7

856 58 12
                                    

Ya era habitual que Anajú y Flavio fueran juntos en coche al trabajo, les permitía hablar con algo más de intimidad, además ahorraban tiempo y gasolina. Era uno de sus momentos favoritos del día, sentarse allí escuchando canciones, charlando y riendo.

De repente, en la radio, sonó una canción que ambos conocían bien y se miraron entre risas. Flavio esperaba alguna reacción de disgusto de la morena, pero para su sorpresa se la encontró cantando aquella letra. El chico subió el volumen y el beat fiestero de la canción se apoderó de ellos. La morena tamborileaba en el volante con sus dedos y Flavio bailaba al ritmo de la música sin dejar de cantar.

- Jarana, te gusta - cantó Ana Julieta

- Jarana, te encanta - continuó el chico de gafas

- Jarana, agárrame fuerte quiero ver como te mueves, sabes que conmigo estás bien por eso vuelves. Muérdeme la boca, quiero ser tu mente loca, sabes que conmigo estás bien y no estás rota - cantaron al unísono.

Ambos rieron por aquella referencia encubierta a una canción de la morena. Ella se encogió de hombros y siguió cantando.

- Y esto que acabáis de escuchar es uno de los grandes éxitos de Hugo Cobo, Jarana. - dijo el locutor de radio. - Pero estad atentos, que un pajarito nos ha chivado que pronto tendremos nueva música del cordobés... - Anaju bajó el volumen otra vez y añadió riendo:

- Vaya temón se marcó, el cabrón.

- La verdad es que sí - accedió Flavio.

Cuando llegaron al Parc Audiovisual de Catalunya siguieron con su rutina habitual: café con los profes, reunión con el equipo para preparar puestas en escena, reunión con los directivos de GestMusic y el lío de siempre de cuadrar horario de clases, con visitas a La Academia. A las cuatro de la tarde subieron para dar inicio al segundo pase de micros de la gala dos. A decir verdad, Ana Julieta no podía creerse que estuvieran llegando al final de la segunda semana. El tiempo le pasaba por delante como un coche a toda velocidad, sin que ella pudiera hacer nada. Sentada en su silla, observando a los concursantes, sonrió.

Tras el pase de micros, como los concursantes tenían clase con el resto de profesores, entre ellos Flavio, decidió esperarse en las oficinas y aprovechar para componer alguna cosa. Esperaba poder salir de su bloqueo pronto, porque sus fans (y su manager) llevaban tiempo reclamando nueva música. Además, aquel mismo día, al salir del trabajo había quedado con su manager para hablar de cómo iba el proceso creativo. Suspiró. Quería podía llegar a esa reunión diciendo que tenía un tema nuevo, pero dudaba que pudiera sacar algo en claro. Se encerró en una habitación dónde había unos cuantos sofás y cogió su guitarra. Sí, en estos diez años había aprendido a tocarla, y se sentía orgullosa de poder decirlo. Empezó a juguetear con las cuerdas y acordes, buscando melodías que valieran la pena. Y así estuvo un buen rato: probando melodías, cantando cosas que le venían a la cabeza, descubriéndose y ordenándose.

- Cuesta... - canturreó rasgando la guitarra. - Comprender que hay ciertos trenes, ciertas pieles, ciertas bocas que no acaban regresando - añadió.

En ese momento algo en su cabeza hizo clic y, por fin, le gustaba algo de lo que estaba componiendo. Se levantó corriendo del sofá, dejando la guitarra en éste, en busca de un papel y un bolígrafo: quería apuntar esas dos frases antes de que se le fueran de la mente. Mientras estaba escribiendo la puerta se abrió, levantó la mirada y vio a Flavio sonriente.

- Veo que te ha llegado la inspiración - dijo él, sentándose en el sofá a su lado.

- Sólo son dos frases - musitó la chica - pero no quería olvidarlas. - Flavio cogió el papel que Ana Julieta tenía en las manos y leyó lo que en él había escrito.

La DirectoraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora