Capítulo 7 (parte 3)

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Lindsay lo observó acercarse, con la copa de vino en la mano derecha y el vaso de whisky en la izquierda. La miraba y ya no sonreía. Eso le dió miedo. Pero hizo un esfuerzo y lo superó. ¡Basta de miedos! Por lo menos basta de miedos sin motivo. ¿Qué importancia podía tener que el hombre quisiera invitarla con una copa de vino? Eso no significaba que quisiera violarla. Además estaba sin empleo y se sentía deprimida.

-Soy Vincent Demos, o simplemente Vinnie, como debe de haber oído que me gritaba Janine. O directamente Demos, que es como prefiero que me llamen. Aquí tiene su vino. Yo la invito. ¿Puedo sentarme unos minutos a su mesa?

-Por supuesto.

Se sentó, alzó su vaso y ella lo entrechocó con el suyo.

-¿Es estudiante?

-Ya no. Soy una profesional recibida, adulta y sin empleo. Esta tarde acabo de renunciar a mi primer trabajo. Y me llamo Lindsay Foxe.

Se estrecharon la mano.

-Mucho gusto -dijo él. Ella asintió. -Sus ojos son los más hermosos que he visto en mi vida. Sensuales como el demonio, y además inteligentes. Una combinación completamente novedosa.

-Y ése es un halago novedoso.

-No se trata de un halago, sino de una realidad. Supongo que no serán lentes de contacto coloreados, ¿verdad? No, no lo creo. Dígame, ¿cuánto pesa?

-¿Vestida o desnuda?

-Desnuda

-Sesenta y cinco kilos. ¿Qué clase de premio gano si contesto bien sus preguntas?

-¿Cuánto mide?

Ella lo miró, inclinando la cabeza.

-Uno setenta y siete. Bueno, en realidad mido casi uno ochenta.

-No me pareció que tuviera sobrepeso.¿Tiene piernas largas?

-Larguísimas.

-Bueno, también tiene linda boca. Eso me gusta. Como le dije, me llamo Demos. Soy dueño de la Agencia de Modelos Demos, de la Quinta Avenida y la calle Cincuenta y Tres. Le aseguro que es todo legal, puede preguntárselo a Dickie. Me gustaría hacerle algunas pruebas, no le costaría un centavo. Yo proporcionaría el fotógrafo y la vestimenta. ¿Le interesa?

-No tiene aspecto de timador.

-Palabra de honor que no lo soy. Además, no tendrá que desvertirse para esas pruebas. No me dedico a calendarios ni a proporcionar pasto a las revistas de desnudos. Trabajo en fotografía de modas. Si resultara, usted podría ganar mucho dinero, y yo también. ¿Qué edad tiene?

-Veintidós, y me acabo de recibir de licenciada en psicología en la Universidad de Columbia. Ya sé que el título no sirve para nada, pero siempre es algo.

-¿Alguna vez trabajó como modelo?

Ella meneó la cabeza, luego dijo:

-Esa mujer que estuvo aquí es modelo. La reconocí. Estaba en la tapa de una revista que ví en el consultorio del dentista.

-Sí, en la tapa del Cosmo del mes pasado. Janine acaba de renunciar. Todavía tengo olor a agua tónica y limón.

-¿Está buscando reemplazante para Janine?

El la miró en silencio durante algunos instantes.

-No, quiero algo completamente nuevo, y tal vez usted lo sea. -Se recostó contra el respaldo de la silla y la miró. -Tiene huesos magníficos. Casi siempre esa es la clave. ¿Y? ¿Quiere hacer la prueba, Lindsay Foxe?

-¿Cuándo?

-Mañana. Digamos a la una.

-¿Por qué no?

-¿Está atada con algún tipo?

Ella se puso instantáneamente tensa.

-No.

-Me alegro. Los novios son un problema cuando se trata de hacer sesiones fotográficas a horarios fuera de lo común.

-Nada de novios.

-Lo dice como si se tratara de algo permanente.

-Lo es, señor Demos. Lo es.

-¿Le gustan las mujeres?

-No. Nada me interesa.

-Está bien. Si la cosa llegara a resultar, tendrá que rebajar tres kilos, quizás cuatro. Es lo que siempre agrega la cámara ¿sabe?

-Tres kilos es mucho, cuatro me parece imposible. No soy un peso pluma. En realidad, en este momento estoy bastante delgada. No sé si podría bajar tanto de peso, y tampoco si tengo ganas de morirme de hambre de esa manera.

-Bueno, de todos modos nos estamos adelantando. Tal vez no sea fotogénica. Además es un poco tarde para que empiece esta carrera. Piénselo, Lindsay. Y llámeme mañana por la mañana con la contestación.

-Cuesta creer que todo esto sea real. Más bien se parece a una película de clase B.

-Ya sé... -contestó Demos, sonriendo
-pero siempre he creído que la vida se basa en las películas de clase B. Así que espero su llamado, ¿de acuerdo?.

Esa noche, Lindsay le comentó a Gayle Werth.

-Tal vez el año que viene me veas en la fotografía de tapa de Vouge.

-No te iluciones demasiado, Lindsay. Ese hombre puede ser una porquería, un pervertido, un criminal. Supongo que lo investigarás antes de ir a su agencia, ¿verdad?

-Ya lo hice. Es muy conocido. Tiene una agencia importante. Hasta llamé a la revista Cosmo para preguntar por él. -Se apoyó contra el respaldo de su silla y dijo, mirando con expresión desolada su plato de papas fritas: -Tengo pechos grandes. Yo creí que todas las modelos debían ser chatas y de aspecto anoréxico. 

Gayle se encongio de hombros.

-Te prevengo que mañana te acompañaré. No quiero que corras riesgos. Eres demasiado confiada.

-¿Confiada yo? -preguntó Lindsay, realmente sorprendida. -¡Estás bromeando!

-No, Lindsay. Eres una cándida.

Por Amor A TiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora