Esto es irreal

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Cuatro años antes.

Mel.

Doy un giro, siento como el aire roza mi cara y mueve mi cabello, el cual esta vez lo traigo suelto. Mi compañero danza al mismo tiempo que yo, nos conectamos muy bien. Cuando la música cesa mi compañero de danza sale del escenario para comenzar mí solo.

Termino mi danza y las personas aplauden cuando la música disminuye.

Mis compañeros salen de atrás del escenario y juntos damos una reverencia.

El público aplaude, se ponen de pie y siguen aplaudiendo.

El espectáculo que les damos es increíble, tiene de todo un poco. No es solo una simple danza, es un tour completo por distintos sentimientos y emociones.

El público agradece eso, ama que juguemos con sus emociones, pasan de la felicidad a la tristeza, ellos comprenden perfectamente la historia que contamos al danzar.

En estos años que llevo en el ballet me he ganado un puesto muy importante, por fin estoy siendo reconocida por las personas que viene a vernos. Incluso me han llegado ofertas muy buenas de empleo, pero mi mente y alma están puestos en el ballet de Nueva York. Todos mis últimos años están ahí, no podría solo dejarlos.

—Felicitaciones, salió todo como lo planeamos —nuestra directora nos felicita por la actuación. Hace un mes comenzamos este loco tour por algunos estados, la verdad ha sido muy agotador. No pensé que un viaje como este podría ser tan cansador, danzar y viajar es lo que más quería, quería ser reconocida en el país. El costo es alto pero la recompensa lo vale. Si soy reconocida quizás puedan darme la nacionalidad estadounidense mucho antes de lo planeado. Quizás ellos puedan ver que soy un aporte al país y quieran darme cuanto antes la nacionalidad para poder presentarme como bailarina de Estados Unidos.

—Mel, con los chicos iremos a celebrar el final de este agotador tour. ¿Quieres conocer Chicago? —Thomas, mi compañero de danza, habla al sentarse a mi lado.

Thomas es un chico de estatura promedio, no es muy alto, pero tampoco muy chico, es delgado, del cabello café claro, de ojos oscuros y de tez trigeña, no es nada fuera de lo común que uno pueda encontrar en un latino. Al principio me costaba un montón entenderle, su acento era algo extraño, mucho más si él aprendió el inglés del país y yo hablo el inglés de Irlanda. Thomas estudió en un instituto cercano al mío, es un chico muy simpático y al decir verdad me intrigaba al principio. Nunca en mi vida me había topado con un latino.

—Me siento un poco agotada —admito, Thomas me observa y sonríe, cuando lo hace se le marca un hoyuelo en la cara.

—Siempre dices lo mismo, y al final igual sales. Vamos Melanie, te conozco pequeña, sé que saldrás igual. Te espero a las diez en el hall del hotel —da un beso en mi coronilla y camina con su chaqueta en el hombro.

Thomas es un buen amigo que logré tener en el ballet, aparte es mi compañero de danza, con él es con el que siempre debo practicar.

Él tiene razón, yo siempre digo que no y luego salgo igual. Me gustaría conocer Chicago de noche, ¿será algo parecido a Nueva York? Termino de acomodar mi zapatilla y camino hasta el hotel, el cual queda a menos de una cuadra de donde nos presentamos. El ballet siempre se encarga de buscar hoteles cerca sin importar el costo, ellos saben cuánto duelen nuestros pies luego de danzar. Mucho más si llevamos un mes haciéndolo.

Casi todos mis compañeros ya están en sus habitaciones, preparándose para salir. Ya en mi habitación observo por el gran ventanal. Frente a mi veo un letrero gigante, en el cual estoy junto a mis compañeros de danza. Me veo tan feliz en esa fotografía, fue el día que me enteré que tendría un espacio para danzar sola en el escenario al terminar el espectáculo.

De pie (✔)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora