Capítulo 35: Un poco de tu sangre

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El castillo de la M

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El castillo de la M.A, era una fortaleza hostil, que había permanecido con sus puertas cerradas desde que se derrotó a la policía militar en su interior.

Erwin miró la construcción a unos cuantos kilómetros de él, notando la bandera roja de esas desquiciadas, hondeando en la torre más alta del castillo.

-Tu turno Daira- le dice a su compañera y amiga, quien desmontó su caballo y miró a sus compañeros.

-Mantenganse alertas- pide antes de despegar del suelo y volar a una velocidad acelerada, hasta estar por encima de la fortaleza y desender lentamente.

Las vigilantes de la entrada se giraron impresionadas al ver que alguien había aterrizado dentro, y sin dudarlo le apuntaron con sus armas.

-¡No mueva un solo músculo o abriremos fuego!- gritó una general.

Daira se giró a verla y alzó la voz para ser escuchada por todas ellas.

-Vengo a ver a Amanda-

-Usted no es nadie para decirnos qué hacer, váyase por donde vino o abriremos fuego, le daré cinco segundos- advirtió la furiosa general sin despegar sus ojos de la invasora.

Daira suspiró.
-Adelante-

Esa respuesta molestó a la general, quien de inmediato gritó:
-¡Fuego!-

Las balas llovieron desde cualquier dirección, rebotando en el campo de fuerza rojo al rededor de la pelinegra.

Cuando los disparos cesaron, Daira eliminó el campo y de volvió a enderezar.

-¿Qué es todo este maldito escándalo?- las puertas principales del castillo se abrieron de par en par para revelar a la directora de la Mafia Armada, Amanda, quien al reconocer a la mujer a mitad de su patio delantero, sonrió.

-No puedo creer que finalmente nos visitaras, Daira Earthart- sonrió y se acercó a la mujer, como si no temiera que la asesinara con sus poderes.
-Te he estado esperando, ¿gustas un poco de té?-

-Claro, justo después de asesinarte, lo beberé sobre tu cadaver- amenazó Daira antes de sacar una navaja de su manga y sostenerla bien.

Dió un paso al frente para tomar su hombro con la mano libre, y la apuñaló justo en el abdomen.
No había esperado que la directora fuese tan ingenua y poco cautelosa para acercarse así. Por eso Daira no dudó en apuñalarla.

Amanda abrió los ojos a más no poder y jadeó de dolor. Y mientras se sostenía agonizante de los brazos de su atacante. De ponto comenzó a reír.

Daira frunció el ceño, y enseguida, el resto de mujeres también rió.

Amanda se enderezó y miró su herida, llena de sangre.
-Mira lo que le hiciste a mi traje- señala y toma el mango de la navaja.

Daira se sentía completamente confundida.

G U E R R A | LevixreaderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora