Hacia ya mucho tiempo que no se emborrachaba por gusto, no estaba disfrutando de estas botellas de vino y otros licores. El recuerdo nostálgico y triste de la única mujer que realmente amo se mantenía presente delante de el.
El día que la conoció fue cerca de 2 semanas tras encallar en las costas de Verdadera Cruz, ¿o fueron meses? Ya no recordaba demasiado, pero la figura y el rostro de esa mujer se mantenían presentes.
El cabello era largo y de color negro, descuidadamente trenzado y amarrado con una cuerda dorada, sus ojos eran de color marrón, fieros y con un semblante serio que desentonaba con la belleza de ese rostro, su cuerpo estaba cubierto con dos largas telas que antes eran blancas y habían sufrido el paso de los años volviéndose mas amarillentas.
Una de esas telas cubría desde el busto hasta debajo de las costillas, la otra estaba amarrada a sus caderas y se deslizaba con soltura por sus piernas hasta las rodillas. Se mantenía descalza y sus vestimentas dejaban ver algunas cicatrices por sus piernas, vientre y brazos.
Su cabeza era coronada por un hermoso penacho de plumas y alguna que otra flor. Desde el momento en que la vio, a lo lejos trepada en un árbol y apuntándole con una lanza cuya punta era de obsidiana, supo que se había enamorado.
No tenía la finura y delicadeza de una mujer europea o asiática, su cuerpo tenía unas curvas poco pronunciadas y su busto lucia mas musculoso que abultado y quizás eso era lo que le había encantado.
Esa fiereza que se mezclaba con la hermosura natural de las mujeres, con unas largas y musculosas piernas y unos brazos que parecían capaces de noquearte sin problemas.
Su yo del pasado se congelo cuando la tuvo delante, jamás pensó que una mujer podía ser tan alta, ni que tuviera una fuerza para levantarlo de la camiseta y golpearlo contra el tronco de un grueso árbol.
- Tuvimos un pésimo comienzo, Azteca, pero yo te ame desde el momento en el que te vi...- Y tras decir eso, se empino la botella número 12.
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- ¿Que haces aquí? forastero...- Gruño la imponente mujer mientras tomaba del cuello de la camiseta a aquel hombre.
- ¿Eh?- No había conseguido entender eso. Sus piernas se balanceaban separados por casi un metro del suelo.
- ¿De que pueblo eres?- Volvió a gruñir en un idioma desconocido- Vienes desde el otro lado del rio salado ¿Que buscas aquí?-
- Heres hermosa...- La enorme nativa lo arrojo contra el suelo y puso su pie sobre el pecho de España.
- ¿¡ALGUN PUEBLO DEL OTRO LADO BUSCA GUERRA!?- Le apunto con la lanza a la frente y piso con mas fuerza el pecho del peninsular- ¡SI ES ASI! MI PUEBLO Y MIS GUERREROS NO LE TEMEN AL COMBATE-
Le dejo finalmente libre y dio media vuelta, perdiéndose entre los árboles y las plantas.
- ¡Señor!- Uno de los guerreros con los que venía España se le acercó y ayudó a levantarse- ¿Que sucedió? ¿Quién era esa mujer?-
-No lo se muchacho, pero quiero averiguarlo...-
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- ¡Nueva España! ¡Río de plata! Despierten- La voz de Colombia les llamo desde el otro lado de la puerta seguido de algunos golpes contra la madera.
- ¡Ya vamos!- Dijo el celeste mientras se estiraba.
- ¡Pues voy a entrar!- La chica abrió la puerta mientras cargaba con varias vendas y un caso con agua caliente.- ... ya me esperaba encontrarlos así -
- ¿Eh?- Río de plata se tallo los ojos y miro a su lado encontrados con Nueva España durmiendo abrazando a el.
El menor enrojeció de golpe y levantó la mirada hacia Colombia, la chica le sonrió y levantó ambas cejas.
- N-no es lo que piensas- Dijo mientras sacudía despacio a Nueva España- Solo dormimos-
- Ya se que si- Río- Nueva España no podría hacer mucho con la espalda lastimada y a ti no de veo muy de ese estilo-
- Nueva España, despierta- Repitió el sudamericano sin dejar de sacudir al mayor.
- Mmmmnn ¿porque?- se quejo Nueva España.
- Porque vine a curarte- La voz de Colombia lo hizo espabilar.
- ¡COLOMBIA...!- Se empujo hacia atrás tratando de salir de la cama y termino en el suelo-
- Yo ya se de ustedes dos- le sonrió- Y no le diré a nadie, lo prometo-
- No puedo confiar mucho en la mas chismosa de la casa- Dijo mientras era ayudado por Río de plata para levantarse.
- Vengo a curarte y en lugar de agradecer me acusas de chismosa- Dijo indignada mientras dejaba las cosas para curar sobre la mesa.
- Es que si eres una chismosa- Le dijo Río de plata.
- No lo soy, solo me gusta estar informada- se defendió poniendo su mano sobre su pecho- Ya no te curo nada Nueva España- Avanzo hasta la puerta y salió cerrando detrás de ella- Que lo haga tu novio.-
La habitación se quedo en silencio mientras el celeste tomaba entre sus manos las vendas y el agua caliente- Pues... alguien tiene que cambiar tus vendas-
El mayor asintió mientras se quitaba la camisa sentándose en la cama dando la espalda a Río de plata. Con cuidado, el menor retiro las vendas ya sucias y limpio con agua caliente las pocas heridas sin sanar que quedaban en la espalda del mayor.
- Casi has sanado por completo- Comenzó a enrollar el cuerpo de Nueva España con vendas limpias- Y casi no has sangrado.-
- Que bueno porque estas madres aprietan un chingo-
Una vez fijadas las vendas en su lugar, Río de plata se inclinó sobre la espalda de Nueva España y le dejo un beso en la coronilla. Le rodeó cuidadosamente por los hombros y recargo su mentón sobre la cabeza del mayor.
- Te quiero- Le dijo Río de plata y volvió a dejarle otro beso en la cabeza.
- También te quiero-
♤♡◇
¿Ustedes conocen el bloqueo del escritor? Pues lo llevo padeciendo toda la cuarentena.
Ayer justo le diagnosticaron Covit a mi Papá ¿sus familiares comos están?
Intentare volver a ser regular con las actualizaciones, estamos en terreno peligroso ahora.
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DESCARTANDO PRETENDIENTES
FanficUna historia sobre un país que se independiza de su supuesto padre, donde deja atras esa vida como colonia e intenta revivir aunque sea un poco de lo que solia ser antes de la conquista. Una historia de amor, sobre los pretendientes que México tuvo...
