Las horas se escurrieron entre la negrura de la noche. Chuuya ya se había levantado y había comenzado con los preparativos cuando Dazai se arrastró escaleras abajo solo para echarse en el sofá.
—Si no vas a ayudar, considero que era mejor que permanecieras en la cama —siseó Chuuya, moviéndose de lado a lado, paseando frente al cadáver de Dazai—. Prefiero eso antes que verte holgazanear mientras yo me curto.
—Ya sabes que no puedo dormir cuando siento que te levantas, enano malvado —bostezó, estirándose y sin tomarse la molestia de abrir los ojos.
Chuuya no respondió. Si bien había sido soltado como una broma, ambos sabían que era así. Cuando pasaban los fines de semana juntos y Chuuya debía ir a trabajar, Dazai se despertaba irremediablemente al sentir su ausencia. Nakahara siempre había tomado eso como un capricho por parte del otro, mas con el tiempo se percató de que, tal vez, era algo inevitable, un evento que a ambos les dolía.
Un par de viajes hasta el baúl y de vuelta a la cabaña luego, echó a Dazai para que fuera a despertar a los niños y aseguró que les tocaba cerrar a ellos, que él esperaría en el auto.
Una vez hecho lo dicho, eran tres quienes se arrastraban escaleras abajo con los ojos pegoteados y cansinos. Dazai le arrojó la llave a Akutagawa para que él cerrara la puerta y salió pitando hacia el auto para evitar el frío.
Una vez cumplido aquello, Atsushi y Akutagawa, con vergüenza de solo mirarse y lo suficientemente adormilados como para analizarlo, subieron al auto y se mantuvieron escudriñando su propia ventanilla.
El viaje en aquella ocasión fue muy distinto del de ida; Dazai durmió la mayor parte y no emitió sonido alguno, Akutagawa no estuvo tieso mas sí descansó, y Atsushi se mareó, como de esperarse, pero Chuuya le había dejado unas cuántas bolsas, bebidas y porquerías para el malestar estomacal en su asiento.
Fue un viaje sin inconvenientes y sin paradas. Sin descansos para Chuuya y con exceso de siestas para los demás, a excepción de Atsushi que se debatía entre la pereza y ver a Akutagawa dormir; era un momento primoroso en el que podía verle sin el ceño fruncido y sus larguísimas y agraciadas pestañas que no había podido apreciar antes. Con el calor invadiendo sus mejillas, solo podía pensar que Akutagawa no estaría contento de saber que era inspeccionado de esa manera.
Ciertamente, otro pensamiento asaltó su mente, y era que no era un suceso ordinario que Akutagawa durmiera en un sitio así, por lo que se preguntó si había dormido realmente.
Por supuesto, Atsushi no sabía el millón de cosas que visitaron la mente de su acompañante la noche anterior, dejándole incapaz de descansar sin comenzar a sonreír y a cavilar sin descanso ni piedad.
Una vez que se avistaron las calles de Yokohama, Dazai despertó por un golpe en su rodilla. En código Doble Negro eso significaba: "¿cuál es el plan, maldito bastardo?"
—Llévalos a ellos primero —bostezó, desperezándose por centésima vez en el día—. Yo me quedaré contigo.
—¿Y a ti quién te ha invitado, maldito parásito? —le escupió, aún concentrado en su camino—. Debo volver a trabajar, así que...
—Patrañas, Chuuya, patrañas y más patrañas —le interrumpió, sonriente, observándole con los ojos entrecerrados por el sueño, luciendo tan atractivo como cada mañana que le veía junto a él—. Nos fuimos unos días antes de que se cumpliera la semana, así que tu licencia perdura. Ya no serán vacaciones en la nieve, pero serán vacaciones sobre Dazai, y estas no serán para descansar.
—Dazai-san —musito Atsushi desde su asiento con el rostro torcido—. ¿Cuál era la necesidad? Seguimos aquí.
—¡Atsushi! —exclamó el aludido, volteándose hacia los asientos traseros—. Así que estás despierto.
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Erozai ||Shin Soukoku/Soukoku||
Fiksi PenggemarDazai tiene el descabellado presentimiento de que su subordinado actual y el antiguo se sienten atraídos el uno por el otro. Por lo cual decide arrastrar a su pareja, Chuuya, en un plan para unirlos.
