Capítulo 15

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Capítulo 15

- No tenía idea que fueras tan bueno escuchando. Contarle... todas mis experiencias más íntimas a una persona está quitándome un peso de encima. Es como esa serpiente que se traga su cola, se completa el círculo – escuchó el sonido ligero de algo caer – Y saber que estuviste ayudándome a procesar...

Tony iba a continuar con la explicación de sus sentimientos pero al abrir los ojos y girarse a mirar a su interlocutor se dio cuenta de que estaba adormilado.

Lo recorrió con la mirada, confundido.

- Lo siento ¿Qué? – el otro reaccionó sorpresivamente.

- ¿Estás aquí?

- Lo estaba, si – tartamudeó – ¿Qué me estabas...?

- ¿Qué? ¿Te estás durmiendo? – respondió ofendido.

- Cerré mis ojos... Eh, solo un minuto.

- ¿Dónde te quedaste?

- En el ascensor ¿En Suiza? – respondió rascándose la barbilla avergonzadamente.

Abrió los labios pero el reclamo se atoró en su garganta, eso había sido ofensivo.

- No oíste nada ¿verdad? – una mueca de reproche apareció en su rostro.

Después del único intento fallido para lograr que Pepper atendiera y comprendiera la larga lista de pesares que lo aquejaban; entendió que si bien era cierto que necesitaba que alguien lo escuchara no encontraría la empatía que estaba buscando, en ella.

No le molestaba. Después de todo lo que pasó con Aldrich Killian y el extremis, no habían vuelto a tocar el tema, era bastante lógico que ella necesitaría espacio para ocuparse de sus propios asuntos.

Pero su interna necesidad de entendimiento persistía aun, así que había buscado a uno de los compañeros más gratos con los que había tenido el placer de colaborar. ¿Y quién mejor para entenderlo, que un hombre inteligente (no tanto como él, claro) analítico pero emocionalmente inestable?

Bruce Banner.

- Disculpa – respondió apenado – sabes que no soy esa clase de doctor.

¿Ahora iba a decirle que en ninguno de sus siete doctorados le habían enseñado siquiera un poco de psicología? No le creía nada.

- No soy un terapeuta – continuó – sabes que no tengo...

- ¿Entonces? – si, Tony comprobó que sus siete doctorados eran solo un adorno.

- ... suficiente

- ¿Qué cosa?

- Eh, temperamento – admitió en un suspiro.

Él le había abierto su corazón y su compañero se había quedado dormido. Ahora si lo iba a fastidiar. Sacaría al terapeuta que seguramente tantos años en clases de yoga habían creado en él.

- Creo que ahora que lo pienso – Se recostó dramáticamente sobre el diván y se llevó una mano a la frente – ¡Ah, claro! Mi herida original.

Bruce sabía que la venganza de Tony sería trágica y entendió que no le quedaba otra más que resignarse. Negó y luego asintió con la cabeza pesadamente.

- 1983 ¿ok?

- Si...

- Tengo 14 años y todavía tengo niñera. Eso es extraño.

TightropeWhere stories live. Discover now