No dejo de pensar en estos amigos de mi papá. Tengo un mal presentimiento respecto a su presencia en mi casa. Estoy tan sumergida en mis pensamientos que el ruido de la puerta cerrándose me trae de nuevo a la realidad.
—¡Hola, mi amor!—saludan alegres mis padres entrando a mi habitación.
Mis padres son parte de los empresarios más conocidos de México, sus nombres: Matías Saavedra e Isabel Esquivel. Mi papá es Abogado y mi madre es Administradora, aunque ambos unieron sus fortunas al momento de contraer matrimonio con el fin principal de ver crecer el Imperio de los Saavedra Esquivel.
Ellos tienen despachos jurídicos y hoteles en todo el territorio mexicano.
A pesar de eso, ellos nos han criado para ser personas humildes y respetar a todas las personas. Además de que mi papá siempre nos dice que ahorita puede estar en la cima, pero mañana puede quedarse sin nada.
No quisieron tener más hijos supongo que con sus trillizos tuvieron suficiente y por nuestros actos deben estar pagando por algo que hicieron en su juventud.
—¡Felicidades, mi niña!—dice mi madre abrazándome al mismo tiempo que me da un beso en la frente—. Yo estaba segura de que ibas a ganar en los cien metros mi amor. Eres una gran nadadora.
Mi madre es una mujer muy dulce y agradable. Mientras me abraza puedo oler su perfume que todos los años le regala mi padre en su aniversario de bodas.
—Desde luego que sí, amor-dice mi padre mirándonos con cariño—. Mi princesa es la mejor nadadora del mundo.
—¿Ya conociste a los Assad, cariño?—pregunta mi madre y asiento insegura—. Ellos son amigos cercanos a la familia y también socios de algunos hoteles. Su visita es por negocios, cariño. Por eso tus hermanos y tú cenarán con nosotros así que me cancelan todos sus planes.
—Deben presentarse de gala y no como los vagos que a veces aparentan ser—dice mi padre y me río por su comentario—. Tus hermanos ya están enterados.
—¿A qué hora es su dichosa cena?
—Es a las ocho de la noche. Y más vale que se comporten en especial tú, niña. Porque ellos serán sus socios—finaliza mi padre y asiento rendida.
Mis padres ya saben como cedernos su legado cuando cumplamos los veinticinco años y no me sorprende porque cuando escogimos nuestras carreras hicieron el contrato de cesión de sus bienes.
...
Salgo al jardín para despejar mi mente sobre el asunto de que estos dos hombres serán nuestros socios cuando tomemos posesión de lo que nos corresponda. Camino un buen rato bajo la sombra de los árboles, pero al regresar a mi casa la voz de dos personas hablando llaman mi atención.
—No tengo idea de cómo se vaya a tomar la noticia—escucho a Mohammed hablar sentado en una banca junto con su padre.
Creo que no se dan cuenta de mi presencia ya que los arbustos están grandes y logran darme un escondite. Me quedo quieta para escuchar mejor la conversación y tal vez lograr entender porque estos dos extranjeros están en mi casa.
—Yo tampoco lo sé, pero sabes que es lo mejor para ambos—habla el señor Assad mientras toma un vaso con agua—. Ella es una mujer maravillosa, dudo que encuentres a alguien como ella y si lo haces no tendrás mi aprobación.
—Lo sé padre, desde pequeño sé con quién contraería matrimonio, pero al parecer ella no tiene idea.
Pobre de la chica que tenga que casarse con él.
—Sus padres tendrán sus motivos por los cuales no le han dicho la noticia—Omar mira los jardines.
No sé porque la vida me odia o me castiga por algo ya que justo en ese momento siento algo caminar por mi brazo. Lentamente miro mi brazo en busca de lo que provoco que mi piel se sintiera rara.
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Charlotte
RomanceCharlotte Saavedra es una nadadora profesional mexicana que toda su vida ha perseguido sus sueños al lado de sus mellizos. Mohamed Asad es un árabe millonario y el hijo mayor de los Assad. Desde pequeños sus familias los unieron para que al cumplir...