—¡Hola! ¿Me escuchas?
Una voz sonaba a lo lejos. Sentí una mano acariciando la mía, pero no pude abrir los ojos; tenía los párpados muy pesados. Un estrepitoso ruido me sobresaltó, logrando que esta vez los abriera un poco. Entonces volví a la realidad y recordé lo que había sucedido. El pánico se instaló nuevamente en mí y fui consciente de la mano que me sostenía. Dos hombres estaban a un lado de la cama en la que me encontraba descansando.
Esto no se había terminado; ahí estaban, esos sujetos. Mi temor se vio reflejado en el rostro del hombre que tomaba mi mano, impidiéndome deshacerme de su agarre lo más delicadamente posible.
—¡No!, no te haremos daño. Yo te encontré en el callejón, yo te llevaría a casa. —Sus palabras, más que una afirmación, parecían una disculpa.
—No te encontrabas bien, así que preferí traer a un médico para que te examinara antes. Te tuvo que dar un analgésico; te quedaste dormida y no pude llevarte a ningún lado. Estás en mi casa.
—Él es doctor. —Señaló al hombre que estaba a su lado.
Era un sujeto alto y rubio.
Se acercó mientras sacaba algo de su maletín.
—Hola, mi nombre es Evan Dankworth. ¿Cuál es tu nombre? —preguntó, paciente.
—Mi… mi nombre es Emma Bergdis Mathieson. —Mi voz sonó entrecortada.
—Ok, Emma, si me permites voy a revisarte, para asegurarme de que no tengas ninguna lesión severa. —Asentí, autorizando la revisión.
Examinó mi vista, mi cara, mis brazos. Después tomó un estetoscopio de su maletín. Traté de inclinarme un poco, pero fue muy doloroso.
—¿Dónde te duele, Emma? —Señalé bajo mi brazo, en la costilla derecha.
Se colocó el estetoscopio y me pidió que tomara varias respiraciones.
—Ok, bien, Emma. Te voy a pedir que me enseñes el lugar donde te duele debajo del brazo. No te preocupes, yo te ayudo con la blusa. ¿Me podrías dar un minuto? —preguntó.
El chico que me había ayudado se quedó mirando mi rostro con expresión turbada.
—¡Naithan! —lo llamó Evan, sacándolo de su trance.
—¿Me das un minuto? —Él asintió y se retiró.
—¿Lista? —preguntó.
Lo autoricé y, con mucho cuidado, estiró mi brazo. Levantó mi blusa, la sacó por mi cabeza y el brazo izquierdo para dejarla fuera. Permanecí recostada mientras examinaba mi espalda, después mi costado y estómago. Podía ver a un lado y sobre mi abdomen un par de enormes moretones y, en las muñecas, marcas rojas por el cable con el que las habían sujetado. La expresión de Evan era indescifrable; me observó un instante.
—Se ve peor de lo que en realidad es —dijo, convencido.
—Emma, ¿esos tipos abusaron de ti? —su voz sonaba preocupada.
—No. Antes de perder el conocimiento me pareció verlos forcejeando, después un disparo y ya no supe más. —El recordarlo me hizo un nudo en el estómago y un temblor recorrió todo mi cuerpo.
—Bien, lo importante es que no hubo violación y las lesiones no son internas. Son fracturas simples y hematomas que deberán desaparecer en unas cuantas semanas.
Recordé que me había desmayado. No era consciente del tiempo ni de sí, en el transcurso de esos minutos, había sucedido algo. Sentí pánico, así que respiré lo más profundo que pude.
—Doctor… ¿y si en el tiempo que pasó mientras estaba inconsciente?... —Él comprendió mientras me observaba.
—¿Tienes dolores abdominales o pélvicos?
—No, nada de eso —respondí segura.
—¿Quieres que te revise para que no tengas dudas? —preguntó amablemente.
Dudé un momento. Sentí cómo el calor subía por mis mejillas; siempre era vergonzoso eso de ir al ginecólogo, pero no tenía opción. Tenía que descartar. No iba a estar tranquila hasta asegurarme de que no había pasado nada, así que permití que me examinara.
Después de unos minutos, Evan confirmaba que todo estaba bien. No había pasado nada. Sentí un gran alivio. Me volvió a ver con rostro preocupado y señaló mis piernas.
—Estos hematomas también van a desaparecer. Como dije antes, parece más alarmante de lo que realmente es, ¿ok?
Me miró esperando algún tipo de respuesta de mi parte, tratando de asegurarse de que estaba bien. Solo afirmé con un ligero movimiento de cabeza.
Llamó a Naithan y empezó a explicarle:
—Son fracturas simples y hematomas que irán desapareciendo. Tiene que guardar reposo un par de días. Estos analgésicos debe tomarlos cada ocho horas.
—Doctor, no es necesario, puedo hacerme cargo. Debo regresar a casa —le aseguré.
—Está bien, Emma, pero debes guardar reposo al menos por tres días. Quédate unos minutos más descansando. Naithan no tendrá inconveniente con eso. —Observó a Naithan con curiosidad.
Él lo miró sin comprender y, de pronto, su expresión cambió como si lo entendiera todo. Lo fulminó con la mirada.
No entendía su comportamiento en absoluto. Fue entonces que vino a mi mente Elena. «¡Dios! Ha de estar como loca si ya llegó a casa y no me encontró. ¡Me va a matar!». Busqué con la mirada mis pantalones y mi chaqueta; se encontraban en un sillón. Traté de moverme para tomar mi ropa, pero antes de hacer otro torpe movimiento…
—¿Necesitas algo? —preguntó Naithan.
Lo observé un momento. Tenía el pelo castaño no tan largo, caía a un lado; ojos de un color azul zafiro, mandíbula fuerte. Era alto, y atlético. Debía admitirlo: tenía toda la pinta de chico malo, pero… bueno, eso ahora no importaba. Debía hablarle a Elena.
—¡Sí! Mi teléfono debe estar en la bolsa de mi chaqueta —le señalé.
—No te preocupes, Naithan te llevará a tu casa. Y cualquier cosa que necesites, solo llama —dijo Evan mientras me entregaba su tarjeta, para luego despedirse.
Tanto Evan como Naithan salieron de la habitación. Me quedé unos minutos sola, pensando en todo lo que había pasado, cuando la voz de Naithan me sacó de mis pensamientos.
—Hola. Tengo algo de ropa. Me imagino que quieres cambiarte. Es una de mis playeras y unos pantalones; son cómodos —dijo con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Sí, gracias. No quisiera abusar de tu amabilidad, pero… me gustaría ducharme, si es posible —pregunté un poco avergonzada, pero me sentía sucia.
—Por supuesto, lo que necesites.
Entró al baño unos segundos y después apareció nuevamente, tomándome por sorpresa, con su intención de ayudarme a dirigirme al baño. Tuvo que levantarme hasta quedar de pie para que pudiera dar unos pasos y llegar al fondo de su habitación. El dolor era fuerte. Abrió la puerta para mí y me ofreció la ropa.
—Voy a estar aquí afuera por si necesitas algo. —Solo asentí y cerré la puerta.
ESTÁS LEYENDO
El Protector
FantasySINOPSIS Las expectativas sobre mi futuro nunca fueron las más ambiciosas, sólo buscaba aunque sea una sola vez, montar una exposición de mis pinturas, seria feliz el resto de mi vida, pero dios, universo, como ustedes quieran llamarle, tenía plane...
