Abandonamos el edificio y nos montamos en el coche de Katherine. Arranca y se incorpora al tráfico.
-Normalmente no hay opción, pero en este caso tienes la oportunidad de elegir a tu defendido. ¿Alguna preferencia? -me dice ella.
-Preferiría a la esposa.
-¿Por algún motivo en concreto? -pregunta intrigada.
-Si se presenta la ocasión, siempre prefiero defender a la parte más afectada.
-Interesante. Pero no te acostumbres. Como te digo, casi nunca vas a tener esa opción. Bueno, dejemos ya de hablar del trabajo. Hablemos de ti. -dice ella alegremente.
-¿De mí? No hay mucho que saber.
-Vamos, algo habrá. Tu vida en España, tus amigos, tu familia...
-En Granada y Barcelona no hice más que estudiar y trabajar y gracias a ello estoy aquí ahora. A mis amigos los cuento con los dedos de una mano. De mi padre no sé nada desde hace 10 años y mi madre murió cuando yo tenía 12. Eso es todo.
-Siento lo de tu madre... Y lo de tu padre. -contesta con voz triste.
-No tiene importacia. Fue hace mucho tiempo.
-Es aquí. Tu piso está en este bloque. -dice, mientras para el motor y sale del coche.
Salimos del ascensor y giramos a la derecha. 10°A. Primera letra del abecedario y último piso del bloque. Me gusta. Comienzos y finales enfrentados y unidos en una misma cosa. Es interesante. Kate me pasa las llaves.
-Haz los honores. -me dice sonriendo.
Abro otra puerta más. En un día que llevo aquí creo que he abierto más de cinco puertas diferentes. Eso también me gusta.
Mi casa no es para nada como la esperaba. Es diáfana y eso me encanta. Siempre he querido vivir en una casa sin paredes. Los colores predominantes son el blanco y el negro. A la derecha está la cocina y conforme voy entrando, a la izquierda de esta, se encuentra el dormitorio. Al lado de la cama hay lo mejor que podía haber: una cristalera de dos metros de alto por otros dos de ancho con vistas a la ciudad. En el centro está el salón, con dos sofás de cuero negros que dan a un muro en el que hay una televisión de plasma y una chimenea. Hay un pequeño estudio en un hueco situado entre el dormitorio y la cocina, y el baño está a la izquierda de la puerta del piso.
-Pues sí que está bien la choza. -dice Kate.
-¡Está más que bien! Es perfecta. Me encanta. -contesto como si fuera un niño al que le acaban de regalar su juguete favorito.
-Bueno, será mejor que me vaya y deje que te instales.
-¿Ya te vas? -pregunto un poco consternado ante la idea de su marcha.
-Sí, es tarde.
-¿Tarde? ¡Pero si no son ni las nueve y media de la noche!
-Ya, a ver si me dices mañana lo mismo. Entramos a trabajar a las 6:30, y al ser tu primer día en el trabajo y en Los Ángeles sin compañía, te recomiendo que madrugues bastante para ver cuánto tardas en llegar al trabajo teniendo en cuenta el tráfico y todo lo que conlleva desplazarse por aquí en hora punta. Por cierto, las llaves de tu nuevo coche están en la mesita de noche. El número de la plaza es el mismo que el del piso: 10A.
-¿Te veo mañana? -digo, mientras la acompaño hasta la puerta.
-Claro. -contesta alegrememte.
-Hasta entonces.
-Buenas noches, Fran.
Y cierro la puerta. Es la primera vez que me llama como realmente me gusta que me llamen y no he tenido que decírselo yo. Me gusta cómo es Kate. Es atenta (aunque puede que solo lo haga porque soy nuevo), se ha preocupado por que mi primer día aquí haya ido lo mejor posible, ha hecho que me sienta cómodo, ha intentado conocerme. Espero que sean esas acciones las que me gusten y no la persona que las lleva a cabo.
Los de detrás del cristal siguen sin dignarse tan siquiera a traerme un vaso de agua. Dicen que cambios bruscos en personas como yo no son precisamente buenos, pero que nos adaptamos rápidamente a las nuevas circunstancias. Bueno, os sigo contando...
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Lo que fue y no tuvo que haber sido
Mystery / ThrillerNunca imaginaste las consecuencias que tiene querer lo que no se puede tener.