65. Retroceder

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La nueva sucursal tenía sus propias dinámicas, sus propios códigos, sus propias jerarquías invisibles. Yoongi pasó los primeros días observando más que hablando, lo cual no era diferente de siempre, pero aquí no tenía años de contexto acumulado que sirviera de mapa.

Así que construyó el mapa de la manera que sabía.

Tocaba al pasar en las reuniones. Rozaba sin querer en los pasillos. Un segundo de contacto era suficiente para saber lo que habría tardado semanas en aprender de otra forma. La presidenta valoraba la comunicación directa y se impacientaba con los rodeos aunque los tolerara. El colega del escritorio de al lado, que se llamaba Junho, resolvía los problemas solo antes de pedir ayuda, lo cual parecía independencia hasta que Yoongi escuchó que era más bien miedo a molestar. La reunión de los martes era la más importante de la semana aunque en el calendario dijera lo contrario.

Era eficiente. Demasiado eficiente para ser honesto consigo mismo.

Lo pensó una noche con el teléfono en la mano. Seokjin le había escrito tres veces durante el día y Yoongi se dio cuenta de que no recordaba cuándo, porque había estado demasiado ocupado construyendo el mapa. Se quedó un rato mirando la pantalla sin responder, pensando en que llevaba semanas diciéndose que iba a dejar de apoyarse en los poderes. Que iba a hacer las cosas como cualquier persona. Que había aprendido algo.

Y en cuanto tuvo que empezar de cero en un lugar nuevo, volvió a lo mismo. Un paso adelante y diez atrás.

Aunque había una diferencia, y lo sabía aunque no le gustara admitirlo: antes usaba la magia con miedo. Miedo de que alguien lo descubriera, miedo de lo que pensarían, miedo sobre todo de que Seokjin lo supiera y que eso lo cambiara todo. Ese miedo había sido lo más pesado durante meses. Y ahora Seokjin lo sabía y no había cambiado nada. Seguía escribiéndole tres veces al día. Seguía siendo la misma persona que lo abrazó en un pasillo con la luz parpadeando sin pedirle explicaciones.

Eso no lo hacía menos incómodo consigo mismo. Pero sí lo hacía distinto.

Respondió los mensajes de Seokjin y luego revisó el resto. Wendy le había mandado una foto de su puesto vacío con el texto "aquí hay un asiento triste" y debajo una felicitación de navidad con un dibujo pequeño de un árbol que claramente había hecho ella misma. Jimin le mandó cuatro mensajes sin contexto aparente que terminaban con un "feliz navidad gruñón" y una cadena de emojis que Yoongi no se molestó en descifrar. Taehyung le envió un audio de cuatro minutos sobre proyecciones del trimestre que Yoongi escuchó con el teléfono lejos de la oreja, y en algún punto Taehyung añadió sin cambiar el tono "por cierto feliz navidad, te echamos de menos" antes de volver a las cifras como si nada.

Junho le había preguntado esa tarde si quería comer juntos. Yoongi había aceptado. Era directo y no llenaba el silencio con cosas innecesarias y hacía las preguntas correctas sin esperar más respuesta de la que uno quería dar. Habían comido sin que la conversación se forzara en ningún momento.

Yoongi lo había sabido desde el primer día, claro. Desde el primer apretón de manos en la presentación. Sabía cómo era Junho antes de que Junho abriera la boca, y eso seguía siendo el problema.

Esa noche estuvo un rato mirando el techo del departamento nuevo antes de dormir. La mancha pequeña en la esquina. El ruido de afuera con el ritmo equivocado. Pensó que Namjoon le había dicho una vez que la dependencia no desaparecía cuando desaparecía la magia, que quedaba en uno aunque el poder se fuera. Que había que hacer las cosas por uno mismo antes de que fuera demasiado tarde para saber cómo.

No había llegado demasiado tarde. Todavía podía aprender.

Mañana, se dijo.

Apagó la luz. Afuera, la ciudad nueva hacía el ruido de siempre, que todavía no era el suyo.

Mago [Jinsu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora