Capitulo 17

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Narrador Omnisciente

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Narrador Omnisciente

Todo el plan de los semidioses se estaba saliendo de control, así como su paciencia. Los vampiros se negaban a irse, creían que no debían dejar a sus compañeros y mucho menos en el estado en el que se encontraban.

Cada minuto que pasaba, era una tortura para los semidioses, se estaban conteniendo con todas sus fuerzas no lastimar a sus compañeros. Los lobos encadenados, al oler la desesperación y el enojo, se alteraban. Si bien, no podían salir de la barrera que pusieron, su autocontrol se estaba yendo por la borda.










En el Olimpo

Mientras esto sucedía, en el Olimpo, los dioses se encontraban preocupados, pues una nueva profecía se avecinaba.

Todos los dioses estaban reunidos, incluyendo al dios del inframundo, esperando por el dios del Sol.

La sala de reuniones se encontraba en completo, un gran estruendo los sacó de sus pensamientos. Vieron como el oráculo actual, Rachel, llegaba junto al dios del Sol.

— ¿Que es lo que ocurre Apolo? —pregunta el dios del trueno.

— Una nueva profecía llegó, quiero que la escuchen —si bien, el dios podía enseñársela, prefería que la oráculo se los dijera. Todos esperaron a que la chica empezara.

Vieron sus ojos cambiar a un verde brillante y como un humo verde salió de ella. Su voz se escuchaba completamente seria.

Los hijos del Olimpo,
en dioses se convertirán.

Junto al Clan más poderoso del mundo sobrenatural lucharán.

Aliados reunirán y en ellos dependerá, si la victoria obtendrán o su destrucción llegará.

Toda la sala se quedo en un completo silencio, la oráculo regresó a la normalidad. El dios del Sol, con una luz dorada la regresó al campamento mestizo.

Pasaron solo un par de minutos que se sintieron eternos. De alguna forma, todos sentían alivio al saber que no era una profecía que perjudicara al Olimpo, pero si trataba de las dos personas que consideraban más importantes en su vida. El primero en hablar fue el dios del inframundo.

—Creo... que todos sabemos de quienes se trata —.

—Su control está mal, en cualquier momento atacarán a sus compañeros —habla Afrodita con preocupación al ver lo que pasaba en el mundo mortal.

—Pensé que Elizabeth tenía todas las bendiciones —dice el dios del Mar.

—Le faltan dos bendiciones, igual que a Isaac —dice el Ares.

—¿Cuáles son? —pregunta Artemisa.

—Isaac no tiene la de Zeus —los dioses miran mal al dios, pero la que más sobresale es la de Hera—. Y la de Hestia —responde Atenea—. Y Elizabeth no tiene la de Dionisio y Hestia —ahora los dioses miran mal al dios del vino.

Semidiosa Swan «E.C & J.H» Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora