarre…
Pero Betty no salió al jardín, sus piernas apenas la sostuvieron hasta que llegó a la cama y cayó agotada.
Empezó a temblar de frío y se tapo hasta el cuello, en la ventana la cara del niño la miraba serio.
Betty lo llamó para que viniera a su lado y él negó con la cabeza.
El ruido de unos neumáticos en la grava le anunció a Cristian. Este entró corriendo a la casa.
- Mamá! Mamá!
La encontró en su habitación temblando y con la tez grisácea. Se acerco corriendo hasta su cama y le tomó la mano temblorosa.
- Mamita… -Cristian lloro, apoyo la cara en su pecho y Betty le acarició la cabeza.
- Mi amor, mi amor no llores, mírame Cris, mírame…-Cristian levantó la cara con el rostro compungido de dolor y negó.
- Te lo ruego mamá aún no, aún no… te necesito.
- Todo estará bien mi amor, tu estarás bien yo lo sé, estoy cansada, déjame ir.
- Mamá…
- Escúchame mi amor, sigue siendo tan buen hombre, estoy orgullosa de ti, no sabes cuanto. Has hecho un trabajo increíble en la empresa. Mi amor cuida Ecomoda, es tu legado, esa empresa significa mucho para mí y estoy contenta de irme sabiendo que queda en tan buenas manos…
- Mamá te amo, has sido la mejor madre que ningún niño puede desear, y no se como continuaré sin ti.
- Oh hijo lo harás, yo lo sé, seguirás adelante y lo harás muy bien.
Betty miro a su hijo sintiendo como poco a poco la habitación se iba apagando, era como si el sol se estuviera poniendo y la noche llegando.
Miró a su hijo y le beso la mejilla con todo el amor del que era capaz. Miró a su lado y vio al pequeño que al fin había entrado y se había colocado a un costado de la cama esperando.
- Hola mi amor, al fin estas aquí! – Betty susurro y el niño le devolvió la sonrisa desdentada.
El niño estiro su pequeña mano y Betty la tomó sintiendo que el corazón le estallaba ante el contacto tan ansiado.
De repente ya no estaba más tumbada en la cama y miró hacia abajo para ver sus piernas ahora firmes sosteniéndola. La pequeña mano tironeo de ella y ella lo miró con una sonrisa.
- Espera solo un momento.
- No, no… - le dijo el pequeño.
Betty miró a la cama y vio a su hijo llorando suavemente sobre el cuerpo inmóvil.
“estarás bien hijo, estarás bien… yo lo sé”
Miró a la pequeña mano que no paraba de tironearla y sosteniendo firmemente al niño, se agachó y lo tomó en brazos, le dio mil besos, uno más amoroso y ansiado que el anterior.
Comenzó a caminar por el pasillo hacia la salida y al pasar por el espejo se miró, su cara ya no estaba arrugada y no tenía el pelo gris y la piel manchada.
Era joven otra vez, como cuando tenía 15 años y llegó a casa de los Mendoza a pedir trabajo. Miró al pequeño entre sus brazos y él parecía impaciente y gruñón.
- Vamooooos Be, vámonos ya, estoy cansado de esperarte, llevo mucho tiempo aguardando.
- Esta bien mi rey… esta bien…
Salió al jardín que entonces ya no existía como tal. Una luz cegadora la paralizó un momento y poco a poco sus ojos se acostumbraron al paisaje de dorados árboles, con un sol cálido que emitía una luz que parecía brillar entre cientos de diminutos pintas de oro.
Camino feliz con su pequeño entre brazos regalándole mil besos.
- Que te gustaría hacer mi rey?
- Estar contigo Be, te he extrañado…
- Y yo mi amor.
Su niño rio y hundió la cara en su cuello.
Beatriz Pinzón Solano sonrió con el alma resplandeciente y a su alrededor todo pareció iluminarse un poco más.
Y entonces así se quedó, en ese bosque dorado, donde el amor y la felicidad parecían ocuparlo todo, se sentó bajo un árbol con su preciada carga en sus brazos y puso la mano en su pequeño pecho.
- Me cuentas un cuento Be?
Betty sintió el latido loco en la palma de su mano. Sonrió con lágrimas en los ojos.
Por fin estaba en casa.
FIN.
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Memento Mori
Misteri / ThrillerArmando es un pequeño niño solitario, Beatriz es una adolescente solitario, ambos son lo que el otro necesita. Está es una historia de amor fraternal. No hay romance entre nuestros protagonistas, pero si amor.
