Capítulo 22: Perderla.

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PDV Diablo

Fue la primera vez que la ví.

Sentada en el sofá de la mansión, temblando, rodeada de toallas y mantas mientras mamá la llenaba de preguntas.

Estaba hecha un completo desastre, de pies a cabeza. Empapada y con un color enfermizo, verdoso casi transparentoso. No se atrevía a alzar la mirada para vernos.

Yo solo tenía 16 años. Me acerqué a paso firme a ella y toqué su hombro con 2 de mis dedos. Vi que se encogió en miedo y eso me hizo enojar.

Nunca me ha gustado que me ignoren.

-Oye.- la llamé. -Te estoy hablando.

Entonces, alza la mirada.

Y mi mundo se paraliza.

Sus ojos eran tan azules y brillantes como dos zafiros recién pulidos. Y su rostro era jodidamente angelical. Mi cabeza pareció explotar ante semejante espécimen.

Nunca había visto a alguien con una belleza tan... Pura.

-Hola.- y mierda, su voz... Tuve que cerrar los ojos para disfrutar y grabar cada nota que salía de sus labios. Pero eso solo fue un segundo.

Me recompuse y aclaré mi garganta, estirando mi mano hacia ella. -Soy Diablo.

Ella duda y mira a mi madre en busca de aprobación, cuando la recibió, estiró su mano y tomó la mía en un suave apretón. -Soy Donaire.

Puedo sentir miles de corrientes eléctricas recorrerme de pies a cabeza al tacto. Sin embargo, no lo hago ver. Le sonrío con la boca cerrada y asiento con la cabeza.

-Tu cabello es muy feo.- suelto sin pensar.

Idiota.

Veo que ella baja la mirada, avergonzada y yo recibo un golpe de mi madre, haciéndome quejar.

-¿Qué? Es como un nido de pájaros.

-Porque está empapado y sin peinar.- me reta. -Ahora vete a darte un baño y a descansar, apestas a pólvora y muerte, yo le ayudaré a Donaire a que se acople.

Ruedo los ojos y asiento antes de caminar hasta la escalera. Volteo unos segundos hacia donde ambas estaban y puedo notar a Donaire mirándome.

Al verse pillada, baja la mirada sonrojada y yo... Yo solo puedo sonreír para mis adentros y seguir con mi camino.

Fue la primera vez que me vió matar.

Esa noche de marzo, asesiné a uno de los sirvientes, que nos iba a traicionar, frente a los demás.

Solo tenía 17 años y ella 15.

Recuerdo su mirada de terror cuando me acerqué a ella. Creyó que era la siguiente pero solo pude murmurarle:

-¿Puedes prepararme una ducha caliente, por favor?- veo como ella asiente y entra a la casa tan rápido que es como ver pasar un rayo amarillo.

Esa noche estábamos charlando mientras ella lavaba mi cabello. Era como si yo fuera su amo y ella mi esclava, pero no lo sentíamos así.

Ella me obedecía, yo le ordenaba, y estábamos felices de esa forma. No era nada sexual, las burbujas de la tina me cubrían todo lo que se necesitaba. Solo era cercanía y paz.

Ella era mi paz.

-¿Vas a matarme algún día?- me pregunta en susurro, frotando mi cabello con sus dedos. -Así como a él...

-Jamas.- es mi respuesta inmediata. -Nunca te haría daño, Donaire. Puedo ser un idiota asesino pero... Nunca te mataría a ti.

Eso la hace sonreír de alivio y a mi de orgullo por mi mismo. Por primera vez en mucho tiempo sentía que estaba haciendo lo correcto.

Fue la primera vez que me desvelé a su lado.

El día de su cumpleaños 17, ambos nos acostamos en unas mantas que pusimos en el sillón de mi terraza. Fue una de las mejores noches de mi vida.

Vimos las estrellas, las contamos, hablamos de cosas triviales y me contó sobre su apodo: "Ángel".

Desde entonces comencé a llamarla así, notando como sus ojos se iluminaban al escucharme. Notando lo enamorada que estaba de mi.

Notando lo enamorado que yo estaba de ella.

Dicen que los demonios y los pecados son atrapantes e intoxicantes, pero en mi caso, yo caí por un ángel caído del cielo a la tierra.

Caí por sus caricias.

Caí por su sonrisa.

Caí por su mirada.

Caí por sus besos.

Caí por ella.

Papá solía decir que a cada demonio se le destinó un ángel, a cada ángel se les otorgó la misión de cuidarnos o destruirnos. Ella hizo ambas cosas.

Me hizo sentirme amado, me hizo sentir cosas que no debía, me hizo hacer cosas que no debía y aún así... No me arrepentí ni un solo segundo de ello. Porque ser amado por ella era como ser rodeado por luz en su estado natural cuando toda tu vida has caminado en las sombras.

Ese fue el problema.

Mi oscuridad es tan... Negra y tenebrosa, tan fría... Que no tardó demasiado en consumirla a ella. Vi como lentamente su luz se fue apagando en la casa. Se volvió una sombra que vagaba por los pasillos cada tanto tiempo para atender a los señores de la casa.

Poco a poco, esa luz se extinguió, y con ella, su espíritu.

Fue mi culpa el haberla extinguido. Fue mi culpa haberle roto el corazón ese día. Fue mi culpa no haberle dicho lo que realmente sentía. Fue mi culpa el no haber confesado que la amaba.

Mamá solía decirme que tuviera cuidado con los miedos porque solían robarse sueños. Y el miedo se robó mi sueño más grande:

Estar con el amor de mi vida.

Porque no paro de pensar en qué habría pasado si no hubiera sido un cobarde, si no hubiera temido a mis propios sentimientos, a un desenlace caótico que posiblemente nunca hubiera pasado.

Porque ella me amaba, y yo la amaba de vuelta, me faltaron huevos para admitirlo en voz alta.

Porque ahora ya no hay nada que hacer. Porque ahora ya no existe un "hubiera", tal vez nunca lo hizo.

Mi corazón late desenfrenadamente al verla salir de la oficina de mi padre. Y se hace pedazos cuando nos pasa a mi y a mis hermanos de largo, con la mirada el alto.

Creo que es lo que llaman Karma. Y el karma que viene a mí es jodido.

Porque estoy a nada de perderla y no sé que hacer para evitarlo.

Porque estoy a nada de perderla y no sé que hacer para evitarlo

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Diablo. || Libro #1 "BEAST" TERMINADADonde viven las historias. Descúbrelo ahora