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Uno de los policías me abre la puerta de casa de Ryan. Este, está en la cocina terminando de recoger el plato y la taza del desayuno.
-Más de 15 minutos de retraso, García. Eso no es normal en ti. ¿Qué te pasa?
-No es nada. Esta mañana he tenido que dejar a Kate en su casa y también he llegado a trabajar. Entre el tráfico y que hoy no es mi día... -le digo, negando con la cabeza.
-Espero que el hecho de que te estés tirando a la tía que me quiere meter en la cárcel no haga disminuir tu interés en querer ganar este caso.
-Uno: Kate no quiere encerrarte. Dos: me duele tanto como a ti, pero este caso está perdido, Ryan. Y tercero: he venido para repasar tu declaración, no para que me des consejos sobre cómo tratar a una mujer, de lo que tú, por cierto, no sabes mucho. -le digo muy serio. Sin embargo, en cuanto termino la frase me doy cuenta de que me he pasado siete pueblos-. Lo siento mucho, Ryan, no quería decir eso. Perdona, no sé qué me pasa.
-No te pasa nada, Fran. Simplemente, tenías que decirlo porque hoy estás en otra galaxia, y en el fondo, es lo que piensas. Todos piensan igual. Hasta Sarah, que aunque no lo reconozca, sabe que fue un accidente.
-Ryan, sabes que yo no pienso eso. Si no, no habría aceptado defenderte cuando sabes que siempre prefiero a la parte afectada.
-Está bien. Perdóname tú también. Estoy muy nervioso y tengo miedo.
-Pues tranquilo, peor sería si no supieras lo que va a pasar. No quiero ponerte peor cuerpo, pero el fiscal será Derek Grey... -le digo, como si estuviera anunciado que alguien ha muerto.
-Joder, joder... -Ryan empieza a temblar-. Voy a tirarme, como mínimo, siete años aquí metido...
-A ver, Ryan, vamos a sentarnos. -le digo, acompañándolo al sofá-. Siéntate. Respira hondo. Y empieza a contarme lo que le dirás al juez.
Ryan empieza a soltar un monólogo bastante largo y va relajándose poco a poco. Suena bastante convincente, pero a mí es fácil convencerme, y además, no soy el juez.
Ryan termina de hablar y volvemos a repasar sus palabras. El resto de la mañana la pasamos respondiendo y reflexionando sobre preguntas que Kate, el juez o el jodido fiscal le pueden hacer. Solo quiero evitar que mi amigo quede ante la peor de las situaciones: que no pueda o no sepa contestar a algo y se avergüence delante de todos.

Miro el reloj y veo que son casi las 12:30.
-Ryan, me voy. Kate me ha invitado a comer y no quiero llegar tarde a otro sitio más. Por cierto, hazles un favor a las personas de la sala y aféitate y ponte guapo. Y, Ryan, tómate una tila y estáte tranquilo. -le digo yendo hacia la puerta.
-Fran, dile a Kate que siento haber causado tanto daño.
Asiento con la cabeza y salgo del piso.

Toco el timbre de casa de Kate y, a los pocos segundos, esta abre la puerta. Me lanzo a su boca en cuanto la veo. Apenas me ha dado un beso esta mañana, cuando le he dejado el café en la mesa, y desde entonces, ni siquiera hemos cruzado palabra.
-Yo también me alegro de verte... -dice. Sin embargo, aparta la cara cuando me dispongo a besarla de nuevo-. Tenemos que hablar, pero no del caso de los Johnson.

La última vez que alguien me dijo que tenía que hablar conmigo fue cuando me comunicaron la muerte de mi madre. El médico que se sentó a hablar conmigo estaba nervioso porque no sabía muy bien cómo decirle algo así a un niño. Bueno, no es fácil hablar de eso ni con un niño ni con nadie. ¿Cómo le dices a una persona que nunca más va a poder ver a su madre, que nunca más le darás y te dará besos, que nunca más va a estar contigo?
El caso es que aquel oncólogo acabó deciéndomelo y lo entendí todo, a pesar de que tenía 12 años. Es verdad que fue hace mucho, y que he tenido tiempo para asimilarlo, pero todavía sigo sin creerme que mi madre no esté. Todos los días me levanto pensando en el desgraciado de mi padre y en que mi madre estará con él, luego me doy cuenta de que no, de que es todo mentira, que mi madre no está y nunca va a volver.
Ella fue la primera mujer que se largó sin darme explicaciones, la primera que me dijo una noche "hasta mañana" y al día siguiente ya no estaba, la primera que me dejó tirado sin previo aviso. Puede que por eso siempre haya sido yo el que dejaba a mis novias y a las chicas con las que salía, aunque también porque no me importaban mucho. Mi madre fue la primera mujer que me dejó, pero no iba a ser la última.

-¿Qué es lo que tenemos que hablar? -le digo con la voz quebrada.
-Llevo toda la mañana pensando en cómo decírtelo y sigo sin saberlo... A ver, Fran, no podemos seguir con lo que sea que estamos haciendo. Te quiero y te aprecio mucho, pero no como tú a mí. Eres especial de verdad. Una gran persona y nunca he tenido a nadie así, y no quiero perderte por que nuestra relación saliera mal...
-Ya ha salido mal, Kate. -le digo con un nudo en la garganta.
-De verdad que lo siento...
-Dime, Kate. ¡Dime cómo puedes venir hace dos días a mi casa diciéndome que solo puedes pensar en mi y estar dándome besos esta mañana y ahora me dices que no puede ser!
-Fran, lo he pensado mucho y es mejor así. -dice ella cabizbaja.
-¡Solo espero que ni George ni Sarah tengan que ver en esto! Y que tu compromiso de no hundir a Ryan siga en pie. -le digo bruscamente mientras salgo de su casa dando un portazo.

Lo que fue y no tuvo que haber sidoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora