Los Celos De Las Estrellas

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Cuando España abrió los ojos, se encontró con un lugar completamente oscuro. Estaba recostado en un suelo frío al tacto que se sentía igual a tocar un espejo, incluso era capaz de verse a sí mismo reflejado en ese suelo.

— ¿Que...?— Angustiado, España se puso de pie tratando de encontrar algo en aquella nada donde había despertado después de quien sabe cuánto tiempo.

Mira a quien trajo el río— España dejó de respirar por un momento después de escuchar esa voz, una voz que pensó jamás volvería a escuchar.

Se preguntó si debería darse la vuelta, estaba ansioso por girarse y ver a esa imponente mujer alta y musculosa de la que se había enamorado y por la cual su corazón aun latía, pero también tenía miedo de verla como la había dejado esa última vez hace años.

Date la vuelta y mírame, cobarde— Las palabras de Azteca le hicieron darse la vuelta para verla de frente, suspiro con alivio al ver que ella estaba intacta, no había una sola gota de sangre en su vestimenta ni tampoco estaba incrustada en su vientre la espada con la que España la había asesinado.

— Azteca...— Los ojos de España brillaban mientras la veía, no importaba cuantos años habían pasado el la seguía amando de una forma que pasaba la línea de lo insano y se volvía una obsesión que le hacía daño. — Sigues tan hermosa como la última vez que te vi—

Cuando estas muerta no envejeces... El otro mundo es mucho más diferente al que yo creía que conocía, también es muy diferente al que tú crees conocer— Azteca se cruzó de brazos mientras negaba con la cabeza.

— Entonces, ¿estoy muerto?— ¿Finalmente la muerte se lo llevó después de años suplicando por su llegada?

No, aun no, me preguntó cuántos siglos te quedan, no deben ser muchos—

— Si estarás ahí conmigo, espero que sea dentro de poco. — La vida se había sentido insípida antes de Azteca y, una vez ella se desvaneció del mundo terrenal, se siguió sintiendo insípida después de perderle.

Oh España, yo estaré ahí— Dijo Azteca levantando la barbilla de España para que le viera a los ojos, el sintió su corazón contraerse de la emoción, a pesar de que los dedos de Azteca se sentían fríos como la muerte misma. — De hecho... TODAS estaremos ahí

— ¿Todas...?—

Cada una de nosotras— España ahogó un grito al escuchar la tercera voz de otra mujer detrás suyo, se dio la vuelta, jadeando del susto, ahí estaba otra de las mujeres que se había encontrado por su viaje en el sur de América, el cabello de esa mujer era rojo y naranja, como si el sol mismo le hubiera prestado sus colores para teñir su largo y ondulado cabello— ¿Me recuerdas?—

Inca...— Cuando se topó con ella, pensó que tenía el mismo aire autoritario de Azteca, pero Inca no era esa guerra casi imparable de la cual se había enamorado.

Fui la tercera mujer que intentaste usar como remplazo de Azteca, pero nunca tuve sus habilidades en la lucha, yo no fui lo suficientemente salvaje para ti y entonces me capturaste junto a los gobernantes de mi pueblo y luego nos ejecutaste... aun siento el filo de esa hoja cortando mi cuello—

Más pronto que tarde, España y Azteca se vieron rodeados por mujeres iguales a ellos, cada una de esas mujeres habían caído muertas por España en el momento que el noto sus diferencias marcadas con Azteca, pocas era lo suficientemente fuerte para pelear de la forma en que Azteca lo hacía y las que lo conseguían flaqueaban en otras virtudes que Azteca si tenía.

DESCARTANDO PRETENDIENTES Donde viven las historias. Descúbrelo ahora