El chico pelirrojo me hace una señal con la mano para que lo siga. Voy pegada a su espalda, vamos andando a hurtadillas. De pronto se detiene y me mira con un dedo en la boca pronunciando un leve "sh", tiene los ojos brillantes de la emoción, parece un niño pequeño jugando al escondite. Tengo que hacer un sobre esfuerzo para evitar reírme. Acabamos entrando en una salita. Se acerca a un pequeño armario y saca de un cajón algo que guarda en su mano izquierda cerrada.
-Dentro de una hora vendrá mucha gente, se va a hacer una especie de fiesta- empiezo a alegrarme por segundos- ten, necesitarás esto-. Me tiende la pequeña bolsita y retrocedo instantáneamente.
-Yo no me drogo.
-Vamos nena, te ayudará a relajarte-. Empecé a alterarme ¿qué mierda estaba haciendo? No iba a meterme eso en el cuerpo. Miles de imágenes de yonkis y drogadictos cruzaron mi mente ayudándome en mi decisión.
-Mira la cosa es así, o te tomas esto o te largas a tu jaula. ¿Qué prefieres?-. Prefiero reventarte la cara e irme a mi casa. Estoy cansada de esto... en fin, siempre hay una primera vez...para todo. ¿No? Pienso eso un solo segundo, y casi le arranco la bolsita transparente de la mano. No voy a quedarme otro día en esa maldita habitación. Necesito ser feliz al menos una hora, aunque sea todo mentira. Mi mente está sufriendo demasiado y creo que acabaré volviéndome loca si no me alejo de aquí pronto. Así que como si de una película se tratase, sigo los pasos del pelirrojo, que se dirige a un sofá aterciopelado. Nos sentamos, en medio hay una mesita de cristal, donde depositamos las bolsitas junto al resto de utensilios.
-Bueno rubia, te cuento un resumen de mi vida, me llamo Ash, tengo 23 años y llevo 5 trabajando para Steve y Pablo... y poco más. ¿Y tú? ¿Qué era de tu vida antes de terminar aquí?-. Comienzo a sentirme agobiada, no pienso hablarle de mi vida ni a él ni a nadie de los allí presentes. Parece que lo nota y rapidamente cambia de tema.
-Empecemos, la fiesta está apunto de comenzar-. Imito sus movimientos, desenvolvemos las bolsitas y..., ¿enserio vas a hacerlo Emma? Dudo un instante en el que siento su mirada clavada en mi persona, lo hago, lo hacemos, esnifamos su interior con la ayuda de un tubito de plástico.
Todo da vueltas, hay colores por todas partes, azul, naranja, rojo, verde, azul, pelirrojo...
-Vamos rubia, vayamos a esa fiesta-. Me arde todo, hace mucha calor. Este chico me cae bien, es guapo, muy guapo, y muy amable también, tal vez demasiado. Me levanta despacio tirando con cuidado de mi brazo, y me planta un cariñoso beso en la mejilla, me río. Tengo ganas de fiesta.
Ash la guía con la mano izquierda sobre su cintura. Le va a caer una buena por todo aquello, pero al fin y al cabo, él tiene amnistía total en aquel sitio ¿no? era hora de aprovecharse de ello. Bajan las escaleras y entran en la gran sala. La música es tan fuerte que le pitan los oídos. Hay mucha gente que no para de bailar, pegan saltos algunos al ritmo y otros bastante descompensados, bailan como si se les fuera la vida en ello. En la barra están Steve y su cuadrilla. Todos se quedaron perplejos al ver a Ash con Emma de la mano. Ash se limitó a sonreir y saludar con la cabeza, mientras que Emma le dio un fuerte tirón del brazo y le gritó al oído "¡Vozka!", el pelirrojo le sonrió de lado.
-No te muevas de aquí-. Obviamente era absurdo quedarse en un mismo sitio con la energía que Emma tenía, o eso pensaba. Empezó a bailar mientras iba avanzando entre la gente a trompicones. Ash se dirigió a la barra, hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien con una tía, además Emma le parecía un buen partido, del que pretendía disfrutar al máximo. Se acercó con su característica sonrisa a los demás.
-¿Qué pasa tíos?, ponme dos vodkas con hielo Diana-. Le guiñó un ojo a la camarera de rasgos cubanos, que le correspodío con otro. Steve le dio unas palmaditas en el hombro a modo de saludo y aprobación a su vez, lo que hizo que una parte de Ash se relajase. Pablo le dio la mano, y el resto simplemente asintieron al ritmo de la música.
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Atrapada en sus manos.
Action----------Jason poco a poco fue dejando de hacer fuerza, hasta que la liberó por completo. Una parte de Emma deseaba que no la soltase nunca, esa sensación de ser suya, estar a su voluntad, sumisa, la volvía loca. Adoraba estar atrapada en sus manos...
