62. Nosotros

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Por la mañana el departamento olía a desayuno. Yoongi escuchó desde la cama el sonido de la sartén, el agua corriendo, los pasos de Seokjin moviéndose por la cocina con eficiencia silenciosa. Se quedó acostado un momento antes de levantarse. Miró el techo.

Había estado a punto de alejarse de esto voluntariamente. Eso todavía era difícil de procesar.

En la oficina Jimin los vio llegar juntos y arqueó una ceja mientras le lanzaba una mirada a Wendy desde el otro lado de la sala. Wendy asintió sin levantar la vista de la pantalla.

Taehyung no notó nada porque tenía una presentación importante que preparar y estaba en su mundo.

Durante el almuerzo Yoongi entró al despacho del director. Cerró la puerta.

—Sobre la oferta de traslado, quería decirle que he tomado una decisión. Lo siento, voy a rech...

La puerta se abrió. Seokjin asomó la cabeza, evaluó la escena en dos segundos, y con una reverencia breve le dijo al director:

—Disculpe la interrupción. ¿Podría prestarme a Yoongi un momento?

Sin esperar respuesta lo tomó de los hombros y lo sacó al pasillo.

La sonrisa desapareció.

—¿Por qué ibas a rechazarlo? —dijo. La voz no subió de volumen pero tampoco tenía la calidez de siempre.

—Quería quedarme.

—¿Por mí?

Yoongi dudó.

—Iba a aceptarlo para alejarme —dijo al final—. Pero ahora no quiero irme. No mientras estamos construyendo algo.

Seokjin no respondió de inmediato. Miró al frente, al pasillo vacío, con una expresión que Yoongi no supo leer del todo pero que no era solo enojo.

—Eso es exactamente lo que no puedes hacer. —Era firme de una manera que hizo que Yoongi levantara los ojos—. Quedarte quieto por miedo es construir nada. Y si te quedas por mí, con el tiempo lo vas a resentir aunque no quieras. Lo vas a resentir y yo lo voy a notar y ninguno de los dos va a decir nada y eso va a ser peor que cualquier distancia.

—Seokjin...

—Yo sé lo que es quedarse en un lugar por las razones equivocadas. —Lo dijo sin mirarlo, con la vista todavía en el pasillo—. He visto cómo termina eso. Y no quiero ser la razón equivocada tuya. No quiero ser el peso que te impida moverte ni la excusa que usas para no intentarlo. Si este traslado es una oportunidad para ti, tiene que serlo de verdad, no a medias porque una parte de ti se quedó aquí.

Yoongi escuchaba sin interrumpir.

—Hay fines de semana —continuó Seokjin—. Hay vuelos. Hay teléfono. Hay formas de que esto funcione si los dos decidimos que las hay. Pero eso solo sirve si tú estás allá de verdad, no con un pie aquí y otro allá pensando que me estás haciendo un favor al quedarte.

Hizo una pausa. Yoongi no dijo nada porque no había nada que refutar y los dos lo sabían.

—No quiero ser tu ancla —dijo Seokjin, con voz más quieta ahora—. No me gustaría serlo. Y sé que tú tampoco querrías verme así, así que no me pidas que lo sea.

Yoongi sintió algo tensarse en el pecho. La honestidad de Seokjin tenía ese efecto, el de decir las cosas de una manera que no dejaba espacio para esquivarlas. No se equivocaba. Y precisamente porque no se equivocaba, era difícil de recibir.

Seokjin exhaló despacio. La tensión en sus hombros cedió un poco, como si hubiera estado sosteniendo eso desde que vio a Yoongi entrar al despacho del director y por fin hubiera podido soltarlo.

Apoyó la espalda contra la pared del pasillo.

—Yo también tengo miedo —dijo—. De que la distancia sea demasiado. De que en algún momento uno de los dos se canse. De que el nosotros construyendo no sea suficientemente sólido para sostenerse así. —Una pausa—. Pero ese miedo no me autoriza a retenerte. Y no quiero ser el tipo de persona que lo intenta.

Yoongi asintió. Prometió intentarlo.

Seokjin se quedó un momento en silencio, mirando el suelo del pasillo. Luego levantó la vista.

—Lo siento —dijo.

—Ya lo sé.

—No, en serio. —Algo en su expresión era diferente ahora, más incómodo y genuino—. La manera en que entré ahí y te saqué sin preguntarte nada. El tono que usé. No era necesario hacerlo así. Reacciono mal cuando me asusto, y eso no es excusa.

Yoongi lo miró.

—No me molestó —dijo.

—Me molestó a mí —respondió Seokjin—. No me gusta ese lado. Prefiero que lo sepas.

Yoongi pensó que era la primera vez que Seokjin se disculpaba no por lo que había dicho sino por cómo lo había dicho. Pensó también que eso decía bastante.

—Lo sé ahora —dijo, dedicándole una sonrisa.

Seokjin asintió. Y después de un momento, la calidez volvió a su expresión, despacio, como siempre volvía.

Mago [Jinsu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora