Capítulo 7

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Los quejidos del rubio era lo único que se podía escuchar en aquella friolenta habitación. Como cada lunes por la mañana, Niall Horan recibía su tratamiento.

La máquina se detuvo levemente dándole a entender que todo su corto pero gran sufrimiento había finalizado. Se levantó de la camilla con mucho cuidado con la ayuda de Marina -la enfermera que conocía desde que su tratamiento había comenzado.- se cambio de ropa, usando una más casual para la escuela dejando de lado la bata médica.

— Niall, lo has hecho muy bien el día de hoy, pero necesito hablar con tu hermano a solas. Cuídate, Niall.— Dijo el hombre canoso sin siquiera mirarlo, el mencionado asistió despreocupado, seguramente le hablaría sobre algunos papeles que su hermano mayor debía de firmar.

Niall despidió del doctor y la enfermera con un beso en la mejilla y un ademán, saliendo finalmente del lugar.

Caminó por el gran hospital, admirando cómo los del personal médico caminaban de un lado a otro, las personas que esperaban a sus familiares con un semblante triste, aunque, había notado la presencia de un joven como él.

Un muchacho con el pelo castaño y liso, que caía disimuladamente en su rostro. Sus hermosos ojos color chocolate descordaban lágrimas que caían con violencia sobre su piel nívea.

Era tímido, muy tímido. Pero algo que lo caracterizaba mucho era que tenía un corazón noble, en busca de ayudar a quien lo necesite. No lo conocía, no sabía su nombre ni cómo reaccionaría al intervenir en su dolor, pero Niall no era cobarde.

A pasos lentos y tímidos se fue acercando a éste haciendo que los sollozos fueran más fuertes. Tomó asiento a su lado, inclinándose un poco para encontrar el rostro del castaño -el cual se encontraba oculta entre las palmas de sus manos.-

Niall carraspeó sintiendo un dolor en el pecho, no le gustaba ver a la gente llorar, le partía el corazón. Quería darle un abrazo en ese mismo instante, decirle que todo estaría bien a pesar de ni siquiera saber los motivos de su dolor, quería hacerlo sentir bien, sin importar lo que eso costase.

— H-Hola...— musitó temeroso de no recibir respira alguna.

— Ho...hola — respondió hipeando el desconocido, aún con el rostro entre las manos.

— Supongo... que estás aquí por el mismo problema que tengo yo.— bajó su cabeza apenado. La enfermedad que ambos sufrían era una de las peores. Sabía cómo se sentía cada sesión, sabía lo que era sentir repentinos dolores en el corazón y sobre todo sabía que su capacidad física era mínima a comparación de adolescentes de su edad.

Veía infantes caminar por el hospital con tanques de oxígeno, así como a personas adultas-mayores en sus lechos de muerte, cada que iba al hospital siempre se encontraba con familiares gritando de dolor, era un tortura para él.

La enfermedad no veía tu edad, ni tampoco tú clase social, no veía nada de ti, simplemente se adentraba en tu organismo y comenzaba a reproducirse para lentamente acabar con tu vida.

Niall sufría con cada sesión, con cada pinchazo y con cada palabra que salía de la boca del doctor. Pero sufría más al ver todo lo que aquella enfermedad causaba en las demás personas. Si fuera por él, sería capaz de succionar toda la enfermedad posible del mundo entero para que nadie más sufriera, incluso si eso significaba una muerte segura y dolorosa para él.

— Supongo que sí... Estamos en una clínica especializada — El castaño dejó al descubierto su rostro, dejándole el paso libre al rubio para poder admirar su rostro de una manera más detallada. El ojimarrón soltó una risita baja mientras se limpiaba la nariz con un pañuelo que había sacado de su bolsillo. — Oh. Lamento ser tan descortés, mi nombre es Liam Payne — extendió su mano izquierda para entrelazarla con la del ojiazul en forma de saludo, mientras intentaba formular una sonrisa.

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