Un minuto.

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Cinco años antes.

Mel.

El día está soleado y los rayos nublan mi vista un instante, elevo la mirada para cruzar la calle, parpadeo rápido para evitar la luz brillante que ven mis ojos y cruzo casi corriendo.

Afirmo mi bolso contra el cuerpo, empujo la puerta y entro en la sala de ensayos del City ballet, como es conocido el famoso New York City Ballet. Observo al resto de mis compañeros que ya están aquí, cada uno está concentrado en lo suyo. Unos hacen estiramientos, otros conversan y otros se cambian de ropa.

Respiro profundo y parpadeo un par de veces, no es la primera vez que entro aquí, pero aún se siente como un sueño. A pesar de los meses, sigo siendo la novata de este ballet, pero todos me han recibido con mucho entusiasmo y constantemente me felicitan por mi forma de danzar.

Comienzo a caminar para cambiarme de ropa, unas cuantas compañeras elevan la vista y me saludan con una sonrisa en el rostro. Aun no conozco a nadie que me mire extraño o me diga cosas desagradables como Carla cuando estaba en el instituto.

Aun no puedo creer que yo, Melanie Thompson, una chica que vino desde Irlanda con un sueño a Estados Unidos, este danzando en uno de los mejores ballets de Nueva York.

El día que me llegó el ofrecimiento quedé en shock, no sabía que responder, nunca pensé que ellos se interesaran en mí.

Mis manos sudan como nunca, constantemente las estoy limpiando en mi falda, intento que nadie lo note, pero es casi imposible, estoy muy nerviosa.

Vuelvo a elevar la vista cuando dicen mi nombre por el micrófono y retumba en todo el salón. Sonrío y camino derecha hasta donde está Yoseth con el diploma en la mano. Ella sonríe ampliamente y me da un fuerte abrazo, luego me entrega el diploma, lo agarro firme, como si ese trozo de papel fuera mi salvación a todo en el mundo.

Sonrío aún más para la fotografía y observo el público. Mi padre y Ana sonríen y aplauden al lado de Roxane y Demian, puedo jurar que papá se lleva una mano a la mejilla para apartar una lagrima.

Paso la vista por el resto de personas que no conozco hasta llegar donde Félix, él está sentado con Lia en el coche. Es casi un milagro que estén acá, a Lia le dieron el alta y ellos solo la sacaron de casa para esta ocasión.

Me giro para volver a mi puesto, siguen nombrando a mis compañeros, incluida Rosi, ella se ve muy bien, no parece que hubiese tenido una hija hace poco días atrás.

Cuando se gira para volver a su puesto me sonríe feliz, yo hago lo mismo.

La ceremonia pasa rápido. Entre discursos y aplausos.

Bajo del escenario para reunirme con mi familia, mi padre se acerca a mí con un ramo de flores, yo lo abrazo fuertemente, es casi como un sueño que este acá en Nueva York.

Él y Ana llegaron ayer de sorpresa, planearon todo con Roxane. Yo casi me morí cuando vi a mi padre entrar por el departamento.

—Me haces el hombre más feliz del universo, verte triunfar es un gran logro para mí, hija —papá se emociona— estoy muy orgulloso de ti, princesa.

—Te amo, papá —sollozo un poco cuando hablo, él me ha contagiado con la emoción. Respiro hondo, suelto a mi padre y abrazo a Ana, con el paso de los años nos hemos acercado mucho, ella es una mujer muy linda y especial, y hace muy feliz a mi padre.

—Felicidades querida, te deseo lo mejor, recuerda que cuentas con mi apoyo siempre —ella me abraza fuerte para luego soltarme.

—Te lo agradezco —respondo emocionada.

De pie (✔)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora