—Oye, Jinko, ya ha pasado media hora y no te has movido.
Atsushi, sumido aún en su trance por la sorpresa, en la misma posición con las manos a cada lado de su cuerpo, observaba la enorme ventana que reposaba al costado de la cama, que, pese a estar tapada por las cortinas, iluminaba la habitación con la pálida claridad del sol nevado; suspiró y se echó hacia atrás en la cama, dejando que su espalda se estampara contra el colchón y que sus ojos se clavaran en el techo, extendiendo sus brazos como si se encontrase haciendo un ángel de nieve afuera de la cabaña, y no buscando terapia dentro de la misma. Podía sentir la respiración acompasada de su nueva frecuente compañía que estaba sentada a su lado.
—¿Por qué a ti no te ha sorprendido de la misma manera? —le preguntó, quizás ecuánime, quizás abatido, quizás curioso. Akutagawa no sabía descifrarlo.
—Supongo que se debe a que, en cierta forma, ya lo sabía —la confesión tomó de improvisto a Atsushi, quien deslizó sus ojos desde el techo de madera hacia él.
—¿A qué te refieres? —susurró, como si se tratase de secreto de Estado. Sus ojos, esclarecidos por la curiosidad irrefrenable.
—No lo sé —suspiró, posando sus manos también al costado de su cuerpo para apoyarse, dirigiendo su mirada hacia la ventana que se encontraba frente a ellos debido a que estaban sentados perpendicular a la cama—. Tal vez, siempre lo supe mas no lo reconocí en mi inexperiencia y mi falta de observación.
—¿Qué se supone que hay que observar? El espectáculo que montaron ahí abajo ya fue suficiente para observar —se quejó, doblando sus brazos para acercarlos a su rostro y cubrirlo. Sus suspiros se frecuentaban.
—No me refiero a eso específicamente —enfatizó—. Quiero decir, el Dazai que tú conoces no es el mismo que yo conocí años atrás. Él era solitario, cruel y despiadado con todo el mundo a excepción de una o dos personas. Sin embargo, con Chuuya-san era muy diferente.
—Diferente como... lo que acabamos de presenciar, ¿dices? ¿Ese tipo de diferente?
—¿Qué? Ya déjalo, Jinko, tonto —se quejó, entrecerrando los ojos con fastidio—. Es decir, seguramente eran ese tipo de diferente también, ¡pero hablo de otra cosa en este preciso momento!
—Para serte sincero, no creía que fueran ese tipo de diferente en ese entonces, hasta que lo dijiste —explicó con una mueca de asco y frunciendo el entrecejo.
—Bueno, si vas a seguir quejándote, monja, me iré —le espetó, enderezándose y cruzándose de brazos.
—¿A quién le dices monja? Si yo lo soy, tú lo eres más.
—Creo que eso no es posible, Jinko.
—De acuerdo —suspiró en resignación—. Sigue tu historia.
—De acuerdo —repitió y rezongó. Aflojó su entrecruce de brazos y respiró con profundidad, adaptando nuevamente su postura solemne—. Simplemente, sé que era diferente a cómo trataba a los demás; de cualquier modo, era una relación extraña —aseguró, mirando hacia el techo como si allí se hubiesen esfumado sus vagos recuerdos—. Peleaban todo el tiempo, pero era como si Dazai-san lo buscara constantemente, sabes, como si verdaderamente le divirtiese que Chuuya-san le gritase a los cuatro vientos, pero a la vez, cuando los veías juntos en silencio, parecía como si todo ese odio y constante fastidio desapareciese.
—Bueno, Dazai-san es una persona que disfruta inmensamente de estallarle los nervios a la gente —razonó en respuesta, mirándole.
—Bueno, así es ahora, mas antes no lo era. Era sombrío y apagado hasta que veía a Chuuya-san, y era él el único al cual le reventaba los nervios —alegó, uniendo los cabos paulatinamente—. Ahora que lo pienso, supongo que eso explica también lo molesto que estuvo Chuuya-san cuando Dazai-san abandonó la Port Mafia. Estaba mucho más gruñón de lo normal, y ciertamente, se veía más dolido que enfadado.
ESTÁS LEYENDO
Erozai ||Shin Soukoku/Soukoku||
FanfictionDazai tiene el descabellado presentimiento de que su subordinado actual y el antiguo se sienten atraídos el uno por el otro. Por lo cual decide arrastrar a su pareja, Chuuya, en un plan para unirlos.
