La abuela solía decir que tu nombre dejará una huella en la historia de muchas personas, que te identifica y te da un sentido de identidad desde tu nacimiento hasta tu último aliento.
El mío es Donaire, Donaire Warfire, gracioso si buscamos el s...
¿Qué es lo más romántico que han hecho por ustedes?
Algunos dirán que les regalaron chocolates, tal vez flores, una serenata a la luz de la luna o una cena romántica con velas por doquier.
Donaire Warfire diría que asesiné a alguien en su nombre.
Sé que no es muy dulce y gentil, tal vez tampoco un ejemplo de amor puro, pero en mi familia el asesinar a alguien por amor es la muestra fidedigna de que el sentimiento es verdadero.
Todo sucedió cuando yo tenía 19 y ella 17 años, cuando descubrí que un chico de jardinería estaba obsesionado con ella.
Fue descubrir lo más enfermizo del mundo (y para que lo diga un mercenario, se imaginarán). El chico, llamado Kian, fue capaz de robarle ropa interior a Donaire, metiéndose en la noche a su habitación, solo para mirarla dormir.
Donaire tiene el sueño pesado cuando está demasiado cansada. En esa época, eso era básicamente diario. Le cortaba mechones de cabello, le tomaba fotos con una cámara de rollo que le robó a mi padre del estudio.
Cuando me enteré, fue como si la estuvieran asesinando en mi cara. Vi rojo, negro, todos los colores que significan peligro y muerte.
Porque yo podía estar enamorado y a un punto obsesionado con ella, pero nunca fui capaz de hacer una cosa tan enfermiza como acosarla o invadir su privacidad sin su consentimiento.
¿Cómo me enteré? Fue una coincidencia jodidamente milagrosa.
Lo vi en los jardines, cortando las rosas en la mañana, no eran más de las 7 am. Todo iba normal hasta que lo noté, una braga color celeste escapando de su bolsillo.
Mi madre no usa azules, los detesta porque "no combinan con su piel".
Mi hermana no usa bragas lisas desde que perdió la virginidad porque "nunca se sabe cuándo pasará de nuevo".
Las señoras que trabajan para nosotros tenían más de 40 años en ese entonces, además de varios kilos extras encima, por lo que una braga tan pequeña como esa era básicamente imposible para su uso.
Todo fue como unir puntos en una pizarra. Sus miradas hacia ella, sus coqueteos nada discretos, sus ojeras mañaneras. Comencé a vigilarlo con atención hasta que lo pillé.
Llámenme acosador o celoso obsesivo, pero ella era y hasta hoy es lo más valioso en mi mundo. No iba a dejar que la acosaran de esa manera ni ninguna otra.
Lo vi subiendo con la escalera que los pintores y limpiadores de las ventanas utilizan hacia la ventana de Donaire. Eran las 4 am en ese momento.
Fue como si mi humanidad se apagara y el interruptor que Donaire había apagado con su llegada volviera a encender.
Mi bestia interior pedía a gritos salir.
Y la dejé libre.
Poco recuerdo de lo que sucedió después. Recuerdo entrar como loco a la habitación, sentía mi rostro rojo de la ira y al verlo esculcar en los cajones que ahora sé son de su ropa interior, fue como avivar las llamas del infierno que llevaba dentro.
Lo alejé de golpe y le di un puñetazo. El escándalo levantó a la rubia pocos minutos después.
Ambos rodabamos, no recuerdo si recibí golpes pero si que él terminó muerto bajo mis manos. La sangre escapaba de su nariz, su boca.
Estoy seguro de que le rompí varias costillas y algunos huesos de la cara. También estoy seguro de que murió porque le rompí el cráneo puesto que dejó de moverse cuando tomé su cabeza y la azoté contra el piso en un golpe seco.
Me levanté y seguí aplastando su cabeza, no recuerdo qué decía, ni qué le gritaba pero no era agradable. Sus fluidos comenzaron a manchar mi ropa y eso me endureció mucho más.
Donaire lavaba la ropa con mucho esfuerzo y por culpa del muerto imbécil iba a tener que lavar con más ganas aún. Iba a cansarse más por su maldita culpa.
Los gritos de Donaire pidiéndome que me detuvieran despertaron a todos los miembros de la familia. Recuerdo sentir los brazos de mi hermano separandome del cadáver.
Recuerdo a mi madre buscando que reaccionara, a mi padre gritando por los que se encargaban de la limpieza para arreglar ese desastre que provoqué.
Recuerdo a mi hermana solo mirando todo en shock, casi soltando un jadeo en alto al ver toda la sangre en el piso mezclado con saliva, vómito y carne viva.
Pero lo que me hizo temblar y reaccionar fueron sus ojos.
Esos ojos azules color océano. Esos ojos que me miraban con vergüenza, con curiosidad, con cariño, con diversión, con amor...
Ahora solo me miraban con miedo.
Creo que ese fue el primer golpe de realidad que me llegó hasta el fondo de mi alma. El primer aviso, la primera vez que me vi a mi mismo, a mi trabajo y a mi modo de vida como algo negativo.
La había asustado. A ella. A la chica que me hacía sonreír día a día, que me aceptaba tal cuál era, que se sonrojaba en mi presencia.
A la chica que me tenía a sus pies, la había asustado de una forma inimaginable.
Esa noche ella durmió en el cuarto de visitas, aunque estoy seguro que no pudo hacerlo. Pocas horas después podía ver sus ojos inundados en cansancio mientras realizaba sus labores.
Pude escuchar sus arcadas en el cuarto de lavado al ver mis zapatos y ropa ensangrentada.
Pude escuchar como lloraba cuando entraba a su habitación durante toda la siguiente semana.
Pero lo que más me dolió, fue notar cómo sus ojos solo podían mirarme con miedo, nada de amor, nada de cariño, nada de diversión y nada de vergüenza. El miedo invadía su iris.
Cómo si yo fuera capaz de asesinarla de la misma manera, como si yo fuera capaz de siquiera tocarla sin su permiso. Me miraba por primera vez como lo que siempre he sido.
Una bestia monstruosa.
Tardé casi 3 meses en recuperar su confianza. Tardé casi 3 meses en recuperar sus sonrisas y sus roces de manos. Tardé casi 3 meses en recuperar nuestras desveladas inocentes.
Pero aún ahora, casi 3 años después...
No he podido olvidar el miedo en sus ojos.
Y ahora el dolor es más punzante, porque esa mirada volvió. Y esta vez, creo que para siempre.
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