66. Nervioso

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Era viernes.

La maleta pequeña llevaba lista desde la noche anterior. El vuelo era a las dos. El metro en esta ciudad era predecible de una manera que todavía le sorprendía un poco; llegó a la terminal con veinte minutos de sobra y se quedó mirando las pantallas de salidas con el portafolios al hombro, verificando una información que ya sabía.

Entonces lo vio.

A unos veinte metros, también con maleta, también mirando las pantallas. El abrigo mal abotonado delatando que salió con prisa.

Yoongi parpadeó.

Seokjin giró la cabeza. Sus ojos encontraron los de Yoongi.

Cruzó la distancia.

—¿Por qué no avisaste? —dijo, y el tono tenía más filo del que pretendía, pero ya era tarde para ajustarlo—. Este fin de semana me tocaba viajar a mí. Si los dos viajamos, podríamos habernos cruzado en el aire.

Seokjin solo sonreía, feliz de verlo porque realmente lo extrañaba.

—Pensé que tal vez el mago me leería la mente.

Yoongi lo miró un segundo.

Luego se rió. Y Seokjin también, los dos riendo en medio de la terminal con gente moviéndose alrededor, maletas rodando, anuncios de vuelos saliendo por los parlantes, y nadie prestándoles ninguna atención particular.

—La próxima vez avisa si harás algo así —dijo Yoongi cuando pudo.

—Sí —dijo Seokjin—. Lo juro.

No lo prometía en serio. Los dos lo sabían. No importaba.

El departamento lo recibió con el olor a pintura que ya casi había dejado de notar. Seokjin entró, dejó la maleta junto a la puerta y examinó el espacio en silencio.

—El armario está en el lugar equivocado.

—Ya lo sé.

—¿Lo movemos?

Yoongi miró la maleta. Era grande, el tipo que uno lleva cuando no sabe bien cuánto tiempo se queda o prefiere no saberlo.

—No con esa maleta que trajiste.

Seokjin bajó la vista a su propia maleta y no dijo nada más sobre el armario.

Cenaron con lo que había, que tampoco era poca cosa porque Yoongi había hecho la compra el jueves. La conversación fue fácil. Seokjin preguntó por el trabajo. Yoongi le contó de la reunión del martes, de Junho y la costumbre de resolver los problemas solo antes de pedir ayuda, y de la presidenta que valoraba la comunicación directa aunque a veces con eso se refería a que todos los demás debían comunicarle las cosas a ella directamente.

Seokjin escuchó sin interrumpir.

—¿Cómo lo llevas? —preguntó al final.

—Bien. —Yoongi consideró parar ahí y luego no paró—. Es complicado para mí hacer las cosas sin los atajos. Estoy tratando de ir por mi cuenta ahora, aunque se sienta lento. Pero es más limpio.

Seokjin asintió. No queriendo entrometerse en un tema que no comprendía del todo.

Lavaron los platos entre los dos sin repartirse la tarea con ninguna lógica particular; Seokjin lavaba y Yoongi secaba y en algún momento se intercambiaron sin que ninguno dijera nada. Seokjin puso música desde el teléfono apoyado en el estante, algo que Yoongi no reconoció pero que no era molesto.

Terminaron en el sofá.

La distancia inicial fue la distancia normal de dos personas que se sientan sin intención específica.

Mago [Jinsu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora