La abuela solía decir que tu nombre dejará una huella en la historia de muchas personas, que te identifica y te da un sentido de identidad desde tu nacimiento hasta tu último aliento.
El mío es Donaire, Donaire Warfire, gracioso si buscamos el s...
No lo digo porque sienta cerca mi muerte o algo parecido, tampoco de forma paranormal; sino que, desde que tengo uso de razón, el cielo siempre logra expresar mi sentir.
Nací el 6 de junio, en época de huracanes, sin embargo, papá solía contarme que el cielo negro se iluminó y el sol resplandeció como nunca antes lo había hecho.
En mis cumpleaños, siempre estaba soleado, nunca había nubes en el cielo, ni un trueno, ni una pequeña llovizna. Siempre reflejaba la felicidad de mi alma.
El día del incidente, la lluvia comenzó a caer cuando me sentí en peligro, cuando el que ahora sé era Diablo llegó a mi casa y dio un disparo al aire.
Y solo empeoró apenas puse un pie fuera de ella.
El cielo parecía querer caerse a pedazos a cada gota que soltaba. Los truenos eran como gritos de angustia que mi garganta no podía soltar.
Y los relámpagos... Los relámpagos eran esa luz que buscaba con tanta desesperación. Mi linterna en medio de la tormenta. Cómo si la atmósfera intentara guiarme a mi lugar seguro.
Los arbustos me rasgaron el pijama, el lodo empapó mis pantunflas, la lluvia me quitaba visión. Fue cuestión de tiempo comenzar a caerme intentando huir.
Sé que debería sentirme agradecida con los Beast por haberme salvado de ser abusada y torturada para luego unirme a su grupo. Sé que me ayudaron pero...
¿No se supone que el arcoiris sale después de la tormenta? Porque en lo que a mí concierne... El cielo siguió nublado a pesar de que la lluvia se detuvo.
Luego, recuerdo despertar en un auto, en la parte trasera. Abrí los ojos y pide ver 2 figuras en los asientos delanteros que charlaban en murmuros. Un hombre y una mujer.
-Oh cariño, despertaste.- la mujer dice al notar que me muevo en el asiento. -Tranquila, te llevaremos a casa para que te seques.
-Quiero irme a mi casa... Con mis papás...- les dije suavemente. -Quiero ver que ellos están bien...
-Por ahora no es recomendable.- el señor habla, su voz era ruda y seca.
-¿Cómo te llamas, pequeñita?
Yo bajo la mirada, con mis dientes castañeando. La fiebre hacía que me sintiera helada y todo a mi alrededor parecía congelar cualquier rastro de mi sistema. Me quedo en silencio, viendo mis manos como si fueran lo más impresionante del mundo.
-Tranquila... Estarás bien.- con eso, la señora dió por terminada la conversación.
Mi corazón estaba al mil por hora del miedo. ¿Qué tal que me violaban? ¿O me desaparecía como a esas chicas que aparecían en las noticias que mamá no quería ver porque le daba mucho sentimiento?
Yo era muy joven para morir, aún ahora me considero muy joven para morir.
Y todo me puso aún más nerviosa porque vi la casa a la que se referían. Lo primero que pude pensar era que eran narcos. Narcos que secuestraban chicas y las utilizaban para trata de blancas.
Llámenme paranoica pero con lo que escuché de mis padres en esos momentos no daba más indicios que ese, gente mala que rodeaba el territorio de mi casa.
Bajamos y me cubrieron con un paraguas que no sirvió de nada porque yo ya estaba completamente empapada.
Entré con cuidado a la casa y me sentaron en un sofá. La señora Beast fue quien me puso la calefacción y miles de toallas para cubrirme e intentar secarme. Aún así, cada pregunta que hacía se quedaba sin contestar.
Yo estaba asustada, aterrorizada, sin una idea de dónde estaba, ni qué sucedió con mis padres y tampoco lo que sucedería conmigo.
Entonces lo conocí.
Fue la primera persona que logró sacarme más de 2 palabras desde el auto. Admito que no lo hizo con una actitud muy positiva pero, lo hizo.
¿Alguna vez han sentido que pertenecen a cierta persona? Ese tipo de conexión que te recorre cada célula y te hace dar cuenta de que es él o ella con quién debes estar.
Pues eso me pasó con él.
Fue como si mi cuerpo gritara "¡Es él!" Cuando sus ojos chocaron con los míos. El cielo y el infierno se fusionaron solo con una mirada.
El ángel y el diablo cayeron en un espiral de emociones que ninguno conocía. Y como podrán ver, no tuvo un final feliz.
Ahora estoy empacando mis cosas con lentitud. En el fondo, no quiero irme, no quiero que mi vida cambie pero sé que es lo correcto. Sé que no puedo estar con esta gente más tiempo.
-Por favor no te vayas.- escucho a Devil decir desde mi puerta. -Por favor, ninguno de los 3 lo resistirá.
-¿Porque siempre soy yo la que debe preocuparse por ustedes?- suelto una risa seca y me volteo a mirarla.
-Porque eres Donaire Warfire, porque tú te preocupas por los demás, porque nos amas y nosotros a ti.- solloza, acercándose a tomar mi mano.
Yo la alejo de un manotazo. -Lo supiste todo este tiempo...
-Donaire...
-Sabías que él era el causante de todos mis traumas y no me lo dijiste... Y te hacías llamar mi amiga, joder, mi hermana.- comienzo a reír con molestia, frotando mis manos en mi rostro.
-Claro que somos amigas...- susurra dolida. -Siempre hemos sido amigas. Desde que llegaste y-
-Desde que llegué a esta casa no he tenido más que dolor, baja autoestima y pesadillas.- interrumpo su excusa. -¡Desde que ustedes 5 aparecieron en mi vida cualquier rastro de paz se esfumó!- termino por explotar. Afuera de la casa se escucha un potente trueno seguido de un rayo que hace quebrar el cielo.
Ella se encoge en su sitio pero no me detengo, es como si mi cuerpo estuviera liberándose de una presión enorme que llevaba soportando milenios.
-¡Si ustedes no hubieran aparecido, yo sería una chica normal! ¡Iría a la escuela! ¡Tendría amigos! ¡Mis padres estarían con vida!- suelto un sollozo pero no de dolor. De rabia e impotencia. -Así que hazme un maldito favor, solo uno para compensar los miles que les he hecho a ti y los idiotas de tus hermanos: ¡Déjenme en paz!
Con eso termino y la saco de mi habitación, cerrandole la puerta a sus espaldas. Puedo escucharla llorar en el pasillo pero la ignoro con todo el dolor que me invade.
La decisión ya está tomada. Y el cielo acaba de soltar una horrible tormenta eléctrica apenas terminé mi última maleta.
Pero no llueve, porque no hay lágrimas en mi rostro, ya no. Solo rayos y truenos que definían bien mi sentir.
Caos en todo su esplendor.
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