Esta mañana desayuné sola ya que Mohammed tuvo un desayuno de negocios. Justo ahora estoy sentada aburrida en la cama de la habitación debido a que unos hombres están lavando la piscina donde tenía pensado estar todo el día.
¿Qué estará haciendo aquel idiota?, miro hacía el balcón. Y ¿si lo sorprendo en su oficina? Supongo que será más entretenido que estar aquí encerrada.
Me tomo un tiempo para darme un relajante baño, después de estar cantando como una loca y de que casi me cayera en la regadera por andar bailando; me dirijo hasta al armario para vestirme. Decido por un pantalón negro, una blusa blanca y unas zapatillas negras. Es un conjunto sencillo, pero sin duda es formal.
Solo espero que Mohammed no empiece con sus comentarios porque soy capaz de engraparle los dedos.
Con mucho cuidado bajo los escalones ya que no quiero caerme y que las cámaras de seguridad graben mi tragedia. Parece que no hay nadie en la casa ya que todo esta en silencio.
Mejor así.
Camino hasta lo que parece ser un estacionamiento por lo que me encuentro a varios hombres de seguridad hablando entre ellos.
Hay tres autos divinos junto con 4 camionetas de seguridad.Cerca de mi esta un auto negro divino. Si que saben elegir sus autos. Observo por la ventana pero no veo las llaves. Miro a mi alrededor pero no hay señal de donde puedan estar.
Sin querer toco el auto para apoyarme por lo que la alarma empieza a sonar muy fuerte.
Bien hecho Charlotte, eres tan discreta.
Los hombres de seguridad dirigen su vista hacía mi por lo que les sonrío avergonzada.
—Buenos días—saludo al ver a Román acercarse hacía mí.
—¿Se le ofrece algo, señora?—pregunta con respeto mientras me mira a los ojos.
—¿Señora? Pues donde me ves a los niños—digo molesta y él me mira arrepentido—. Quiero ir a la oficina de mi esposo. ¿Me pueden decir la dirección y darme las llaves del auto? Por favor.
Samir se acerca con cara de pocos amigos y niega mientras habla en árabe con los demás hombres y todos asienten como si obecedieran alguna orden.
Genial.
—Suba al auto, la llevare—dice Samir abriéndome la puerta trasera del auto.
—No, yo quiero conducir—camino decidida al asiento del piloto pero Samir se interpone en mi camino.
—Lo siento, no tiene permitido conducir—lo miro confundida—. Son órdenes del señor Mohammed.
Miro a Román y él asiente en forma de disculpa.
—Yo conduciré Samir—entro al auto a la fuerza—Hablare con Mohammed, pero para que estén tranquilos Román vendrá conmigo.
Román habla en árabe a los demás hombres y después de unos minutos entra al asiento del copiloto. Parece que está incomodo, pero finalmente ingresa la dirección al GPS del auto.
Salimos de la casa, me concentro únicamente en el camino ya que básicamente soy nueva en la ciudad, sin embargo no quiero depender de los guardaespaldas que Mohammed me asigno. Miro el retrovisor y me doy cuenta que una camioneta negra nos sigue muy de cerca.
—Román...Una camioneta negra nos está siguiendo—tomo con fuerza el volante y me cambio de carril.
—Tranquila, son Samir y más hombres de seguridad. Tenemos que cuidarla bien, ya que si algo le pasa el señor Mohammed es capaz de asesinarnos.
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Charlotte
RomanceCharlotte Saavedra es una nadadora profesional mexicana que toda su vida ha perseguido sus sueños al lado de sus mellizos. Mohamed Asad es un árabe millonario y el hijo mayor de los Assad. Desde pequeños sus familias los unieron para que al cumplir...