Capítulo 26

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MATEO:
Escuché el crujido de la puerta cerrarse detrás de mí. Y mi móvil vibró.

Ángel de la guarda

Sube las escaleras
Que están a tu derecha
Y entra a la cuarta
Habitación

Visto

Miré todo a mi alrededor, había escritorios llenos de hojas desordenadas y polvo.

Comencé a subir las escaleras y empecé a escuchar una música de fondo.
Era RAIN.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Entré al cuarto, y la vi.

Estaba atada a una silla en mitad de la habitación y con un trapo en la boca. Tenía un foco justo encima de ella alumbrando le a 2 metros de radio alrededor de ella.

- No, no, no... Mar, Mar. - dije acercándome a ella corriendo.

Tenía los ojos hinchados de haber estado llorando durante mucho tiempo. Su mirada estaba pérdida, no la reconocía. Hizo el amago de pronunciar algo, pero estaba agotada.

- Parece que ha llegado el truenito.- Esa voz, esa asquerosa voz que escuché detrás de mí.- ¿Te ha gustado nuestro regalito de bienvenida?
- Sueltale Marcos. - dije dándome la vuelta y apretando los puños.

Notaba la furia recorriendo mi cuerpo, en mis ojos asomaban lágrimas que amenazaban con recorrer mi rostro. Le miré a los ojos, y detrás de él apareció Ana.

Ella era el Ángel, estaba seguro, le había manipulado.

- Nunca debiste enamorarte de ella Mateo, has caido muy bajo, ¿La hija de una puta? ¿En serio me cambiaste por ella?
- Cállate Ana. - le corté.
- Podrías aspirar a más, es patétic...
- ¡Que te calles! - grité furioso.
- La última vez que le levantas la voz.- dijo Marcos sacando una pipa de su chaqueta y apuntándome con ella.
- ¿Qué coño haces Marcos? - Dijo Ana al ver el arma.

Marcos no contestaba, estába fulminándome con la mirada y avanzando lentamente hacia mí.

- ¡Marcos para! - gritaba Ana mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. E intentaba arrebatarle el arma de las manos.
- ¡CÁLLATE COÑO! - Gritó Marcos girando a toda velocidad sobre sí mismo y apuntando esta vez a Ana.

Ella comenzó a sollozar y a suplicar perdón mientras levantaba sus manos.

Yo estaba callado, había parado de llorar, no sentía nada en ese momento, no podía hacer nada, le había fallado a Mar. Debí contarle esto mucho antes, pero soy gilipollas.
Ahora quizás ni saldríamos de esta, y le habría arrebatado toda una vida de felicidad.

- ¡LAS MANOS ARRIBA JODER, NO MUEVAS NI UN PUTO DEDO O TE VUELO LA CABEZA! - Me gritó mientras me apuntaba con el arma de nuevo.

El agarró del brazo a Ana y la arrastró hasta fuera de la habitación y cerró la puerta, se escuchaban sus gritos suplicando que no nos hiciese nada.

Mientras eso observé a Mar, estaba como paralizada, no miraba a ninguna parte.

Intenté buscarle con la mirada y como un acto reflejo me miró a los ojos. Se nos llenaron de lágrimas nuevamente.

- Te quiero. - susurré tratando de que me leyese los labios. Ella asintió, me lo tomé como una respuesta, tenía la boca tapada y no podía hablar.

Pero como muchos dicen, una mirada vale más que mil palabras.

Quizás Mañana Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora