Todos pensaron mal

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Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de Inadaze22 y fue beteada por Julietta Regneey.

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Capítulo ocho: Todos pensaron mal

Primera parte: Noches de insomnio

27 de noviembre

—¿Cuánto tiempo estará inconsciente? —Draco le preguntó al Sanador mientras miraba a su padre.

El lapso entre los brotes psicóticos de su padre había disminuido en los últimos meses. Había tenido tres en las últimas dos semanas, y eso estaba poniendo ansioso a Draco. Más que nunca le imploró a su madre que entrara en razón y lo pusiera en San Mungo permanentemente, donde podría tener el cuidado constante que necesitaba.

Las pociones antipsicóticas no funcionaban.

Las medicinas muggles tampoco estaban funcionando.

Nada funcionaba.

Sus órganos se estaban deteriorando lentamente y su magia se estaba volviendo inestable. Era bastante obvio que Lucius Malfoy se iba a suicidar o se marchitaría ante sus ojos.

El Sanador no parecía demasiado optimista.

—Tal vez uno o dos días.

—¿Cuál, uno o dos días? —él chasqueó.

—Draco —dijo su madre con cansancio.

Su mirada se disparó hacia el pequeño sofá donde su madre estaba sentada junto a un estoico Blaise; ella estaba al borde de las lágrimas y eso logró ahogar su rabia. Aparte de los moretones en sus brazos, su ojo morado y la apariencia desaliñada; había salido sin mayor daño del último incidente con el padre.

Draco suspiró profundamente, se recompuso y escuchó al Sanador parlotear sobre los efectos de la poción que le había dado a su padre.

—Señor Malfoy —Draco visiblemente se enfureció ante el título—. Disculpe, Draco, pero lo que pasa con estas pociones es...

Esa misma noche, mi madre lo encontró tratando de apuñalarse con una daga. Ella hechizó la daga para que desapareciera, pero no esperaba que eso enfureciera a su padre. Salvajemente, se lanzó hacia su esposa, gritando palabras que sonaban como un lenguaje inventado y la lanzó al suelo, donde comenzó a abofetearla brutalmente. Draco se negó a pensar en lo que hubiera pasado si no hubiera entrado en la habitación cuando lo hizo. Era un pensamiento tanto doloroso como enojado.

—Así que por eso no puedo decirte si la poción durará uno o dos días —Draco no había escuchado una palabra, pero asintió como si lo hubiera hecho y el Sanador continuó—. Voy a curar los moretones de tu madre, si tienes más preguntas, no dudes en hacerlas —con eso, el joven Sanador se volvió y caminó hacia su madre.

Hubo un pequeño intercambio entre Blaise, su madre y el Sanador antes de que los dos últimos salieran juntos de la habitación. No fue hasta que se cerró la enorme puerta del dormitorio que Draco miró a su mejor amigo. Blaise, por supuesto, se relajó en el sillón como si instintivamente supiera que una diatriba de Draco Malfoy estaba a punto de ocurrir. Había sido testigo de suficientes de ellas en el pasado para conocer los signos; mejillas ligeramente sonrojadas, su típica mueca Malfoy y los ojos brillantes.

—Casi he tenido suficiente de esta tontería —se enfureció Draco mientras caminaba irritado junto a la cama de su padre—. ¿Qué tiene que suceder para que ella me escuche y lo deje en San Mungo para siempre? ¿Tiene que ir y matarnos a todos mientras dormimos antes de que ella me crea?

DesgarradaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora