Es el primer día del año.
Valeria está en las Maldivas, lejos del ruido habitual, con el cuerpo cansado del viaje y la cabeza sorprendentemente despierta. El paisaje es casi irreal: agua tranquila, luz limpia, silencio. Pero por dentro no hay postal, hay balance.
Repasa mentalmente el año que acaba de dejar atrás. Han pasado muchas cosas. Algunas buenas, otras difíciles. No todas han sido agradables, pero casi todas han servido para algo: para aprender, para equivocarse mejor la siguiente vez, para entenderse un poco más.
Tiene claro que la vida no avanza en línea recta. Es más bien una noria: a veces estás arriba, otras abajo. El truco —si es que existe— no está en evitar las caídas, sino en saber gestionar lo que sientes cuando llegan. Algo que no se aprende de golpe ni leyendo frases bonitas. Es un proceso largo, incómodo a ratos, que solo el tiempo y la experiencia enseñan.
En lo profesional, 2014 ha sido un buen año. No perfecto, pero sí significativo. Por primera vez siente que su trabajo ha sido reconocido de forma externa, no solo por seguidores o números, sino por el sector. Ganar el premio Best Style Fashion Blog en la Fashion Week de Berlín, dentro de los premios Stylight, fue uno de esos momentos que no se olvidan fácilmente. No porque lo cambie todo, sino porque confirma que el camino elegido —con dudas y esfuerzo— tenía sentido.
Valeria no piensa que ya haya llegado a ningún sitio. Todo lo contrario. Sabe que queda mucho por recorrer: nuevos retos, errores distintos, decisiones que aún no sabe cómo tomará. Pero también sabe algo importante: está creciendo, como profesional y como persona.
Y eso, en un primer día de año, ya es suficiente punto de partida.
El verano de ese mismo año tendría su primera sesión como DJ en uno de los festivales más conocidos. Ha viajado más que nunca: Berlín, Múnich, París, Milán, Punta Cana, Estambul, Los Ángeles, San Francisco, Arizona, Las Vegas, Nueva York, Ibiza, Hong Kong, Shenzhen, rincones de España...
Este año que comienza tiene muchos proyectos profesionales y sigue sumando seguidores en sus distintas redes sociales.
Como casi todo el mundo a principios de año, Valeria hace una lista mental de objetivos. No la escribe en una libreta bonita ni la comparte en redes; la tiene en la cabeza, ordenados por importancia.
Lo primero no es el trabajo. Es cumplir una promesa.
Le prometió a Carla que haría pública su ruptura con Marcos y que, a lo largo del año, haría visible su relación. No por presión externa, sino porque sabe que mantenerlo en secreto no es sostenible. Para ella, ahora mismo, eso es prioritario.
Después viene todo lo demás: seguir creciendo como creadora de contenido, subir más vídeos a su canal de YouTube, mejorar lo que ya hace. Y, como siempre, los sueños grandes: crear su propio festival, lanzar una colección de ropa, algún día sacar un perfume. Ideas que pueden parecer excesivas, pero que forman parte de su manera de estar en el mundo.
Valeria es así: inquieta. No sabe estarse quieta demasiado tiempo. No siempre acierta, pero rara vez se queda parada. Es constante, trabajadora, y cuando se propone algo, va a por ello aunque le cueste.
Está sentada en la cama del hotel, en las Maldivas. Afuera todo es tranquilo, casi demasiado. Coge el móvil y le escribe a Carla:
—Hola, bebé.
—Hola.
—¿Qué te han regalado por Reyes? Carla tarda unos segundos en responder: —Nada. Pedí que estuvieras aquí conmigo... pero estás muy lejos.
Valeria sonríe. —Lejos físicamente, sí. Pero acuérdate de una cosa: se puede estar lejos y, aun así, cerca. Yo estoy contigo siempre que quieras.
—Ya... —responde Carla—. Te echo mucho de menos.
Valeria piensa un segundo antes de contestar: —Creo que sí tienes regalo de Reyes. Mira mi Instagram.
Carla abre la aplicación sin demasiadas expectativas. No se lo puede creer: ha dicho públicamente que ya no está con Marcos. Las cosas van por buen camino. Al final lo ha hecho.
Las cosas empiezan a moverse. No todo está resuelto, ni mucho menos, pero por primera vez en semanas, Carla siente que algo importante ha cambiado. No por palabras bonitas, sino por hechos. Y eso —para ella— vale mucho más.
Los días van pasando y Carla intenta llenar los huecos que deja la ausencia de Valeria como puede. Para despejar la cabeza queda con sus amigas a tomar unas cañas en Las Ramblas. Es una tarde tranquila; hace un poco de fresco, pero se está a gusto en la terraza, con estufas encendidas y el ruido constante de la gente pasando.
Carla ya está sentada cuando llegan Alicia, Natalia y Sara.
—Hola... —dice Carla sonriendo—.¡Cuánto tiempo, Alicia, Natalia!
Natalia se acerca primero y le da dos besos.
—Hola. Alicia hace lo mismo.
—Hola. Sara se sienta y va directa al grano, como siempre:
—Bueno... ¿qué tal con Valeria?
—Está en las Maldivas —responde Carla, encogiéndose de hombros.
Natalia levanta las cejas. —Se pasa la vida viajando. ¿Cuándo os veis?
—Cuando puede —dice Carla
—. Viaja mucho, sí. Nos vemos cuando tiene tiempo libre.
Alicia sonríe con picardía. —Eso será poco... así que cuando viene, la coges con ganas. Carla se ríe. —Pues sí, no te voy a mentir. Al principio, cuando empiezas con alguien, hay mucha intensidad. Ya sabes cómo va.
Sara niega con la cabeza, divertida: —Esta Carla... siempre pensando en lo mismo. —Levanta su cerveza—. Venga, brindemos por el año nuevo que empieza.
Chocan las cañas.
— ¿Y vosotras? —Pregunta Carla—. ¿Cómo empieza el año?
Natalia se lo piensa un segundo. —Para mí no cambia mucho. Es un año más. Sigo teniendo sueños que no he cumplido, pero también sigo con las mismas ganas de intentarlo.
Alicia asiente. —Yo lo veo igual. Un año más, pero con menos cosas. Menos ruido, menos metas... pero más claras.
Sara sonríe. —Un año acaba, otro empieza. Yo lo único que tengo claro es no perder la sonrisa. Soy feliz a mi manera y con eso me vale.
Carla da un sorbo a su cerveza antes de hablar. —El año que se ha ido me ha dado de todo —dice—. Emociones, rupturas que dolieron y también amor. Me ha obligado a pensar mucho en mi vida.
Las tres la escuchan.
—Nunca imaginé que me enamoraría así de alguien. Y menos de alguien tan conocida. Empecé con un «vaya tía más borde» y he acabado colada por sus huesos. —Sonríe—. Vamos despacio, paso a paso. Estamos juntas, pero de momento en silencio, lejos de los medios. Y hoy, por Reyes, ha hecho pública su ruptura con su ex. Poco a poco. Antes de que acabe el año dirá que soy su novia.
Sara la mira con atención. —Eso es importante.
—Lo es —responde Carla—. Este año que empieza es un territorio nuevo para mí. El mundo en el que se mueve mi novia me viene grande. Tengo mucho que aprender y no sé si siempre sabré hacerlo bien.
Se queda pensativa un momento y añade:
—Este año sabático me ha servido para darme cuenta de algo. —Las mira a todas—. No eres libre cuando haces lo que quieres. Eres libre cuando expresas lo que eres.
Se quedan unos segundos en silencio, sin necesidad de decir nada más. La tarde sigue, las cañas se vacían, la conversación deriva hacia otras cosas. No hay respuestas cerradas ni finales claros. Pero Carla, por primera vez en mucho tiempo, siente que está avanzando. Aunque no sepa muy bien hacia dónde.
Y, de momento, eso le basta.
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A través de nuestra mirada.
FanfictionDetrás de cada mirada, cada silencio y cada decisión existe una historia que merece ser sentida. Dos mujeres. Dos mundos distintos. Un encuentro capaz de cambiar la forma en que ambas entendían su propia vida. A través de nuestra mirada es una histo...
