Estaba en penumbras que fueron desvaneciéndose para darle paso a una luz tan brillante que, de ella, pareció emerger algo en mi dirección. Se acercó a mi rostro y solo pude articular:
—¿He muerto? —pregunté, siendo eso más una súplica, sintiendo el alivio que solo la muerte podría brindarme en ese instante.
Intenté acercarme, tratando de tocar su rostro, pero el dolor me asaltó nuevamente.
—No, no estás muerta —su voz sonó serena.
El dolor me lo hizo comprender: hubiera preferido estar muerta para no sentirlo. Entonces pensé, aterrorizada, logrando que toda pizca de alivio que antes sentí desapareciera: «aún estaba en el callejón con esos tipos».
—¡Por favor, no diré nada! ¡Déjenme ir, por favor! —le supliqué entre sollozos que apenas podía emitir.
—No, tranquila, ya no te harán daño. Estaba cerca cuando escuché un disparo —sonaba sincero.
—Llamaré a emergencias —decía mientras sacaba, al parecer, el teléfono de su chaqueta.
—¡No, por favor! ¡Por favor! —le supliqué.
—Solo llévame a casa… solo a mi casa —dije mientras mi voz se iba disipando junto con mi conciencia.
Traté de abrir los ojos, pero los párpados pesaban. Pude ver la silueta de un hombre que me observaba al pie de mi cama, pero no pude distinguir quién era. El dolor en mi cara y en mi cuerpo era demasiado. Quien fuera, no estaba solo: hablaba con alguien más.
Intenté abrir nuevamente los ojos, pero solo podía ver la sombra de aquel hombre. No lograba ver de dónde provenía la otra voz; sonaba tan pacífica.
Inmediatamente, un calor se instaló en las plantas de mis pies y comenzó a ascender por todo mi cuerpo. Era tan reparador que el dolor desapareció y, al cabo de unos segundos, me quedé profundamente dormida.
ESTÁS LEYENDO
El Protector
FantasySINOPSIS Las expectativas sobre mi futuro nunca fueron las más ambiciosas, sólo buscaba aunque sea una sola vez, montar una exposición de mis pinturas, seria feliz el resto de mi vida, pero dios, universo, como ustedes quieran llamarle, tenía plane...
