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Atravieso el vestíbulo circular de camino a los ascensores. Viniendo en el coche he decidido que primero le leeré la cartilla a George, y bajando, pasaré por el despacho de Kate.

Doy dos golpes en la puerta del despacho de George Kennedy, entro y cierro la puerta tranquilamente. Sin embargo, me giro y descargo mi ira sobre él.

-Eres despreciable, ¿lo sabías? -le desafío, apoyando las manos sobre su escritorio-. ¿Cómo puedes decirme tan consternado y en plan colega que defienda a un amigo después de haber sido tú el causante de todo?

-Yo no empujé a Sarah por las escaleras, García. Tu amiguito es el único culpable. Lo que me sorprende es que no traigas una ceja partida viniendo de casa de ese animal.

-Eres un cabrón de mierda. -le digo, mirándole a los ojos. Me giro y salgo del despacho dando un portazo.

El ascensor se detiene en el piso 65. No sé muy bien lo que le voy a decir a Kate ni qué dirección va a tomar la conversación, pero estoy muy molesto con ella. Si siempre ha confiado en mí, no entiendo por qué me tengo que enterar de algo así por otros.

Llego a su despacho y entro sin llamar.

-¿Cuándo pensabas contarme lo de Sarah y Ryan? ¿El mismo día del juicio? -le pregunto indignado.

-Veo que lo sabes. -me dice ella desde la silla.

-Claro que lo sé, y no porque me lo hayas contado tú precisamente. El cabronazo de George me ha pedido que defienda a Ryan.

-¿Y qué te pasa con George ahora? -pregunta ella extrañada.

-¿Qué? ¿Qué tampoco me vas a decir que sabías que todo esto ha sido por culpa suya, y en parte, de Sarah también?

-¿Culpa de ellos? A Sarah la empujó Ryan, no George.

-Sí, sé que Ryan se equivocó y que Sarah es tu mejor amiga, pero también veo que sigues defendiendo a ese gilipollas. Creía que, al menos, tendrías la decencia de contarme lo que estaba pasando. -le digo indignado-. Se suponía que confiabas en mí.

-Y confío en ti, pero George me pidió que no te contara nada, que quería hacerlo él mismo.

-Claro que lo ha hecho, pero no me esperaba esto de ti. Creía que pasabas de lo que George decía, que te parecía un insolente y un creído.

-Mira, no sé qué te ha entrado con George ahora, pero él no tiene culpa de nada, Fran.

-Tienes razón, no tiene culpa. Pero, ¿a que no se te ha ocurrido ir a ver a Ryan? Lo ha hecho fatal, pero también es amigo tuyo y no tienes idea de lo hecho polvo que está. Y sí, me ha dado con George ahora, desde que sé que es un gilipollas, pero eso no es algo nuevo. Llevas haciéndole caso y no atreviéndote a llevarle la contraria desde que te conozco. Y no soy tonto Kate, sé que tuviste algo con él, y que todavía lo tienes presente.

-Fue hace mucho... -me interrumpe.

-Déjame terminar. -le contesto serio-. Llevo desde que te conozco esperando. Cinco años esperando a que abras los ojos, esperando a que te des cuenta de que en todo este tiempo no he hecho otra cosa que preocuparme por que ese imbécil no te manipule como él quiere, cinco años a tu lado, trabajando contigo, invitándote a comer a casa, ayudándote en lo que sea que has necesitado, esperando a que te dieras cuenta de que no soy el abogado del despacho de enfrente, y tú me lo pagas así. ¡Soy más que tu compañero de trabajo, Kate! Y eso no me lo puedes negar. -ella aparta sus ojos verdes de los míos, porque sabe que todo esto es verdad-. Todas las mañanas te llevo un café para ver una sonrisa en tu cara, porque me pareces la más asombrosa, enloquecedora, difícil y frustrante de las personas que he conocido. -vuelve a mirarme con el rostro descompuesto ante mis palabras-. Y te quiero, Kate. Así que, si te importo algo, aunque sea lo más mínimo, no hundas a Ryan, te lo pido por favor. -le digo con la voz quebrada. Recojo mi maletín del suelo y me voy, dejando a Kate en el despacho.

El ascensor llega rápidamente a la planta baja. Me siento como si me hubiera quitado el peso que me ha estado aplastando todo este tiempo. Hasta ahora no me he dado cuenta de lo mucho que necesitaba decirle las cosas claras a Kate.

Entro en el coche y conduzco hasta casa de Ryan. Cuando llego, vuelvo a encontrarme con los mismos policías de antes.

-Lo siento, no puede pasar. -me dice uno de ellos.

Me cuesta un poco convencerle, pero finalmente acepta. Ryan está sentado en el sofá y se gira en cuanto oye el ruido de la puerta abriéndose.

-¿Cómo ha ido con Kate? -me pregunta él intrigado.

-No sabría decirte. Le he dicho que la quiero.

La cara de sorpresa de Ryan hace que me ría y él también sonríe. Ver su sonrisa me alegra aún más.

-¿Tú? ¿Kate? ¿Desde cuándo?

-Desde hace más tiempo del que imaginas.

-Bueno, dejándolo todo a un lado, me gusta, es buena tía. -me dice él-. ¿Qué te ha dicho ella?

-Nada. No le he dado la oportunidad. He empezado a echarle en cara que no me haya contado todo esto y no sé cómo, he llegado a lo último. El caso es que lo he hecho.

-Bueno, espero que te salga bien la jugada. Toma. -dice pasándome un sobre cerrado-. Dale esto a Kate y que ella se lo de a Sarah. No sirve de nada, pero quiero que sepa cuánto siento haberle hecho daño. Puedes leerla si quieres.

-Se acabó el tiempo. -dice uno de los policías abriendo la puerta.

-Tienes que irte. -me dice Ryan.

-Ya. Oye, no te preocupes, creo que Kate será flexible y tendrá en cuenta que tú también eres amigo suyo. Todo va a salir bien, Ryan.

-Gracias, Fran.

-Todavía no hecho nada. -le digo desde la puerta-. Mañana después de comer vengo a verte. -le sonrío y salgo del piso.

-Buenas noches, señores. -me despido de los policías.

Lo que fue y no tuvo que haber sidoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora