LOS OJOS DE MAMÁ

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Incluso si la obscuridad inundaba por completo la habitación, teniendo como única fuente de luz una vela y el poco brillo de luna, España se sentía totalmente cómodo en la penumbra.

Esta fecha era especial, en dos sentidos totalmente separados el uno del otro, como las manecillas del reloj cuando marcaban las 6:00, aunque apenas eran las 11:45.

Oh si, una fecha especial, cuando el reloj marcara la media noche sería el cumpleaños de Nueva España y también sería el aniversario luctuoso de Azteca.

Dio un suspiro mientras observaba un retrato enmarcado que adornaba una mesa de noche junto a su cama, acarició el marco sobre la zona donde se encontraba el rostro de Azteca.

Tan bien dibujando, con cada línea de expresión tan calcada del rostro original, un trabajo tan detallado solo podría hacerse con unas manos tan obsesionadas con el objeto a retratar como él lo estaba de Azteca.

Obsesión pura, esa palabra tan fuerte (fácilmente confundida con el amor) en conjunto con una terquedad que solo el propio España conocía, solo podía traer dolor.

...

Las campanadas que marcaban las doce, esas doce campanadas retumbaron por la casa, atravesando el comedor y la oficina de España hasta llegar a sus propios oídos.

Quizá no fue el único que escucho las campanadas.

— Son las campanas de la muerte— Su boca formaba un intento de sonrisa, más parecido a una mueca adolorida, mientras cerraba sus ojos y lágrimas ácidas caían por sus mejillas quemando por donde pasaban. —Quizá este año, finalmente me reclamen—

El amor debía ser algo hermoso, pero a España solo le lastimaba recordar cuando estuvo enamorado.

~○○○~

/ Las piernas le dolían de tanto correr entre las piedras y ramas endémicas de esa zona.

El olor a cenizas en conjunto con el olor a sangre le quemaba la garganta y, cuando

por fin llego al lugar, solo fue recibido por los gritos de la guerra y el resplandor del fuego/

Abrió sus ojos dejando salir un suspiro, encontrándose con el techo de la habitación que compartía con Río de plata. Ya había tenido ese sueño antes, siempre cuando esta fecha se acercaba, las primeras veces se levantaba gritando y, una vez entendía que era un sueño, comenzaba a llorar en silencio.

Pero ya tenía casi superado ese sueño, pero el casi se mantenía, no había forma de dejarlo totalmente atrás. ¿Cómo superas algo que te marcó tanto? Algo que te hizo tanto daño.

"Entonces, hoy es el día..." Pensó mientras mantenía su mirada vacía hacia la ventana, deseando poder dormir durante todo ese día.

Abecés se preguntaba ¿por qué aún no se había matado?, pero sus razones para seguir viviendo estaban en la casa y también fuera de ella, los pequeños de Centroamérica y su gente.

Cuando llegaron los primeros niños, siendo apenas unos bebés, había jurado por su vida mantenerlos felices y evitar que salieran lastimados por España, saliendo siempre a su defensa cuando el colono les levantaba una mano.

En el proceso había recibido múltiples azotes y castigos, pero prefería recibirlos el a que algunos de los pequeños sufrieran. Esa costumbre la había mantenido aun con los que ya no eran unos niños, como Río de plata, Chile y Colombia.

El sonido de las sábanas junto a él le hizo despertar de su trance, viendo a Rio de plata despertar a su lado. Sonrió y apretó la mano del celeste.

DESCARTANDO PRETENDIENTES Donde viven las historias. Descúbrelo ahora