Di unos cuantos pasos hacia el espejo. Examinaba las marcas en mis muñecas; froté mis dedos sobre una de ellas. «Esto es algo que no debería vivir ningún ser vivo, pero las marcas se irán; Naithan apareció en el momento preciso», sonreí, mientras levantaba la vista al espejo para quedar petrificada.
Todo el tiempo desde la agresión había sentido dolor, pero no era consciente de las lesiones en mi cara. Uno de mis ojos estaba casi cerrado, hinchado y rojo por el golpe; un lado de mi cara estaba rojo, con las marcas aún de unos dedos. Mis labio inferior estaban teñido por la sangre ya seca; había una pequeña cortada y estaba algo hinchado.
En mi frente había otro moretón. Recordé que fue en la furgoneta.
Mientras me miraba al espejo, mis ojos se llenaron de agua y lágrimas negras por el maquillaje empezaron a caer. Abrí la llave del agua para lavarme la cara. Cuando me la secaba, pude ver los pantalones cortos que traía puestos: dejando visible varios moretones en las piernas, un poco más grandes que los de mi cara. Mi piel era pálida, lo cual hacía que se viera terrible, pero, como había dicho Evan, luce más alarmante de lo que es.
Me fui a la ducha. Dentro había una silla: «La acababa de poner Naithan», sonreí.
Los hematomas me recordaban cada golpe. «Lo soporté y aquí estoy» —pensé; lloré lo que pude bajo el agua.
Me vestí y, mientras cepillaba mi cabello, nuevamente miré mi reflejo en aquel espejo. Fue entonces que recordé mi pesadilla: los golpes eran en los mismos sitios que en ella. ¿Entonces había sido más una premonición o solo coincidencia? No sabía qué creer, cuando de repente la voz de Naithan me sacó de mi trance.
—Emma, ¿necesitas algo?, ¿todo bien? —se escuchaba algo impaciente.
Di un par de pasos y, mientras abría la puerta, respondí con una sonrisa amable.
—Gracias, ya he terminado.
Y ahí estaba, parado frente a mí. Sus ojos grandes, color mar, me miraron, pero esta vez era diferente… Era como la mirada de un niño: pura y, a la vez, sorprendida, como si le hubieran mostrado algún truco de magia.
Esperé a que me dijera algo, pero no lo hizo, así que fui yo quien rompió el silencio.
—Sé que se ve fatal, pero espero que desaparezca pronto —dije algo avergonzada.
Me observó como si no me hubiera comprendido y después reaccionó.
—Sí, no… desaparecerá —no se escuchaba convencido, mientras sonreía tratando de disimular—. Tengo un poco de sopa, debes comer algo.
—Sí, gracias. Me sentará bien —sonreí tímidamente.
Me ayudó a sentarme en la cama para después aparecer con un plato de sopa y una malteada de chocolate. Él no probó bocado; solo se dedicó a observar. Después de unos minutos, pregunté:
—¿Cómo fue que llegaste al callejón?
Su rostro se ensombreció.
—Venía de ver a unos amigos. Pasaba por ahí cuando escuché el disparo, así que me acerqué y vi lo que pasaba. Entonces una sirena sonó a varias calles y esos cobardes huyeron —su mandíbula se tensó y pasó su mano por su cabello, exasperado.
—Pues siempre estaré agradecida contigo; llegaste como enviado del cielo.
Era verdad, estaba agradecida con él. Fue mi ángel llegando al rescate. Su expresión cambió nuevamente: me contempló con ternura, su postura varió, descansando su barbilla en su mano, permaneciendo así unos segundos para después ponerse serio otra vez.
Empezó a preguntar dónde me encontraba cuando me atacaron. Le conté cómo había sucedido, cuando un sonido me asustó: era una alarma. La apagó y tomó un frasco que contenía los analgésicos que Evan me había recetado. Me pasó un vaso de agua y la pastilla.
Gracias —sonreí—. Fue entonces que recordé a Elena. Debo irme a casa.
Me observó pensativo y después fue a su armario.
El cansancio empezó a invadirme nuevamente. Se acercó para colocarme una sudadera con capucha que, obviamente, me quedaba enorme. Tomó unas llaves de la mesita de noche y las guardó en su chaqueta. Luego se acercó a mí con curiosidad; se sentó a un lado de la cama y, para mi sorpresa, tomó mi rostro con sus manos. Sus ojos no dejaban de examinarme meticulosamente. Me quedé desconcertada. Sus ojos se encontraron con los míos; mi estómago se estremeció hasta llegar a mi pecho. Pude ver cómo su mandíbula se tensaba.
Apartó un mechón de cabello de mi cara; su sonrisa iluminaba sus ojos. «Dios, este momento debe estar en mi tracklist», pensé.
Unos segundos después, sacudió la cabeza como tratando de apartar sus pensamientos, para luego volver a su expresión seria.
—No debes moverte mucho, así que te llevaré en mi regazo —no fue una pregunta: era un aviso.
Me tensé un poco. El hecho de su cercanía ya resultaba bastante intenso, pero tenía razón: apenas podía estar de pie.
Me levantó con mucho cuidado y con tanta facilidad que no parecía esforzarse.
Salimos de la habitación y, mientras cruzábamos lo que parecía ser la sala y la cocina, una pieza amplia, sin ninguna división, noté la decoración minimalista del lugar.
Cuando llegamos a la puerta, se detuvo y se volvió hacia mí. ¡Esa mirada de nuevo!
—¿Te sientes bien? ¿No te causé dolor?
—Nada que no pueda soportar —le sonreí.
—Lo sé —una sonrisa se dibujó en su cara. Después se acercó a mí y depositó un beso en mi frente.
Quedé atónita; eso fue inesperado. Pero una especie de alegría me invadió, y fue ahí cuando llegó a mi mente «Can’t Take My Eyes Off You», de Frank Sinatra. Agregada a la lista. Sí, lo sé, ¿cómo podía pensar en eso ahora? Pero también era algo nuevo para mí, y esto no era algo que ocurriera todo el tiempo, así que me permitiría fantasear solo esta vez.
A medida que bajamos unas escaleras, mis ojos iban pesando cada vez más. Cruzamos lo que parecía ser una especie de taller, para después finalmente salir a la calle, tras oír cómo se cerraba una puerta. El frío de la noche golpeó mi cara.
Naithan abrió la puerta del auto y me acomodó en el asiento. Traté de permanecer despierta, pero el sueño me venció.
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El Protector
FantasySINOPSIS Las expectativas sobre mi futuro nunca fueron las más ambiciosas, sólo buscaba aunque sea una sola vez, montar una exposición de mis pinturas, seria feliz el resto de mi vida, pero dios, universo, como ustedes quieran llamarle, tenía plane...
