El eco del portazo de Lena aún vibraba en las paredes del departamento, dejando un rastro de perfume caro y resentimiento en el aire. Kara permanecía inmóvil, mirando los restos del cheque triturado en el suelo, mientras Diana guardaba un silencio respetuoso, esperando a que el torbellino emocional se asentara.
—Perdona, Kara —dijo finalmente Diana, con una voz cargada de una serenidad que calmaba el ambiente—. No fue mi intención sembrar discordia en tu hogar.
—No tienes que disculparte por nada —respondió Kara, exhalando un suspiro que parecía llevarse años de cansancio—. Lena... nunca se había comportado así. No la reconozco.
—Se nota que le gustas, Kara. De hecho, se nota que te ama.
—Solo es un berrinche —murmuró la kryptoniana, aunque sus ojos decían lo contrario—. Una pataleta de alguien que no tolera perder el control.
Diana se acercó, cruzándose de brazos con una expresión analítica.
—No lo creo. Te ama, pero ha cometido el error de quedarse estática. No ha hecho nada para estar contigo y ahora que ve la posibilidad de perderte, entra en pánico. Pero si no actúa, tendrá que aprender a soportar las consecuencias.
Kara levantó la mirada, y por primera vez en mucho tiempo, no había duda en sus ojos azules, sino una chispa de fuego renovado.
—Sabes, Diana... he estado enamorada de Lena desde que tengo memoria. He pasado años babeando por ella, dejando que cada uno de mis actos fuera un reflejo de lo que siento. Pero si ella nunca ha querido verme como yo a ella, no tiene ningún derecho a comportarse así.
Hizo una pausa, apretando los puños.
—Estoy molesta. Me duele darme cuenta de que solo se siente intimidada porque alguien más ha tenido el valor de decirme que le gusto. Prácticamente cree que estaré siempre ahí, como un trofeo en una vitrina esperando a que ella decida sacarlo. Y las cosas no funcionan así.
—Ya has visto que, aunque exista amor, ella no se atreve a dar el paso —observó Diana—. Y esa inacción es una forma de egoísmo.
—Y no voy a hacer nada al respecto —sentenció Kara con una firmeza que sorprendió incluso a la Amazona—. Siempre he sido yo quien la persigue, quien mendiga una oportunidad que nunca llega. Aunque me parta el alma admitirlo, tengo que dejarla ir. No soy su juguete. Si de verdad le importo, si me ama como dices, que lo demuestre con hechos, no con celos y cheques.
Diana la observó con una mezcla de orgullo y ternura.
—Estás enamorada de ella hasta la médula, ¿verdad?
—Sí —respondió Kara con una media sonrisa amarga—, pero estar enamorada no significa ser estúpida.
—Cierto —asintió Diana, suavizando el tono—. Respecto a lo nuestro, Kara... entiendo que no puedo intervenir en lo que dicta tu corazón. No pretendo forzar nada. Solo permíteme conocerte. Me gustas, sí, pero antes que nada quiero ser una buena amiga, un apoyo real.
—Gracias, Diana. De verdad. El futuro no está tallado en piedra, y quién sabe qué caminos nos toque recorrer.
—Gracias a ti por permitirme ser parte de tu vida —Diana le dedicó una mirada intensa, cargada de una honestidad ancestral—. Eres una mujer magnífica, Kara Zor-El.
De pronto, la guerrera que habitaba en Diana tomó el mando. Una sonrisa traviesa iluminó su rostro y sus ojos brillaron con la promesa de acción.
—Tengo una pregunta... o más bien, una propuesta que hacerte para despejar esa mente.
Kara, intrigada y un poco sonrojada, arqueó una ceja.
—Dime, ¿qué tienes en mente?
Diana se puso en pie, recuperando esa majestuosidad que la hacía parecer invencible.
—¿Quieres ir a patear algunos traseros criminales esta noche?
Kara soltó una carcajada, sintiendo cómo la pesadez de los problemas mundanos se disolvía ante la perspectiva de la justicia. Se levantó con la misma energía, sintiendo el poder del sol amarillo recorriendo sus venas.
—Vamos, Wonder Woman. National City nos espera.
National City se extendía bajo ellas como un tapiz de luces y sombras, ajena a la tormenta emocional que acababa de desatarse en el departamento de Kara. A esta altura, el aire era frío y puro, un alivio bienvenido tras la opresión del encuentro con Lena.
Kara, enfundada en su traje azul y rojo con la 'S' brillando en el pecho, volaba con una gracia sin esfuerzo, sintiendo el viento acariciar su rostro. A su lado, Diana ascendía con una majestuosidad antigua, su tiara y brazaletes capturando los destellos de la ciudad. No necesitaban palabras; la determinación de hacer justicia las unía en un silencio cómplice.
—¿Hacia dónde, Supergirl? —preguntó Diana, su voz resonando con una autoridad tranquila en la inmensidad del cielo.
—El puerto suele ser problemático a esta hora —respondió Kara, activando su superoído—. Hay mucho movimiento ilegal en los muelles.
Descendieron en picada, como dos estrellas fugaces que reclamaban la noche. Abajo, en el muelle 4, un grupo de contrabandistas fuertemente armados estaba descargando contenedores sospechosos. La tensión era palpable, la codicia y el miedo flotaban en el aire húmedo.
Kara aterrizó suavemente sobre un contenedor, cruzándose de brazos con esa postura icónica que congelaba la sangre de los criminales.
—Caballeros, creo que su turno ha terminado.
Los hombres, sorprendidos, alzaron sus armas, pero antes de que pudieran reaccionar, una figura dorada y roja barrió el lugar. Diana se movía con una velocidad que desafiaba la percepción mortal, un torbellino de combate y elegancia. Con movimientos precisos y calculados, desarmó a tres hombres en un abrir y cerrar de ojos, sus brazaletes desviando las balas que intentaban detenerla.
Kara entró en acción, usando su visión térmica para sellar las armas de otros atacantes y su superfuerza para inmovilizarlos sin causarles daño permanente. Era una danza perfecta de acero y magia: la fuerza bruta e inquebrantable de Krypton unida a la técnica milenaria y la sabiduría de Temiscira.
En cuestión de minutos, los criminales estaban atados y desarmados, listos para la policía. Kara y Diana se miraron, compartiendo una sonrisa de triunfo que disipó los restos de tristeza que aún rondaban en el corazón de la kryptoniana.
—Eres increíble, Wonder Woman —admitió Kara, genuinamente impresionada por la destreza de su compañera.
—Y tú eres una fuerza de la naturaleza, Supergirl —respondió Diana, con una mirada cargada de admiración—. National City tiene suerte de tenerte.
Siguieron patrullando durante horas, deteniendo un robo a un banco y rescatando a una familia de un incendio. Cada intervención reforzaba su vínculo, una amistad que empezaba a forjarse en el fuego de la batalla.
Finalmente, se detuvieron en lo alto de la Torre CatCo, observando cómo la ciudad empezaba a despertar. El sol comenzaba a asomar por el horizonte, tiñendo el cielo de tonos rosados y dorados, un símbolo de esperanza y nuevos comienzos.
—Gracias por esto, Diana —dijo Kara, mirando hacia el horizonte con una renovada determinación—. Necesitaba recordar por qué hago esto. Necesitaba recordar quién soy.
—Eres una heroína, Kara. Nunca lo olvides. Y yo estaré aquí, a tu lado, siempre que me necesites.
Se quedaron allí, contemplando el amanecer en silencio, dos mujeres poderosas unidas por un destino común, listas para enfrentar lo que el futuro les deparara, ya fuera en el campo de batalla o en los complicados caminos del corazón.
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Luthor vs Prince. (TERMINADA)
FanfictionKara está dividida. Una parte de ella insiste en perseguir un amor que nunca ha sido suyo, uno que la mantiene en la incertidumbre y el deseo constante. La otra parte sabe que existe alguien que la ama sin condiciones, que la espera sin exigirle con...
