Capítulo 5

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MATEO:
Me llevó hacia la calle que hacía esquina para que nadie pudiese vernos.
- Emm... ¿Quién eres? - Le pregunté con la respiración agitada después de haber corrido y con intención de saber quién era esa conocida no tan conocida que me había ayudado a salir de ese lío.
- ¿En serio Mateo?- respondió algo cansada y apoyada en la pared de el bloque de pisos tras el que nos escondimos.
- Sí, me suena tu cara pero no sé de qué.
- Soy Mar, jugábamos de pequeños en el parque, siempre te hacías daño haciendo el loco y tenía que ayudarte, como ahora - Después de decir esto sonrió y me miró fijo a los ojos, sus ojos color miel, adoro que cuando la gente habla miren a los ojos.
- Yo soy... Bueno no sé para que te lo digo si tú ya sabes quién soy - Parezco gilipollas.
- Sigues metiéndote en líos por lo que veo... - Me dijo sonriendo aún, tenía unos dientes perfectos y una sonrisa preciosa.
- Sí, bueno, las costumbres nunca cambian. - soltamos una pequeña carcajada y el ruido de unas sirenas nos cortó el rollo.
- ¡Vamos sígueme! - me gritó mientras salía corriendo hacia la salida de la calle para huir de la poli, seguramente el imbécil de Marcos les habría llamado, es un cagón.
Corrimos varias calles abajo hasta que llegamos a los puentes.
- Ven te voy a enseñar algo. - Me dijo mientras me hacía un gesto con la mano para que la siguiese.
Antes de subir unas escaleras que me resultaban familiares me obligó a que cerrase los ojos. ¿Cómo puede ser que no recordase a esta chica?
Cuándo subimos me destapó los ojos y ,como yo pensaba, estábamos en mi refugio.
- Mar, ¿cómo descubriste este sitio?- Pregunté algo extrañado de que conociese ese lugar, no se lo había contado a nadie, ni a Camilo, y eso que éramos mejores amigos desde los 3 años.
- ¿Tú tienes problemas de memoria? - Se burló mientras reía.
- ¿eh? ¿No? - Dije un poco confuso.
- Es nuestro refugio de cuando teníamos 7 años, un día quedamos para jugar y nos largamos del parque donde solíamos quedar, vinimos aquí y "explorando" encontramos este rinconcito.- Os juro por lo más sagrado que no me acuerdo.
- ¿En serio?
- Si tío, desde entonces yo suelo venir aquí cuando no aguanto más estar en mi casa.
- Y... ¿cómo es que no te he visto nunca más aquí?- Pregunté, es imposible que yo halla estado viniendo aquí y ella también y nunca nos hayamos encontrado.
- ¿Pero tú te acuerdas de este sitio?
- eh? Sí, yo vengo aquí a escribir letras a veces y a ver... Bueno nada. - Iba a decir el amanecer pero me daba cosa de que pensase que soy un cursi.
- ¿!Que dices?! Yo vengo aquí a ver el atardecer y a dibujar... El reflejo del sol sobre el agua me da inspiración.- Esta mujer es la ostia.
Su móvil comenzó a sonar, respondió.
- PSS... Me tengo que ir chao.- me dijo sin cortar la llamada.
- Mar espera,- la frené - ¿Nos vemos otro día?
Asintió
- ¿Quedamos aquí?- le pregunté
- ¿Cuándo?- me dijo apartando el teléfono.
- Quizás... ¿Mañana?
Asentí y ella salió corriendo escaleras abajo y yo me quedé arriba observando el atardecer.
Pero me estaba dejando algo atrás...

Quizás Mañana Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora