Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de Inadaze22 y fue beteada por Julietta Regneey.
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Capítulo tres: La vida lo cambia todo
Parte uno: Compartir es no preocuparse
Narcissa Black Malfoy amaba a su hijo; eso fue un hecho muy claro para Hermione en el momento en que se sentó.
Ella adoraba cuando él decía o hacía algo agradable, lo regañaba cuando actuaba como el idiota con el que Hermione estaba familiarizada y sonreía con orgullo mientras hablaba de su insistencia y de su obvia molestia por su trabajo y sus muchos logros.
Hermione se comió su tarta de melaza y trató de escuchar, su cerebro estaba a toda marcha. En una sola tarde había tenido cuatro conversaciones con cuatro compañeros de clase; los cuales habían cambiado para mejor. ¿Y dónde estaba Hermione? En el mismo lugar que cuando tenía dieciocho años, perdida, herida, culpable y sin un propósito.
Malfoy había crecido de las cenizas del niño aterrorizado que había visto en el salón de la Mansión a un hombre maduro, pero demasiado confiado. Por mucho que lo intentara, no podía verlo más como el idiota viscoso de la escuela. No, todo lo que veía era al hombre, que solía ser un niño, un niño que había mentido sobre su identidad y les había salvado la vida. Hermione casi se encogió ante el recuerdo antes de empujarlo a los oscuros espacios de su mente donde residían todos los otros dolorosos recuerdos de su pasado.
Fue un momento terrible para todos, no olvidaba los rumores sobre la ira de Voldemort después de que escaparon y supo que esta mujer y su hijo tuvieron suerte de haber salido con vida y en libertad. Hermione se alegró de ver que, al menos, la guerra los había cambiado para mejor.
—¿Puedo tener una cucharada de tu pastel Banoffee, Draco, mi amor? —preguntó la señora Malfoy con una sonrisa.
—No.
Los primeros veinte minutos después de que ella se uniera a ellos los pasó escuchando ociosamente su charla sobre varios temas que iban desde la belleza de las runas antiguas hasta el propósito de las muestras de tela. Era fácil ignorar las miradas calculadoras de Malfoy, pero en el fondo, Hermione era paranoica hasta el punto de la ansiedad. La invitación de Malfoy para el postre había sido una trampa. Ella lo sabía. No sabía de qué eran capaces.
Esperó a que el otro zapato cayera durante tanto tiempo que se preguntó si caería del todo.
Quizás sus intenciones eran honorables.
Al menos las de Narcissa.
Hermione se movió en su asiento. Incluso después de aceptar que no iban a interrogarla, todavía se sentía tensa y miserable. La profunda vergüenza que le causó el incidente con Harry la hizo sentir quebradiza e inquieta y su conversación con Pansy la había dejado en carne viva. Y a pesar de que estaba más que cansada, Hermione mantuvo la guardia alta y nunca dejó que afloraran sus verdaderos sentimientos. Habló con confianza cuando se requirió y expresó su opinión cuando se le preguntó, pero permaneció pensativa y callada durante el resto del tiempo. El frente valiente que había puesto estaba empezando a doler.
—¿Por favor, amor? —la señora Malfoy le sonrió a su hijo.
—No —repitió Malfoy y puso los ojos en blanco. Con perfectos modales de mesa, se comió otra cucharada de pastel.
Las comisuras de los labios de Narcissa perdieron la lucha contra la gravedad y se deslizaron en un ceño fruncido.
—¿Por qué no?
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Desgarrada
FanfictionSintió algo parecido a la lástima por la mujer frente a él. Si bien eso lo perturbaba muchísimo, lo que realmente le disgustaba era el hecho de que algo había roto el espíritu de Hermione Granger más allá de la reparación.
