Steve y Pablo

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Abrazo el cuerpo sin vida, y lloro. Me derrumbo, estoy así un largo rato. Me levanto como puedo dejándola allí. Bajo las escaleras arrastrando los pies, me tropiezo varias veces. La pistola descansa en mi mano derecha, la cual llevo colgando. Dirijo mis pasos hacia el ruido, risas, música… Abro la puerta. Hay un gran sofá en forma de C de cuero rojo. En él están medio tumbados varios chicos, reconozco a Jason y a Marc. En medio hay una mesa de cristal con un polvo blanquecino. Tienen también sobre la mesa unas cartas y fichas de pócker. Ni si quiera se percatan de mi presencia, el suelo está repleto de latas vacías de cerveza. No me lo pienso más, avanzo.

-¡TÚ!-.Le estoy apuntando al grupo entero, son unos diez, pero mi mirada y mis palabras van dirigidas a una sola persona.

Todos se quedan mirándome perplejos, excepto él, su cara no refleja absolutamente nada, está totalmente ido.

-¿Quién coño es esta puta?

-Es solo una cría, Pablo.

-La quiero esta noche, Marc.

-Claro que sí-. Ambos me miran con la misma mirada de cerdo, me producen náuseas. Todos están en silencio, y uno de ellos comienza a reírse, por primera vez. Dirigimos la atención hacia él.

-Pues….. muuuucha suerteee señores. La chica es dura de pelar, no es como las otras-. Ladea la cara y les muestra la herida de la ceja. Dibuja una sonrisa de lado en su cara. Su frase hace que me envalentone un poco más y cargo la pistola.

-Sois unos hijos de puta,¡asesinos!-. Y les lanzo la sudadera llena de sangre. La miran y me miran, así varias veces, el tal Pablo decide hablar.

-Jack, sube y busca de quién es. En cuanto a ti…

-¡Quietos! No os mováis, no me temblará el pulso en usarla.

Pam, me pitan los oídos, la cabeza, dios, estoy en el suelo, me ha debido de golpear alguien por detrás. Intento escuchar lo que ocurre mientras me recupero del mareo.

-Bien hecho Sandra, métete una raya a mi salud. Llevadla al centro.

Noto varias manos que me sujetan de los brazos y me obligan a caminar. A la izquierda del sofá, hay un círculo acolchado en el suelo, del tamaño de dos camas de matrimonio mínimo. Me llega por la mitad del muslo. Alguien detrás de mí se quita el cinturón. Cuando me quiero dar la vuelta recibo el impacto en plena cara. Me deja sin aliento. Antes de que pueda si quiera tocarme la herida en carne viva recibo otro en el mismo sitio, dos más. La sangre comienza a surgir. Chillo desesperada, duele muchísimo, me tiemblan las manos.

-Dadle la vuelta-. Le hacen caso, quitándome la básica primero. Cuento hasta cinco correazos en la espalda, después pierdo la cuenta. Me limito a aguantar la respiración e intentar no desmayarme.

Ahora pude empatizar más con aquella chica. Y esto solo acababa de empezar.

Pablo no se cansaba, no se saciaba, quería más y más. Su única y gran pasión era ganar, ganar en el juego, en la vida, en todo. Ganarse la fama de asesino y torturador solo aumentaba más su ego, era un tipo duro, un armario empotrado, fuerte y bastante bruto. Carecía por completo de sentimientos. Su gran aliado y mano derecha era Steve. Nunca se habían fallado, siempre se tenían el uno al otro, se cubrían las espaldas mutuamente. Los chicos siempre decían que eran mellizos, no se parecían en absoluto, pero eran uña y carne. Todos querían conocer la historia de sus vidas.

El contrabando de drogas como la “Burundanga” les había abierto paso a millones de euros, el negocio iba de lujo. Steve convenció a Pablo, el más cauto de los dos, para hacer negocios con Chile y Ecuador. Consistía en importar  la droga a España, para ello necesitaban a las chicas, las usaban como conejillos de indias. Las violaban, torturaban e investigaban con ellas los efectos secundarios.

Jason se incorporó aturdido del sofá. Cuando llegó al centro pudo contemplar con sus propios ojos la brutal paliza que le estaban dando a Emma. Su cabeza le daba vueltas, el efecto de la droga mezclada con el alcohol estaba en su plenitud. No podía reaccionar apenas, solo escuchaba los gritos de la chica, que ya apenas eran leves gemidos, su espalda estaba cubierta de sangre y heridas abiertas. Pablo estaba desahogando toda su rabia en ella. No tenía límites, ni piedad.

-Por….favoooor, bastaa-. Emma apenas consiguió articular aquellas palabras, se dejó caer de rodillas al suelo.

-¿Ves Jason? Ya no es tan dura. Ten Marc, acaba tú-. Pablo le cedió a Marc el cinturón, ahora manchado de sangre. Marc dudó un segundo, hasta a él le pareció excesivo aquel castigo, claro que no sabía que había herido de bala a uno de sus compañeros.

-Oye Pablo, va a desmayarse, ¿así que gracia tiene? Venga, dejémoslo ya…-. Marc quería parar ya, le divertía como a todos, verlas sufrir un rato, callarles la boca y verlas hacer lo que ellos querían, pero no hasta ese extremo. Aun así, consiguió lo que quería. Pablo se despidió con una desagradable mueca, lo siguieron el resto de chicos, incluido Marc. Emma seguía quejándose en el suelo y Jason estaba detrás de ella observándola. Emma tenía su largo pelo rubio despeinado y manchado de sangre ya seca. Estaba en sujetador, y no paraba de llorar.

-Eh, vamos, levántate-. Quería sacarla de allí, por un lado temía la vuelta de Pablo y su ira, y por el otro pensaba que tenía que aliviarle el dolor a la chica rápidamente. Le tendió una mano, seguía con la cabeza escondida entre las rodillas, al ver que ella no reaccionaba decidió levantarla del brazo, a lo que ella respondió con un chillido. Cuando la tenía sujeta con la mano izquierda le volvió la cara con la derecha, tenía una raja desde la ceja derecha hasta la barbilla, el labio roto y el ojo morado, Pablo no solo le había pegado con el cinturón. Jason seguía algo mareado, necesitaba descansar.

-Oye, escúchame, voy a llevarte a la habitación, ¿vale?-. No se podía mantener de pie, por lo que con cuidado la subió a caballito, intentaba tocar lo menos posible su espalda. Emma rodeó como pudo el cuello de Jason para sujetarse.

Mientras Jack se dispuso a buscar la persona a la que pertenecía la sangre.

Atrapada en sus manos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora