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—¡Akutagawa! —exclamó Chuuya, parado frente a él con las manos entallando sus caderas.

—¿Qué sucede, Chuuya-san? —preguntó, bajando de su ensueño.

—Es la tercera vez que te llamo, maldita sea —bramó, arrugando el entrecejo.

—Lo lamento.

—Dazai y yo tenemos que hablar contigo —dictaminó, pisando con impaciencia la madera del muelle.

—De acuerdo —respondió con poca convicción.

Y eso fue todo. Chuuya se largó a caminar y Akutagawa tuvo que seguirle el paso como podía.

Por alguna extraña razón, Dazai les esperaba en un restaurante frente a la bahía, sentado en una de las mesas de afuera como si nada, como si estuviese rozando territorio enemigo.

Una vez sentados y acomodados, comenzó la reunión.

—Atsushi ha dado todos los primeros pasos, niño lenteja —se burló Dazai

—¿Los pasos de qué? —tartamudeó ante la presión, sintiéndose acorralado. Además, los saludos habían bajado de calidad a su parecer.

—¡Pero que eres tonto! —clamó Chuuya, apunto de arrojarse sobre él pero fue detenido por Dazai.

—Alto ahí, Tarzán de maceta, deja al chico en paz —le dijo, frenándole con su brazo—. Golpeándole no conseguirás que entienda.

—¿A quién carajo le llamas así? —le espetó, apunto de volteársele para cambiar de bolsa de boxeo.

—En fin, Akutagawa —le ignoró Dazai. Era la única forma de evitarse una golpiza—. Pues, ¿cuál crees que fue el objetivo de todo nuestro trabajo?

—Chuuya-san me dijo que debíamos llevarnos mejor —respondió, observándoles con los ojos desamparados—. Y lo hicimos, ¿o no?

—Ahora sí —exclamó Chuuya, cerrando el puño. Dazai nuevamente se metió y tomó su puño—. Córrete que lo mato, ¡suéltame!

—No, Akutagawa —suspiró Dazai, sosteniendo a Chuuya y mirando al más joven—. Estoy seguro de que Chuuya y tú charlaron de otras cosas.

—Bueno, pues, sí, él, yo, bueno, yo, sí, bueno, yo —comenzó a atragantarse con sus propias palabras. Chuuya lo observó atónito y Dazai se ahogó con su propia risa.

—Que te gusta —asintió Dazai—. Eso quieres decir.

—Sí —admitió, suspirando—. Bueno, de hecho, yo, bueno, creo que un poco.

—Akutagawa —suspiró Chuuya, ya calmado, o más bien resignado—. No te gusta un poco; estás enamorado de él.

—Bueno, tal vez —reconoció, tosiendo mientras sentía un sonrojo violento haciendo entrada en su rostro.

—¿Y qué es lo que quieres hacer al respecto? —cuestionó Dazai, incentivándole.

—Pues, ¿qué se puede hacer, Dazai-san? —respondió desdichado—. Un mafioso y un detective no pueden estar juntos.

Chuuya le otorgó una mirada solemne y fría, más Dazai replicó.

—No pienses eso —negó con la cabeza—. ¿Quién te dijo esa tontería? Olvídalo. Si aún crees eso, tú serás, entonces, el primer mafioso en romper esa regla.

—Pero Mori-san —rebatió Akutagawa, pensativo, sintiendo la belleza de una esperanza que daba por muerta.

—Ese pervertido que se tira a mi jefe no tiene opinión aquí.

Erozai ||Shin Soukoku/Soukoku||Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora