14

9.5K 1.2K 1.6K
                                        

—No quiero presionarte, pero si no te decides y apuras, lo perderás.

—¿De qué me está hablando, Chuuya-san? —exclamó Akutagawa, espantado.

—De que eres demasiado lento para notar lo que sucede entre Atsushi y tú —le explicó, mientras holgazaneaba en el aclamado sofá frente a la chimenea, con sus pies reposando en la mesa ratona.

—¿Lo que sucede...?

—Pues sí —aclaró—. Los dos son unos tontos. No se percatan de nada y por esa razón siguen en un punto muerto.

—Pero yo...

—Pero tú, nada —le espetó, repentinamente cabreado. Akutagawa tragó en seco—. Es hora de que te muevas.

—Pero yo recién estoy comenzando a comprender la situación, necesito tiempo —se justificó, comenzando a arrepentirse de haber bajado a buscar algo para beber.

—¿Tiempo? —le preguntó como si fuese un pecado—. Han pasado dos días ya desde el asuntillo de la charla, y ustedes no han hecho más que encerrarse en sus habitaciones.

Chuuya suspiró y se rectificó en su asiento.

—Akutagawa —soltó con cansancio—. Lo siento, ¿sí? Es solo que... ustedes no congenian con mi paciencia.

—Ya veo —musitó, cerrando sus manos y observándolas—. Pero a mí me gusta cómo están las cosas ahora.

—¿Te gusta estar con Atsushi? —le cuestionó.

—Pues, tal parece que no me molesta tanto —le restó importancia, sintiendo la calidez que le provocaba la sonrisa de Atsushi—. De cualquier forma, usted y yo ya hemos hablado al respecto, y esa incomodidad, pues, supongo que solo se trataba de mis propios malentendidos.

—Claro que es algo tuyo —le espetó. Ese suave Chuuya reconfortante se había esfumado para dar paso a un Chuuya impaciente que ya no soportaba las vueltas que estaba presenciando.

—Chuuya-san, creo que no necesito agua, sabe —musitó, sintiendo un millar de proyectiles de furia golpearle en el rostro—. Yo volveré a mi habitación.

Se volteó sobre sus talones y dio un par de pasos cuando su superior le detuvo.

—Ya, lo siento, ahora sí —se lamentó, cerrando los ojos y frotándoselos. Suspiró—. Es solo que, verdaderamente, no tolero ver que sean tan lentos. Dazai y yo no pasamos por nada de este circo que ustedes dos están montando.

—Ya nos han demostrado que no son nada lentos, Chuuya-san —carraspeó, cruzándose de brazos y tornándose hacia el otro nuevamente.

—Haz un chiste más al respecto y me pondré violento —masculló.

—De acuerdo —suspiró Akutagawa, pensando que no había sido un chiste sino una verdad.

Akutagawa se acercó a paso lento y se sentó en el sofá junto a él. Se acomodó con las piernas cruzadas y sus manos sobre sus rodillas. Incomodidad era su palabra favorita.

—De verdad, ese bastardo y yo no tardamos tanto —explicó con cautela. Ante el primer comentario lo mandaría a volar—. Dazai me invitó a salir, acepté luego de unas ocasiones y eso fue todo. De ahí en más, me enamoré de él por cosas menores, por la vida misma. Y aunque nunca se lo dije, él lo sabía.

—Supongo que Atsushi también se dará cuenta que no lo odio —razonó con timidez.

—Akutagawa, le has arrancado la pierna.

—¡Eso ya es pasado, Chuuya-san! —exclamó con desasosiego—. Usted vive reventando a Dazai-san.

—Pero es que Dazai es insoportable.

Erozai ||Shin Soukoku/Soukoku||Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora