Eran las 8 de la mañana, según el reloj digital de la pared. De acuerdo al calendario, ese día era el 18 de agosto de 2033. Joan Sauló se despertó y salió del saco de dormir, mientras la estación de Bac de Roda (nombrada por Francesc Macià i Ambert) empezaba un nuevo día cuando las patrullas de vigilancia llegaban desde la abandonada estación de Sant Martí. La estación de Bac de Roda pertenecía a la República del Barcelonés, creada por antiguos ciudadanos que apoyaban la independencia de Cataluña antes de "la Devastación" (nombre dado a la guerra nuclear que asoló el mundo), iniciaba un nuevo día. En los altavoces reparados de la estación, sonaba el himno catalán, a modo de alarma.
Hacía 20 años que la Ciudad Condal, Barcelona, ya no era territorio de la especie humana. Ni la ciudad, ni otras partes de España, o del mundo...
En junio de 2013, misiles nucleares cayeron en todo el mundo, aunque Barcelona no fue gravemente atacada. Aun siendo la segunda ciudad más poblada en España, el área metropolitana fue impactada en el Aeropuerto de El Prat y a las afueras del puerto, y en 45 minutos la radiación hizo acto de presencia, condenando a todos los que no se refugiaron en el metro o refugios antiaéreos (más de 1300) a tiempo... Ese día es conocido como el "Día de la Devastación". Barcelona había sobrevivido gracias a suerte y a artillería antimisiles americana, cortando cualquier tipo de señal de radio para engañar a los posibles misiles rusos que quisieran impactar en ella. También se debía a la remodelación del metro para adecuarlo a una guerra nuclear, como se hizo en Valencia y Madrid.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Tras esta explicación, recordada día a día por todos los habitantes de la estación y de la red de metro, la vida seguía su curso. Joan fue a ver al jefe de estación a comentar si había alguna noticia de otras estaciones para su grupo de exploradores, y preparó su dresina. Decidió ir por su cuenta por la Línea 5, hasta llegar al hospital, debido a que quería comprar medicinas y no le apetecía cruzar por el territorio de la estación de la Sagrada Familia, ocupada por un grupo religioso y con varios peligros cerca, como fantasmas y mutantes.
Revisó su armamento y sus cosas en una mesa, y de ella sacó una máscara de gas, un abrigo y algo de ropa. Luego, se puso el abrigo, guardó la máscara y la ropa y añadió una pistola, un revólver y una linterna, junto a un silenciador y varias balas. Las armas provenían de un almacén policial en La Verneda, que habían sido traídas bajo tierra en caso de ataques mutantes unos días tras la Devastación. Joan se puso la mochila y almorzó en una cantina cerca del túnel, pidiendo un poco de panceta para el viaje, y luego se despidió de su familia, uniéndose a un grupo de comerciantes que debían ir a la Federación de Nova Barcelona, por la zona de las Ramblas y la Plaza de Cataluña. Cuando todos estaban en la dresina, arrancó y empezó su viaje... No sabía lo que le iba a ocurrir hasta un mes más tarde.
El túnel iba empezando a oscurecerse, y en poco tiempo, llegaron a las defensas situadas a 200 metros de la estación, compuestas por sacos de arena y alguna barricada. Los guardas dejaron pasar a la dresina, y tras unas horas, los cuatro hombres de la expedición llegaron a la siguiente estación, Clot, también perteneciente a la República del Barcelonés. Esa estación, que antes fue un intercambiador, servía como centro de comercio y transporte de la República y otras facciones del norte. Mientras sus compañeros iban a comprar cosas y a ver los servicios de la estación, Joan fue a buscar algún medio de transporte para llegar desde la línea 1 al Hospital Clínic, ya que las estaciones más cercanas de la Línea 2 estaban ocupadas por una secta que había bloqueado el túnel con trampas. Bajó por las escaleras, sorteando al gentío, los comerciantes, los animales de las granjas que llevaban los ganaderos... ya que era muy populosa, y en dicha estación se habían reestablecido tanto el mercado del Clot, como el mercadillo de Els Encants Nous*, así que eran zonas comerciales importantes para las facciones situadas bajo el antiguo districte de Sant Martí. Al parar en el control fronterizo entre líneas, pudo pasar sin problemas y esperó a un guía que le llevara hasta las zonas más pobladas de la estación.
Cerca de las viejas escaleras que conectaban las dos estaciones, él podía escuchar los rezos provenientes de una pequeña mezquita situada en un recoveco de la estación de la L1, con recursos tomados del Centro Islámico cercano. Cuando llegó a la aduana frontera con la L1, desde la L2, logró pasar sin problemas hasta el final del andén de esa estación. Bajó con cuidado las escaleras que llevaban al túnel entre la estación de Clot y la salida del intercambiador y estación de tren, en la que los caçadors (la contraparte de los stalkers en Barcelona) tenían una base entre esas paredes que deberían de haber albergado la ampliación del AVE hasta La Sagrera y se estaba construyendo en 2013.
Tras comer un shashlik de pollo en un puesto de comida (una especie de pincho moruno típico de países árabes) y pagar unas balas (ya que el dinero no se usaba y el uso de balas lo sustituyó), unas horas más tarde, un hombre de unos 30 años, con barba y muchas cicatrices se dirigió hacia él, haciendo señas para que lo siguiera. Fueron hasta una de las salidas más cercana a la estación de tren situada sobre el metro, cubierta con barricadas y una zona de descontaminación. Se metieron en un cuarto adyacente que servía de vestuario para prepararse y ponerse un traje militar, una chaqueta y la máscara anti-radiación proveniente de un cuartel de bomberos, el desconocido, una persona con traje militar, una máscara de gas y un subfusil Heckler & Koch UMP del Ejército de Tierra, también se puso un casco. El caçador se presentó como Alfredo, y tras saludarse, los dos subieron por la entrada más cercana a la estación de tren de El Clot-Aragó, que era usada como refugio de los caçadors. La estación de tren estaba a oscuras, repleta de barreras y ametralladoras, siendo iluminada por bombillas y algunas velas, dando un aspecto inquietante al edificio que en su día albergaba trenes y viajes, ya olvidados, cubiertos de historia con alguna defensa preparada por si venían los mutantes por aquí y allá. Aquel día, hacía algo de frío, pero se avecinaba una tormenta que venía desde el Mediterráneo e iba a descargar su furia sobre Barcelona.
Los dos prepararon su máscara de gas y sus armas, ya que no podían seguir por la línea 1 o por los otros caminos subterráneos hacia la estación de Marina sin pasar por la zona abandonada de la estación de Glòries, debido a que se consideraba maldita por culpa de un incendio que se produjo hace tiempo y calcinó toda esa estación, así que subieron por las escaleras mecánicas llenas de herrumbre, para seguir por la superficie.