Las lágrimas flotan y desaparecen a segundos de verlas antes de quitarse el último dolor en los ojos y mirar de nuevo a la penumbra que lo rodea. Le da pavor saberse solo de nuevo y un ligerito pensamiento de arrepentimiento le inunda pero lo desaparece con su orgullo. Mira su mano y ahora puede verla con gusto, se siente libre.
La muerte te trae libertad, se dice en silencio.
Camina hacia donde sea y sus pasos son pesados, pesadísimos y agotadores, con el cuerpo queriendo detenerse ante cada sobreesfuerzo. No mira por sobre su hombro hacia atrás para que signifique algo en su cabeza, para darle el símbolo de avance.
Y de repente algo le cae en su nariz, es blanco, lo agita con rapidez asustado y lo busca después pero ya no está. Se espera unos segundos, ahí nada debe ser casualidad, así que se pone alerta, sintiéndose en riesgo.
Inhala y exhala, estira hacia atrás los hombros, forma puños con sus manos y da otros dos pasos antes de girarse lo más veloz posible en medio de esa oscuridad fastidiosa, mira apenas unas líneas blancas irse de un extremo a otro, muy lejos de él, o quizá muy chico, no reconoce profundidades ahí.
La siente en su costado y lanza una patada que es detenida con fuerza y agilidad.
Una mano tersa, blanca, pequeña y graciosa le sostiene del tobillo con una fuerza iracunda y determinante; tiene que estar en equilibrio con un solo pie mientras le observa.
Aquella manchita blanca que cayó en su nariz, vuelve a caer, junto con otras miles más, es nieve. De repente siente frío.
Y la mano afloja el agarre cuando sus ojos se conectan y la paz inunda el corazón y la barriga de Naruto.
-Haku.
-... Veo que lograste hacerte fuerte. –libera su pie.
-¡Haku! –le aprieta en un abrazo fuerte. -¡Estás aquí!
-Tú estás aquí. –le aclara mientras su cabello se desliza de su hombro un poco por el movimiento.
-...Sigues siendo más bonito que Sakura. –le dice con cierto cortejo tranquilo y mira después el bello paisaje de nieve con toques rosados y azules a lo lejos. Siente su nariz reseca y se colma de gusto al ver su boca sacar vapor, una de las más bellas imágenes de un ser vivo. Estira las manos y recibe la nieve en ellas con paciencia, sabe que no estarán ahí siempre así que lo valora. Presiona sus mejillas con esa nieve y se congela la cara y se ríe un poco. Luego se ríe más. Mucho más. Resuena su voz alegre en todo el lugar. Se tira a la nieve y mueve brazos y piernas haciendo una figura, se revuelve en ella y luego tiembla congelado mientras sorbe los mocos de su nariz. Escucha una pequeña risita y lo mira. -¡Apuesto a que te encanta estar aquí, dattebayo!
-¿Aquí?
-Si, en la nieve.
-Naruto, esta nieve es tuya. No me pertenece.
-Ah... -intenta comprender aquello pero no le da mucha importancia. -¿Y cómo está él?
-¿Él?
-Zabuza.
-... ¿Tú crees que yo lo sé? –le cuestiona caminando descalzo hasta él y arrodillándose con parsimonia a su lado para disfrutar de la vista del cielo grisáceo.
-Sí.
-¿Si?
-Tú sabes... su cielo eras tú. –le dice algo apenado mirando hacia otro lado para evitar el contacto con esa mirada dulce.
-... Quiere decir que para ti... el cielo... es alguien...
-Es... el cielo es... felicidad. Y la felicidad se lleva en alguien ¿no? Por lo menos... Zabuza... quiero decir...
-¿Quién es tu cielo, entonces?
-¡¿Ah?! Pensé que era esto. –sonrió travieso.
-¿La nieve?
-Verlos. Verte a ti, ya que estás muerto, era natural que te vería.
-¿Esperabas verme?
-... Sí. –se pone serio de repente. –Primero la vi a ella, así que no sabía bien dónde estaba, pero sé que no está realmente. Sin embargo, Tu, Haku, sí te siento diferente. Quiero decir... el cielo es paz ¿no? Y tú estás en paz.
Hay un silencio.
Naruto se deja admirar por los ojos inocentes del chico y se atrapa a sí mismo estirando su cuerpo hacia atrás para que pueda verlo más. Naruto de repente se vuelve un niño de nuevo frente a sus ojos pero él no lo nota, solo le ofrece una sonrisa valiente y pícara, como la de aquella vez.
-Si tu cielo es esa persona, creo que sabes que te falta algo aquí ¿no es verdad? No podrías estar eternamente aquí conmigo ¿no es cierto? Aun si tuvieras que quedarte en penumbras otra vez.
-Mmm... -suelta cerrando los ojos. –Sí... hace un tiempo... no sé cuándo exactamente... tuve una discusión con ella, con mi esposa.
-¿Tienes esposa?
-¡Sí, se llama Hinata y tuvimos dos hijos dattebayo!
-¿Te gustan?
-Mucho, sí. Uno es muy parecido a mí. –le presume. –Y la menor es muy dulce. Estoy... ahm... -piensa unos segundos. –Conforme. Conforme. –repite para sí mismo. Suspira con cierta melancolía. –No lo... no lo hice del todo bien. –Haku no le responde a nada de eso y un tanto incómodo comienza a formar muñequitos de nieve entre sus piernas abiertas sin notar que sus manos son las de ese pequeño de doce años.
-Un niño jugando a ser papá.
-...Mmm... no fue mi mejor rol, dattebayo. –le dice con lágrimas en los ojos. –Me pregunto si los veré aquí...
-Entonces no te quieres quedar aquí.
-... No. –le responde. –Mi cielo no eres tú, tal como lo dijiste. Tampoco creo que sea ella o ellos dos... tal vez sea malo decirlo pero... no estaría del todo tranquilo, no sería paz. No estaría a gusto. Tal vez lo mío sea más complicado. –reflexiona un poco mordiéndose luego el labio inferior para no llorar mientras observa como su muñeco de nieve se destroza solo. –O tal vez no soy tan bueno como pensaba. –siente una mano sostener su mentón con cariño y levantarle así su rostro. Lo mira sonreírle.
-Me diste un cielo.
-¿Yo?
-Tocas a la gente, tocas su alma y hay algo que cambia. Nadie que te conozca sigue siendo el mismo, nos haces ser fuertes. –La mano se resbala por toda la mejilla regalándole amor. –No importa cuál sea tu cielo, a todos nos diste uno también.
-Haku. Que cosa más bonitas dices, dattebayo. –se frota los ojos para borrar las lágrimas.
-Él se encuentra bien, estamos juntos siempre. Es mi cielo.
-Me da gusto escuchar eso.
La nieve sigue cayendo un poco más mientras Naruto descansa mirando a lo lejos, saboreando el momento, cuando él mismo lo decida, saldrá de ese lugar apenas con un paso y lo habrá perdido todo.
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Muerte, camino, cielo.
Fanfiction-¡Naruto! ¡Mírame, estarás bien! Mírame... ya viene la ayuda... solo un poco más. ¡Naruto! . . . Así despertó Naruto, perdiendo sentidos, ciego, sordo, sin sabor en su lengua, sin olores a su alrededor. Se sentó sin saber si estaba de cabeza, pues...
